Historias electrizantes

Gracias a Dani por su comentario acerca de la moto y la batería. Algo así había temido yo: la moto tenía que haber arrancado incluso sin batería. De ahí que el comentario acerca de los fusibles de mi otro amigo Dani me dejara pensativo. Tal vez puse mal las pinzas o tal vez se trate de algún fusible. En cualquier caso, ya tengo faena.

Me inclino por la idea de que no pusiera bien las pinzas, pues las puse temeroso. Creo que es la primera vez que uso las pinzas en un proceso de este tipo. Tuve que documentarme, supongo que «videotarme» en este caso, para saber qué cable iba dónde y en qué orden. Pero aún así, tal vez no pincé los bordes correctamente o vete a saber qué. La verdad es que tenía mucho miedo de darme un buen calambrazo. Al preguntarme por qué, me voy a traumas eléctricos de la infancia, que si bien son desagradables, bien dan para escribir una columna para ESDLV. Para algo tenían que servir.

También es una oportunidad para superarlos.

Estos días está mi sobrino en casa. A sus siete años, hace las cosas propias de los niños de siete años: ir en pelotas todo el día, jugar, ver la tele y coger helados del congelador con los pies descalzos.

—Coqui, no abras la nevera descalzo.

1) Le llamamos Coqui.

2) Gracias por que sólo iba descalzo, en lugar de descalzo y húmedo.

—Es que quiero un helado de chocolate relleno de chocolate.

—Yo te lo cojo.

Así que, estos días, le estamos explicando eso de los rudimentos de la electricidad, lo que supone ir descalzo y lo que añade el ir mojado. Pero luego va su tío y, descalzo, y húmedo, calienta el arroz en el microondas y, al tocar el canto metálico del mismo yendo descalzo y húmedo, se lleva dos suculentos calambrazos que, por suerte, no pasan de meterme un leve meneo.

Pero claro; estas cosas, como cualquier otra en la vida, se aprenden viviendo.

—¿El Coqui todavía no se ha dado su primer calambrazo? —le pregunto a mi hermana.

Su respuesta es confusa.

Ah, el primer calambrazo. Esa debe de ser una de esas experiencias universales que a todos nos unen. Todo el mundo tiene su primer calambrazo.

Yo debía de tener la edad de Coqui y estábamos pasando el verano en casa de mis abuelos cerca de la playa. Quería ver la tele, seguramente El Coche Fantástico o Galáctica, pero el televisor estaba desenchufado.

El enchufe estaba en la parte trasera, rodeado de otros cables y ciertamente inaccesible, especialmente para mis cortos bracitos, así que fallé un par de veces en el proceso de introducir los palitos en los agujeritos. Para tener un mayor control durante la operación y enfocar los palitos más fácilmente hacia el interior de los pequeños orificios, se me ocurrió sostener los palitos con los dedos. Así sí que podía llevarlos fácilmente hasta entrar en aquellos pequeños agujeros.

Con esta ingeniosa estratagema lo logré: logré introducir los palitos y también darme mi primer calambrazo. Mientras notaba todos mis músculos congestionarse más allá de lo desagradable, tuve el honor de recibir mi primera descarga eléctrica.

A lo largo de los años tuve varios más de esos, pero ninguno como el primero. Sin embargo, ahí donde muchos de nosotros nos detenemos, yo fui todavía mucho más lejos en esto de sentir la electricidad recorriéndome el interior.

Debía de tener unos doce años y acababa de ver alguna película de indios o de espías. O tal vez simplemente me habían regalado aquellos prismáticos de plástico. Corría por el jardín parapetándome tras los arbustos y espiando a mi familia sigilosamente. En algún momento, se me ocurrió escalar en la diversión. Pero no sólo escalé en la diversión; también escalé sobre el garaje.

