Pala, tierra, piedras.

Desde que nos instalaron el Internet, cada mañana, a las nueve en punto, el router deja de funcionar. Los aparatos no reciben IP. Hay que bajar al sótano y resetear el router. Cuando se vuelve a levantar, vuelve todo a funcionar. Se está convirtiendo en una interesante práctica diaria más.

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