El poder de la vulnerabilidad

Después de cuatro días practicando yoga a primera hora de la mañana, hoy, por fin, he vuelto a salir a correr. Los vientos huracanados han remitido y la lluvia ha dado una tregua, así que he aprovechado para reemprender las carreras.

¿Cuánto tiempo llevo ya corriendo? ¿Dos meses? ¿Tres?

¿Cuánto tiempo llevo ya despertándome cada mañana a la misma hora, fines de semana incluidos? ¿Dos meses? ¿Tres?

Lo cierto es que estas rutinas se van sintiendo ya asentadas. Se siente natural levantarse pronto por la mañana y hacer algo de ejercicio, sea el día que sea y el ejercicio que más convenga en ese momento.

Conviene también apreciar el trabajo que llevó construir esta rutina, así que bravo, Javier.

En una hora tengo la videoconferencia con un representante del INEM alemán. La verdad es que estoy algo nervioso.

Bien, ya es el día siguiente.

Me levanté pronto a pesar de ser sábado, una vez más. Practiqué yoga, que lo necesito ahora mismo mucho más que salir a correr. Medité 40 minutos. Ahora me toca sentarme a escribir, así que terminaré la columna que empecé ayer, si es que mis responsabilidades familiares me lo permiten.

Hablaba acerca de que estaba nervioso con motivo de la entrevista. Haciéndome algunas preguntas, me di cuenta de que me suelo poner nervioso cuando tengo que hacer alguna pantomima, cuando tengo que hacer alguna actuación. Cuando tengo que mostrarme de una manera diferente a la que soy. De modo que concluí que, simplemente, sería yo mismo.

Ser yo mismo incluía, en este caso, como en otras ocasiones, compartir que estoy recuperándome de un trauma y que estoy yendo a terapia, algo que suelo ocultar porque, seamos sinceros, todavía me hace sentir avergonzado. Lo primero es saber dónde estoy.

Así que hablé con el hombre. De entrada le dije que sí que quería encontrar un trabajo, pero que no tenía prisa. Pareció sorprendido por mi sinceridad. Después le dije que llevaba ya años yendo a terapia y que estaba todavía bastante pachucho, así que lo más importante para mí era terminar de recuperarme y que con gusto podía prescindir de la presión del INEM alemán de enviar dos currículums a la semana.

El hombre, que ya de por sí parecía bastante amable, redobló su amabilidad. Fue muy agradable y reconfortante. Al final acordamos en que me daría de baja del INEM alemán, a cuya alta no estaba obligado, y que proseguiría mi búsqueda de trabajo a mi propio ritmo y velocidad y bajo mis propias condiciones. La verdad es que fue todo rodado, y fue una de esas ocasiones en las que compartir mi vulnerabilidad se convierte en una herramienta fundamental para que las cosas fluyan con suavidad en la dirección que deseo. De ahí el título de la columna.

Este título corresponde también a una charla TED que me recomendó Gonzalo el otro día. Ya la conocía, de verla pasar entre las opciones, y la había encontrado interesante, aunque nunca la había visto. De hecho, todavía la tengo por ver. Pongo aquí el enlace para tenerlo a mano y por si os pudiera interesar:

(Brené Brown: El poder de la vulnerabilidad | TED Talk)

Después estuve discutiendo con Daniela y terminé llorando.

La verdad es que lloré bien a gusto, sintiendo profundamente. Me encanta cuando me descargo así. Después tengo acceso a un nuevo nivel de sensaciones.

A veces, después, me levanto y echo a andar, tal vez en dirección al baño o a mi habitación. En ocasiones, como ayer, al sentir mi cuerpo profundamente retorcido caminar, siento ganas de llorar de nuevo al percibir mi estado. ¿Cómo he podido vivir así 30 años, retorcido, de esta manera? Es un cruce entre surreal y demoledor. Devastador.

Por la tarde, afortunadamente, nos trajeron el sofá de Ikea que hemos comprado y estuvimos entretenidos. Caray, el sofá venía desmontado.

Pensé que lo traerían desmontado, pero venía mucho más desmontado que eso.

El caso es que pudimos montarlo con cierta soltura. Si montar un mueble de Ikea tiene lo suyo, montarlo con un bebé metiéndose en las cajas, queriendo girar los tornillos, llorando porque el aspirador que está arrastrando se ha atascado con la pata de la mesa… eso es otro nivel. Pero lo conseguimos.

Y bueno, ya está. No es la columna que quería escribir, ni mucho menos, pero es sábado por la mañana, todavía veo borroso a pesar de las gafas y, lo más importante, con diferencia, es que ya está escrita.

Ahora me queda publicarla, pero si estás leyendo esto es que lo he conseguido. Que tengas un buen fin de semana.

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