Por aquellos entonces teníamos un pequeño frontón y junto al mismo había adosado un garaje. El frontón tenía unos potentes focos, y la instalación eléctrica de los mismos reposaba sobre el techo del garaje. Para redondear la jugada, el techo del mismo estaba forrado con una plancha de un par de milímetros de una superficie metálica que debía de protegerlo de las inclemencias del tiempo. Con esto ya puedes hacerte una idea de por dónde va la cosa, por si el título de la columna no hubiera sido suficiente.

Yo había subido muchas veces antes al techo del garaje. Lo había hecho incluso trepando por las rejas de la ventana, asiéndome al borde del techo y alzándome a pulso hasta alcanzar la cima. Nunca había tenido ningún problema.

Debía de estar haciéndome mayor porque recurrí a una escalera.

Tomé la misma, la apoyé sobre el canto del techo del garaje y trepé los escalones. Llegando al nuevo suelo firme, di unos pasos sobre la metálica superficie y, con los prismáticos colgando del cuello y buscando ocultar mi presencia, me dejé caer de rodillas preparándome para espiar al vecindario desde las alturas.

Me dejé caer de rodillas y, con el mismo impulso y de manera suave, extendí las palmas de mis manos para recibir el peso de mi cuerpo sobre mis brazos. Cuando las palmas de mis manos entraron en contacto con la superficie metálica, se quedaron pegadas.

Es difícil describir lo que experimenté. Supongo que aquello eran 220 voltios, pero también supongo que debía de haber transformadores de por medio para suministrar a aquellos focos la potencia necesaria para alumbrar los partidos nocturnos. Además, una cosa es sujetar un enchufe por los palitos con los dedos y otra cosa es recibir una descarga eléctrica por las palmas de ambas manos.

Me quedé en shock, tanto psicológicamente como físicamente. Digamos que, cuando me dejé caer sobre el suelo del garaje, no esperaba aquello.

Me sacudí como un pelele mientras todos mis músculos se tensaban con todas sus fuerzas. Tuve suerte de no pillarme la lengua entre los dientes, porque igual ahora escribir sería mi principal recurso comunicativo.

Cuando por fin comprendí de algún modo lo que estaba sucediendo, tuve que reunir todas mis fuerzas para conseguir despegar mis manos de aquella superficie metálica. Lo logré.

En cuanto hube logrado separar mis manos del suelo, las llevé a mi pecho en un intento por volver a hacerlas mías, pero pronto me di cuenta de que no se trataba del fin de aquello sino de una breve pausa.

Con las manos junto al pecho, todavía en estado de shock físico y psicológico, tratando de hacerme una idea funcional de lo que estaba pasando, me di cuenta de algo aterrador.

Había quitado las manos del suelo y las había llevado hacia mí. Al hacerlo, había retirado mis puntos de apoyo, con lo cual mi cuerpo había quedado en equilibrio inestable y, aunque me había reclinado algo hacia atrás, todavía estaba lejos de poder mantener mi propio equilibrio sobre las rodillas. En cuanto me di cuenta, estaba basculando de nuevo hacia adelante, de nuevo hacia aquel infierno eléctrico. Pronto me di cuenta de que tenía, básicamente, dos opciones: aterrizar con la cara o volver a poner mis manos sobre el suelo.

Todo sucedió muy rápido, sin tiempo siquiera a pensar, de manera intuitiva. En cuanto pude reaccionar estaba de nuevo volviendo a poner las manos planas sobre la superficie electrificada y volviendo a llevarme una descarga que me sacudió de nuevo de arriba a abajo.

Afortunadamente, pude volver a despegarme, y cuando lo conseguí lo hice esta vez con el suficiente impulso como para mantenerme vertical sobre mis rodillas. A partir de ahí me quedó recuperarme de la confusión y preguntarme cómo descender del techo del garaje.

El suelo sobre el que me encontraba estaba forrado metálicamente hasta casi el borde. En el extremo, la escalera, metálica, estaba apoyada contra el ladrillo. En principio no había peligro directo, pero después de aquella experiencia yo temía que los electrones saltaran por el aire y electrocutaran la escalera. Estuve varios minutos vagando confuso por el techo del garaje, pensando en saltar desde el borde, hasta que reuní el suficiente valor como para por fin asir la escalera metálica y descender hasta suelo firme. Han pasado treinta años de aquello, pero el recuerdo de estas descargas sigue estando muy presente.

