Un año de Luqui

Me despierto algo antes de las siete. La alarma está puesta a las siete y media, pues la avancé ayer media hora para despertarme antes de que llegaran los trabajadores que venían a poner la escalera al desván. Me pongo las calzas, voy al baño y salgo a correr.

Hace un frío que pela. Para hoy dan una máxima de cero grados. Todavía es de noche. Corro a través del frío y de la oscuridad y regreso a casa.

Entro sigilosamente, casi como un ladrón. Que pueda escribir esta columna depende de lo silenciosamente que consiga entrar en casa. Me siento una vez más como Jason Bourne.

Siete y treinta y ocho: llevo ya cuatro párrafos y, de momento, todo suena bien.

A veces dudo acerca del título que poner. A veces no sé siquiera cómo titular la columna. Hoy lo tenía bien claro, pues ya llevamos un año de Luqui.

Caray, amanece en la pantalla del ordenador. Está chulo esto de los fondos de pantalla dinámicos.

Pues sí: el miércoles fue el cumpleaños de Luqui, el primero. Y vino con un gran regalo: según me contó Daniela, durmió sin mamar desde la una de la noche hasta las siete de la mañana. Por primera vez en un año, Daniela pudo dormir seis horas casi del tirón. Reflexionemos acerca de eso.

Reflexionemos acerca de lo que tiene que ser pasar un año entero durmiendo las horas de una en una, de dos en dos o de tres en tres. Reflexiona tú, que yo me mareo. Así lo puedo resumir.

De modo que, cuando Daniela se levantó por la mañana, su voz soñaba a pajaritos de la Disney en un día soleado. Yo, tras la crisis del fin de semana, había accedido a un nuevo nivel de bienestar. Fue un gran día.

Un año de Luqui. Madre mía.

A veces termina un año y decimos “¿Ya? Caray, ha pasado muy rápido”. Yo miro atrás al último año y, como mínimo, ha durado un año. Podría decir que ha durado dos o tres. Así de intenso ha sido.

A menudo, cuando hablo de Luqui aquí es para quejarme. Que si he dormido poco, que si llora mucho, que si hay que cambiar mucho pañal… ese tipo de cosas. Eso es porque, de alguna manera, tengo que quejarme. Tengo una gran cantidad de dolor dentro y tengo que encontrar maneras de expresarlo. Si me pasara el día diciendo “Ay, cómo me duele aquí, cómo me duele aquí, me siento tan retorcido” la gente terminaría diciendo: “Joder, ¡vete al médico!”. Pero yo no quiero ir a ningún médico; ya he ido a suficientes a lo largo de todo esto. Así que tengo que encontrar maneras encubiertas de expresar el dolor que siento. Otras personas optan por la política o por el fútbol; yo tiro por el tiempo y por mi hijo. Pero estoy hablando solamente del dolor que todavía siento en mi interior.

Al escribir esto, me doy cuenta que ahora que iba a escribir acerca de lo maravilloso que es tener a mi hijo, y básicamente estoy hablando de las maravillas en mi interior. Pero oye, voy a hacer el ejercicio igualmente.

Me está encantando. Me está encantando tener un hijo. Me siento la hostia de realizado.

No digo que este método valga para todos. Lo ignoro. Para mí fue muy doloroso darme cuenta de que llevaba una década deseando ferviente y secretamente tener un hijo. Fue doloroso aceptarlo. Fue doloroso darme cuenta de que envidiaba a mi padre más allá de lo que podía comprender por el sencillo hecho de que él tenía una familia y vivía una vida familiar y yo no, y lo deseaba más de lo que me podía permitir darme cuenta. Así que ahora, cuidando y criando a mi hijo, me siento sumamente satisfecho en esa profunda necesidad humana.

Y además es que es un bomboncito.

Cuando sonríe, y veo esa boquita con sus ocho dientes… Ay, madre mía. Me lo quiero comer, literalmente.

Cuando tengo un buen día y puedo estar una hora larga jugando con él, montando y destruyendo torres de piezas de madera, paseando el camión tirando del cordel por toda la casa, tirando del cordel del ciempiés de madera, jugando a fútbol sosteniéndole de las manitas mientras le da patadas al balón por el comedor, subiéndomelo a los hombros, tirándome en el suelo y dejando que trepe sobre mí, lanzándole al aire, jugando a encender y a apagar las luces, mirando los pájaros a través de la ventana… Son cosas tan sencillas y tan infinitamente satisfactorias que me resulta absurdo, pero me siento muy lleno disfrutando de jugar con mi hijo, y cada día que paso en su compañía es una bendición por la que me siento profundamente agradecido.

Anteayer cumplió el Luqui un año. Ha sido un año muy intenso. Se ha juntado para mí el final del uncrunching y todo lo que conlleva tener un hijo que, si lo hubiera sabido, seguramente no lo hubiera hecho. Pero bendita ignorancia.

