La semana empieza fuerte

La semana empieza fuerte. ¿Por qué? Porque vengo de hacerme mi segundo coronatest. ¿Por qué? Vamos con los detalles. La semana ha empezado fuerte.

Hoy es lunes y, según el programa, hoy sale publicada la columna de “El resultado del coronatest“, lo cual es incluso hasta paradójico.

Me hice el test el martes pasado día 8 tal y como describí en la columna preceptiva. El jueves por la mañana tuve el resultado negativo, tal y como describí en la columna que ha salido hoy. Con el resultado negativo quedaba libre de la cuarentena, aunque se me recomendaba igualmente quedarme en casa y, si salía, llevar puesta una FFP2.

Entonces… ¿por qué otro test?

Desde el día siguiente de hacerme el test, empecé a notar unos extraños calores. Era una cosa muy rara: sentía mucho calor. Pero eso era todo; ni fiebre, ni diarreas, ni dolor de garganta o de pecho ni ningún otro de los síntomas que pude leer del coronavirus, que vaya si me ocupé de informarme adecuadamente. Así, un día tras otro, durante cinco días, tuve estos extraños calores, poniéndome el termómetro confuso varias veces al día con temperaturas la mar de normales y muy por debajo del umbral de la fiebre.

El sábado, después de cinco días de calores, mosqueado, empecé a investigar y encontré un teléfono “hotline” del coronavirus en Múnich y llamé. Tras esperar veinte minutos, conseguí hablar con un hombre al que le expliqué el asunto, quien me sugirió hacerme un segundo test. Así, busqué algún sitio donde hacerlo, y cuanto antes mejor porque llevo dos semanas deseando ver de nuevo a Daniela.

Conseguí una cita para el martes en la Theresenwiese, donde normalmente se monta el Oktoberfest y que este año tiene otro tipo de carpas: aquellas en las que se hacen los tests del coronavirus. A última hora de la noche del domingo me llamó Daniela para decirme que había visto que en el servicio de toma de citas online habían quedado varias citas libres a primera hora de la mañana, así que entré en Internet y cogí una. Esta mañana, a las nueve de la mañana, me subía al coche.

Había elegido hacerme el test en coche. Tienen montada una parte “drive-in” en plan McDonalds donde vas, pasas con el coche y te hacen un test con patatas fritas. Así, me subí al Modus, puse el móvil en el soporte y busqué la dirección.

De pronto, me di cuenta de que los resultados no cargaban.

¿Qué pasa?

Intento cargar elsentidodelavida.net en vano.

No carga nada.

Reviso un mensaje de mi operadora de telefonía. Me dicen que he superado el límite de consumo de datos y que, para impedir costes extra, me han bloqueado el acceso a Internet. Normalmente tengo más que suficiente, pero debí de consumir muchos más datos de lo habitual durante el viaje de ida y vuelta a España este verano.

Y de entre todos los momentos en los que eso podía pasar, tiene que pasar justo ahora.

Intento cargar la página web de mi operador de telefonía para hacer un pago y obtener más datos… Pero claro, es la pescadilla que se muerde la cola.

Mantén la calma, Javier.

Abro los mapas de Google e introduzco Theresienwiese. Por algún motivo, los mapas cargan y se muestra el recorrido. Tal vez está el mapa ya en memoria y puede tirar desde ahí. Respiro aliviado deseando que se mantenga en pie el asunto hasta que llegue.

Conduzco más o menos sin novedad hasta mi destino. Encuentro el lugar. Hay bastante movimiento. El guarda de seguridad me toma los datos y me envía al drive-in.

La cola de los coches se divide en dos y, las dos colas resultantes, desembocan en dos pequeñas carpas. Hace mucho calor. En el coche cerrado, a las diez de la mañana, con el sol cascando como no cascó en Julio, me estoy achicharrando. Abro ligeramente las ventanillas para que corra el aire. Avanzo.

Finalmente, después de media hora de espera, alcanzo la carpa. Comprueban los datos, que ya di al hacer el registro en línea, me dan unos papeles y me envían a una segunda carpa que queda fuera de mi vista pero que no tardo en encontrar.

Allí me esperan dos mujeres de unos 55 ó 60 años vestidas de astronauta que me hacen gestos enérgicos para que entre en su carpa. Me guían en el proceso a través de la estrecha entrada.

Me sorprende la energía que tienen. Bajo la ventanilla.

—Buenos días, ¡menuda energía tienen ustedes!

—¿Ha visto usted? —responde una—. Los papeles, por favor.

Pim pam pum y, cuando me doy cuenta, estoy con la boca abierta y la otra mujer me mete un largo bastoncillo en la misma.

Si me quejé del refrote en la primera prueba, en esta ocasión la cosa va mucho más lejos.

La mujer mete el bastón en mi garganta más allá de la campanilla. Una vez allí, le mete al bastón un remeneo que se lleva la campanilla por delante y me refrota casi con crueldad toda la zona. Empiezo a hacer ruidos extraños.

—Aaaaaarghghdl… —mascullo.

La mujer saca el bastón, me mira y dice con sorna:

—¿Cómo? No le he entendido.

—Aaaaaghrhgdl —repito.

Le digo:

—Eso lo ha disfrutado usted, ¿eh?

La mujer se vuelve y mete el bastón en un recipiente.

Tal vez me he pasado, pero me ha dado pie. No sé si le ha molestado. Un poco mal sí que me siento. En fin.

Meto primera y salgo de allí aliviado. En cuarenta y ocho horas podré acceder al resultado del test en línea.

No creo que fuera coronavirus. Yo creo que ha sido de los remeneos que les he dado a las últimas vértebras cervicales y primeras dorsales en los últimos días, con intensas sesiones de suelo. Pero vamos, por estar completamente seguro.

Por “curarme en salud”, que decimos en España.

Fuente: Mufid Majnun desde Unsplash
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#coronavirus#test#theresienwiese

Respuestas

  1. Dani - 16 de septiembre de 2020 @ 22:12

    Bien por esos dos negativos!!!

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