A Spiderman le picó una araña y, desde entonces, pudo subir por las paredes y desarrolló un sentido arácnido. Yo me llevé un par de descomunales descargas y desarrollé pánico a la electricidad.

Me pregunto qué más desarrollé que pudiera hoy resultarme de utilidad.

Mirando de entre las fotos de la biblioteca de medios, esta es la más apropiada para el tema de hoy. Otro día os muestro una foto de este mismo montaje de día,
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#electricidad#historia#infancia#shock#trauma

Respuestas

  1. Ed - 25 de agosto de 2020 @ 14:55

    Reconozco que me he reído un poco con la escena del equilibrio inestable sobre tus rodillas y el inevitable 2º calambrazo.
    Tranquilo que el karma ya se ha vengado.
    Mi primer calambrazo también fue al sujetar con los dedos lo “palitos” metálicos del enchufe de las luces del arbol de navidad, tratando de ver si los Reyes Magos habían dejado los regalos sin dar la luz del salón para que mis padres no se despertasen. Sabía que estaba haciendo algo malo y no chillé para no despertar a mis padres.
    Mi otro hermano aprendió los peligros de la electricidad al meter un lapicero en el enchufe (la mina debía ser de grafito superconductor) , todos lo que tratabamos de despegarlo recibíamos un calambrazo, tirar de el con el palo metálico de la fregona tampoco fue buena idea. Se puso morado, pero sigue siendo un trasto.

    Tu sobrino no debería sufrilo, ahora las casas modernas tienen toma de tierra y diferenciales que protegen de las derivaciones.
    En casa de tus padres deberíais revisar la instalación y conectar el microondas a un enchufe con toma de tierra.

    P.D. La batería de la moto a 12v es segura. No hay suficiente voltaje para que te electrocutes.

    • Javier - 26 de agosto de 2020 @ 19:08

      Sí, el grafito, que yo sepa, es un super-conductor. Mi tío le repetía a mi sobrino el otro día que, si algún día se electrocutaba, lo que tenía que hacer era saltar. Me pregunto si a tu hermano le hubiera funcionado.

      HDYS (Hasta Donde Yo Sé –de los foros de es.comp.os.linux–) lo importante es la intensidad. La intensidad depende de la resistencia. Así, los doce voltios seco y con zapatillas son poca cosa, pero los doce voltios húmedo y descalzo, pues eso debe de ser divertido.

      Si recuerdo bien, la resistencia del cuerpo humano es de unos 10.000 Ohmnios. Intensidades del orden de los 50 mA pueden ser letales. Pero vamos, seguro que Dani nos puede dar más detalles.

      • Ed - 26 de agosto de 2020 @ 20:35

        Probaré lo de saltar en el próximo calambrazo. Todos los años me llevo algún calambrazo haciendo DIY (Do It Yourself). No se me había ocurrido, aunque creo mi cerebro reptiliano será mas rápido y tratará de huir del peligro retirando la mano.
        Lo de saltar no creo que le hubiese funcionado a mi hermano, se quedó pegado literalmente (y rígido, creo que la electricidad alterna contrae los músculos y te impide soltarte), si no le separan con un palo de madera aun estaría ahí chamuscado.

        20 mAh a 220v alternos durante 2 segundos pueden pararte el corazón. Poca broma.
        De ahí la importancia de una buena instalación electrica con tomas de tierra y diferenciales. Ten en cuenta que al otro lado del enchufe hay centrales nucleares que ni se van a inmutar si te quedas pegado.

        Como ingeniero sabes que V=I*R , Despejando I=V/R . A igualdad de Resistencia humana, Reducir de de 220v a 12v reduce la Intensidad 20 veces de la corriente que atraviesa tu cuerpo. Por eso todos los aparatos de casa llevan un transformador.