Además de eso, han tenido lugar algunas cosas dignas de mención.

Adrián y Manuel se puesto de nuevo en contacto conmigo. El primero con una lista de observaciones acerca del manuscrito de “El Big Crunch” y Manuel con nuevos detalles acerca de nuestra posible colaboración para lograr hacerle avanzar notablemente en su nivel de alemán. Gracias a ambos.

Estoy encantado de poder hacer más cosas con vosotros además de lo que veníamos haciendo. Llevo casi veinte años escribiendo para vosotros y desde luego me pregunto “¿Quiénes son estos que llevan tanto tiempo leyendo lo que escribo?”. Así que tengo muchas ganas de conoceros. Y si además podemos construir proyectos win/win, pues genial. Pongámonos con ello.

Como decía al principio, ayer vinieron un par de hombres a montar la escalera que subirá al desván. La montaron en una mañana. Fue impresionante.

Así que ahora hay una prolongación de la escalera que sube al primer piso con un tramo que llega hasta lo que aquí llaman el Dachboden, el suelo del techo, el piso del techo. El desván. En un par de semanas vendrán a acondicionar el mismo: terminar de poner las paredes, poner el suelo, supongo que tirar electricidad y poner unos enchufes, poner un par de paredes y sus puertas correspondientes. En el rellano pondrán un pequeño cuarto de baño mínimo.

La idea es dividir el desván en dos partes, una más grande, para Daniela, y otra más pequeña para mí. Ahí me montaré mi oficina y Daniela quiere hacer una consulta para sus terapias sistémicas. Tengo muchas ganas de que el asunto esté terminado.

Y por último, decir que el domingo nos traen una sauna portátil que se quedará hasta el lunes y que forma parte de nuestros regalos de cumpleaños, que hemos combinado en uno.

Se trata de lo que aquí llaman una Faßsauna, una sauna en forma de tonel de madera de aproximadamente dos metros de diámetro y dos de largo. Se calienta por leña o electricidad y bueno… es una sauna.

El tema es que estamos considerando comprar una para un rincón del jardín y se nos ocurrió alquilar una para hacer una prueba. Así que el domingo la traen.

Echo mucho de menos la sauna. En 2018 fui todas las semanas a la una, incluso en verano, cuando hacía mucho calor fuera y estaba prácticamente solo. Me ayudó mucho en mi recuperación. Así, cuando empezó la pandemia y las cerraron, perdí uno de mi recursos de uncrunching. Una sauna en el jardín sería algo muy valioso para mí.

¿Con qué habéis estado vosotros?

Por cierto, vi el vídeo de agujeros de guión de Tenet. Pero eso lo dejo para la semana que viene. ¡Que tengáis un gran fin de semana!

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#cumpleaños#jugar#paternidad#sauna

Contribuciones:

  1. Manuel - 21 de enero de 2022 @ 09:31

    Felicidades Luqui!

    Me hubiera gustado ser padre, creo que hubiera sido un buen padre, con sus cosas buenas y sus cosas malas pero bueno. Eso intento hacer con mis todos mis sobrinos (mis hermanos y cuñados están intentando repoblar el planeta) ir al zoo, al cine, o simplemente montar una velada de Frozen en mi casa con karaoke y sacos de dormir en salón.

    No dudo que tu eres un gran padre, incluso cuando te has quejado de lo poco que dormía se podía leer entre líneas tu amor por el. Sigue así, se feliz, se felices.

  2. Ramón - 21 de enero de 2022 @ 13:43

    ¡Muchas felicidades!

    Es uno de los viajes más bonitos de la vida. Mi hija va a cumplir ahora 5 años y está siendo una experiencia brutal. También te aviso que la cosa se va a poner interesante en breve, las frustraciones por intentar expresarse y todavía no tener herramientas, el colegio, los amigos… Ya verás qué divertido!

  3. Nacho - 21 de enero de 2022 @ 18:46

    Felicidades Luqui, intuyo que te han tocado buenos padres.

    La experiencia es intensa y muy bonita, aunque tambien supone un enorme trabajo y dedicación.

    Nosotros tratamos de disfrutar cada día con nuestros 3 hijos. Afortunadamente el trabajo nos da cierta flexibilidad y hemos renunciado a casi todas nuestras aficiones. Aunque el lunes pienso: ¡¡bendito cole/guarde y cuánto merito tienen las profes!!

    Nacho

  4. PrometoRegistrarmeUnDia - 23 de enero de 2022 @ 16:11

    Muy bonito ese primer cumpleaños y gracias por compartir tus sentimientos. También al resto de comentadores.
    Por mi parte mencionar que cuando el mayor hizo 6 años fue un gran shock en plan de que rápido pasa el tiempo y un buen recordatorio de disfrutar el tiempo con ellos lo más posible.

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