Año nuevo, distro nueva.

En esta columna voy a continuar un relato que dejé a medias hace unos días, cuando quise instalar Gnome en Linux Mint y me llevé no una, sino varias sorpresas. Vamos allá.

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Probando Gnome

Como no me podía estar quieto, tenía también que probar Gnome, no fuera a ser que me estuviera perdiendo algo. Como no podía instalarlo a la primera y hacerlo sin sustos, al parecer seguí unas instrucciones “cojas” y me encontré, tras un reinicio, con que no arrancaba el servidor gráfico. Tras algunas investigaciones e instalaciones suplementarias posteriores, conseguí arrancar Gnome. Aquí mis primeras impresiones.

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