        Los 12v en corriente continua de la moto son seguros. Como bien dices, Estando seco y con zapatillas de goma no hay riesgos.
        Pero no minusvaloremos a una simple batería de plomo de 12v, que en el arranque de un motor (resistencia baja) puede llegar a dar picos de 400 Amperios!!!

        • Javier - 27 de agosto de 2020 @ 12:09

          Buf, a mí las asignaturas de electricidad de la carrera me hicieron bola, pero me parece que hay algunas imprecisiones en tu comentario:

          -La intensidad se mide en Amperios, no en Amperios/hora. Eso es potencia.

          -Los aparatos domésticos usan corriente continua.

          -Los picos de intensidad en arranque de motores eléctricos, si recuerdo bien, tienen lugar con corriente alterna.

          A ver si Dani nos arroja un poco de luz (jejeje) que, como digo, voy muy pez y me gustaría enterarme.

          Yo también creo que cerebro reptiliano intenta soltar primero la mano. Supongo que lo de saltar viene más tarde, cuando te das cuenta de que no puedes soltarla. Pero vamos, tampoco sé cuánto raciocinio queda durante una buena descarga eléctrica.

          • Ed - 27 de agosto de 2020 @ 19:01

            Tienes razón. La intensidad instantánea se mide en Amperios.
            Errata mía al escribir mAh (miliamperios/hora) que en realizad es una unidad para medir la capacidad de las baterías (máximos amperios puede dar una pila durante 1 hora).
            (Si somos puristas, en realidad, la medida de la capacidad son los Julios, pero como el voltaje en una batería y circuitos es constante, extraoficialmente se habla de Ah)

            A mi también se me hacían bola las asignaturas de electrónica, sobre todo las de alterna/trifásica (tuve que pasar por ellas si quería especializarme en Robótica). Nada de lo que aprendí en la carrera lo he aplicado en la vida real. Todo lo que se, lo he aprendido vía hobby.

            Impresiones en tu comentario 😉

            – Creo que la potencia de mide en W (Vatios). Como P=V*I en realidad serían VoltiAmperios , pero esto se usa mas en alterna para medir la “potencia aparente” . Aquí ya entraríamos en el espeso mundo de la corriente alterna y mi cerebro desconecta: potencia reactiva, factor de potencia, las “kabeas” (esa palabra siempre me hizo gracia).

            – Creo que el motor de la arranque de la moto es de corriente continua (no de alterna) porque no recuerdo que se me haya averiado el “inversor” en ninguno de mis vehículos 😉
            Tendrá que “iluminarnos” tu amigo Dani.
            Como el mundo avanza una barbaridad y yo estoy obsoleto, quizás ahora se usen motores de arranque de alterna. Los motores de vehículos de radiocontrol hace años que llevan motores brushless trifásicos (gracias a los avances en los “variadores electrónicos”).

            – Los aparatos domésticos suelen usar transformadores, no solo para bajar la tensión, sino por seguridad para que haya un desacoplamiento físico de la red de distribución y limitar el calambrazo.
            Pasar de alterna a continua es supersencillo (con un “puente de 4 diodos” y un condensador). Seguro que algo recuerdas de la carrera 😉
            Todo eso que aprendimos ya no vale de nada, porque ahora los transformadores son electrónicos/conmutados.
            Salvo resistencias y motorcillos, el paso a corriente continua es imprescindible para que funcione cualquier aparato “electrónico” (no confundir con “electrico”).

            Nota: El arranque de cualquier motor en parado se modela teóricamente como un “cortocircuito”, Un simple pila AA es capaz de generar momentáneamente varios Amperios de pico (me apasiona el mundillo de las baterías).

            Espero que Julia no lea esto y nos eche la bronca con hablar de cosas frikis

            • Javier - 28 de agosto de 2020 @ 11:21

              Buf, lo que más claro me ha quedado de todo esto es mi enorme ignorancia del campo. Entre que lo estudié hace veinte años y que ya entonces se me hacía bola, mejor lo dejo aquí.

              Gracias por el comentario.

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