Unas cuantas páginas matutinas más

Dividir de mil en mil lo hace accesible, lo hace asequible. Me hace pensar que lo puedo hacer. Entonces sólo tengo que ponerme a ello.

Si hubiera dicho:

— Voy a escribir cinco mil palabras.

Seguramente hubiera sido demasiado para mí. Seguramente hubiera hecho otra cosa. No creo que hubiera rellenado mi currículum en la agencia de empleo estatal. ¿Cuándo cojones me enfrentaré a eso? ¿Tengo que hacerlo? Seguramente esperaré a que Daniela me lo recuerde y, todavía más allá, a que se enfade. Desgraciadamente, así funciono todavía.

Pero dividirlo en pequeñas partes lo hace más fácil. Lo hace realizable.

— Vale Javier, un poco más. Ya queda muy poco.

Llevo años engañándome en mi recuperación. Soy un maestro del engaño.

— Un poquito más ahora.

Me pongo la zanahoria delante y me hago andar millas. De otra manera sería imposible. ¿Quién quiere enfrentarse al dolor?

El dolor paraliza. El dolor detiene. Tiene sentido: si te duele, detente. No vayas hoy a cazar. Quédate en casa. Necesitas recuperarte. Sólo el hambre supera al dolor.

Pareja de ases.

Llevo seis años ya de recuperación. Los dos primeros años dolieron tanto que ni siquiera quiero hablar de ellos. El resto fue la hostia de angustioso. Fue despertar lentamente de una pesadilla que había durado décadas, cada día despertar un poco más. Despertar a una dolorosa realidad, buscando maneras de volver a dormir, una y otra vez, buscando maneras de volver a entumecerme. Es triste. Es muy triste. Es tan triste como decenas de días llenos de lágrimas. Es ese parte de la vida que nadie quiere vivir.

Lo llamé El Sentido de la Vida. Lo podía haber llamado de cualquier otra manera.

Venía de ver la película de los Monty Python del mismo nombre. Era una película absurda. Empezaba con unos peces en un acuario.

— Good morning! —decía uno.

— Morning!

— Morning!

Los peces, con sus caritas humanas, aparecían en la mañana del acuario saludándose los unos a los otros. Luego venían una serie de sketches absurdos e irreverentes. La misma película comenzaba deslabazada con un disparate previo, con una película breve que inducía confusión y que, diez minutos después de empezar, parecía que ya había terminado.

Pero, ¿qué es la vida? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Para qué cojones todo esto?

Yo me hacía esas preguntas. No sabía por qué. Yo era así.

Así que un día me abrí un blog y me puse a escribir. “Queda inaugurado este pantano”. “Hoy me compré un pisapapeles”. “Perros, ciclomotores y cintas de vídeo”. Después seguí escribiendo durante años, incluso cuando me mudé a Alemania en un intento desesperado de levantar el vuelo. Cuando vi mi futuro negro, tuve que aumentar la intensidad de mi vivir.

— Tal vez si cambio de país, si cambio de amigos, si aprendo un nuevo idioma —me decía.

Tal vez si lo cambio todo algo cambie en mí.

Habían sido casi veinte años más de descender lentamente a los infiernos. Mi vida se había ido transformando lentamente en una pesadilla en la que cada día era un mal sueño.

Yo hacía todo lo posible para enderezar el asunto. De verdad que le ponía ganas. Pero la confusión y la incomprensión y la angustia y el delirio crecían con cada mes. Cada vez tenía que esforzarme más para aparentar que todo estaba bien.

— España va bien —decía el presidente del gobierno.

— Javier va bien —decía yo.

Pero, si aquello era bien… ¿qué era mal?

En 2008, después de cuatro años de revolverme sobre mí mismo desesperadamente en Alemania, después de agotar mis fuerzas creando una fachada de toneladas que tenía que sostener cada día, regresé a España a casa de mis padres. Era verano y yo acababa de dejar mi trabajo y me enfrentaba a mí mismo. Me senté en la silla de mi antigua habitación y, mirando por la ventana, mis ojos se desenfocaron.

¿Cómo sería suicidarme? ¿Cómo sería quitarme la vida? ¿Por qué no acabar con todo aquello?

Era una medida compasiva, como el tiro que se le pega a ese animal malherido para terminar con su sufrimiento. Llevaba más de veinte años arrastrando el pellejo por la vida y no podía más. Los médicos y las pastillas no habían podido hacer nada y yo tampoco. Había agotado mis recursos y también mis fuerzas. ¿Qué tal acabar con todo aquello? Luego veremos cómo hacerlo específicamente pero… ¿qué tal si nos suicidamos?

Aquella era una salida atractiva. No tendría que vivir más. Eso sería un alivio.

Pero no, algo me impidió hacerlo. Algo me impulsó a hacer algo más.

Después de todo tenía a mi familia. Ellos podrían apoyarme y yo podría intentar algo más. Se lo debía. Y ahora tenía el dinero y el tiempo como para dedicarme a investigar acerca de lo que me ocurría y encontrar lo que me pasaba y ponerle fin. Estaba tan determinado que estaba dispuesto a dedicar el resto de mi vida a esta empresa si fuera necesario. Joder, nunca en mi vida había estado seguro de algo tan incierto.

Han pasado ya más de diez años de eso. Aprendí muchas cosas que me prepararon y me sirvieron para descubrir lo que me ocurría. Caminé solo por un desierto de purito dolor. Durante seis años ascendí por el pozo en el que un día caí y que estuve profundizando durante años sin darme cuenta. Empiezo a ver la luz del sol.

Me quedan algo menos de cien palabras por escribir. Llevo cuasi dos horas aquí sentado escribiendo el tirón. Se siente bien. Es una de esas cosas que se hacen solas, como hacer latir el corazón o respirar. Es raro.

A través de la ventana entreabierta oigo a los obreros dar martillazos. Tal vez ellos tendrían serias dificultades en escribir un párrafo. Para mí, eso funciona solo. Yo tendría serias dificultades para levantar una pared. Cada uno lo suyo, y esto es lo mío. Y tal vez sea escribir, o tal vez sea hablar, o tal vez sea esto o lo otro.

Pero ahora es esta historia y la historia debe continuar. Pero primero una pausa sana.

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#aprendizaje#dolor#monty python#páginas matutinas#recuperación

Respuestas

  1. Óscar - 18 de julio de 2020 @ 20:07

    Hola Javier!
    Me alegro mucho de que hayas vuelto con ESDLV.
    Has dicho algo con lo que me siento muy identificado: “Seguramente esperaré a que Daniela me lo recuerde y, todavía más allá, a que se enfade. Desgraciadamente, así funciono todavía.”
    Pero estoy trabajando en ello. Y lo superaré. Como tú también superarás toda esta situación que te ha tenido en el fondo del pozo durante tantos años.
    Un abrazo!

    • Javier - 19 de julio de 2020 @ 10:51

      Hola Óscar.
      Gracias, un placer leer tu comentario aquí. Gracias.
      Jejeje, al menos todavía alguien más además de ti me ha confesado que funciona del mismo modo 🙂
      Sigamos trabajando en ello y para eso es útil la pregunta: cuando hayamos superado esto… ¿Cómo lo sabremos?
      Muchas gracias y a por ello!
      Un abrazo!

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