La columna de lujo

Daniela se ha ido al médico. Lucas y yo nos hemos quedado en casa de Rodríguez. Lo meto en la furla de portar (casi que me suena a insulto el nombre) y le doy un par de paseos. Nos enfrentamos a algunas horas de padre-hijo en solitario. Pero mira: hoy columna de lujo, con tranquilidad y buenos alimentos.

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Girando los hombros

Terminamos, por primera vez en tres meses, el curso de orientación laboral media hora antes de lo programado. Voy al cuarto de baño. Daniela está en la terraza con Lucas y habla por teléfono. Este febrero está teniendo días ciertamente benévolos. En cualquier caso, tengo unos veinte minutos para una rapidita. ¡Vamos allá!

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La columna relámpago

Salgo de la ducha. Daniela está en la terraza con Lucas colgando de esa toalla que sirve para llevarlo un rato largo sin dejarse los brazos en el intento. Aprovecho para meditar. Tras quince minutos, termino. Daniela sigue hablando al teléfono al sol del mediodía de finales de febrero. Me pregunto lo que durará y si me dará tiempo a completar una columna relámpago.

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Un momento robado al azar

Venimos de un largo paseo con el bebé. Por primera vez nos hemos aventurado más allá del cementerio del barrio, un extraño pero tranquilo lugar por el que pasear en calma durante estos coronatiempos. Daniela se acuesta. Lucas, todavía enfundado en su cápsula del carrito, duerme sobre el sofá. Tal vez me dé tiempo para una columna rapidita.

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