Hipnosis y meditación (IV/IV)

Tanto en meditación como en hipnosis, estamos hablando de estados alterados. Estados alterados de consciencia. Eso presupone un estado “normal” de conciencia.

Cuando meditamos, estamos pues alterando nuestro estado de conciencia. Estamos haciendo con nuestra conciencia algo diferente a lo habitual y esto nos conduce a un estado diferente del habitual. La meditación es entonces un estado alterado y la hipnosis es una estupenda herramienta para producir, sistemática y exitosamente, estados de conciencia alterados. Se puede pues utilizar la hipnosis para inducir estados meditativos. Yo lo hacía constantemente. Ahora, es cierto que tengo la hipnosis y la meditación mezcladas. Sé mucho más de hipnosis que de meditación, aunque me parece más un asunto de nomenclatura que de otra cosa.

Durante cosa de un año estuve guiando meditaciones en un lugar llamado “El hogar saludable” en La Cañada, cerca de Valencia. Nos reuníamos allí cada quince días y pasábamos una hora meditando. Para mí era una oportunidad de desarrollar mis habilidades hipnóticas. Si era una meditación al uso o no, eso me daba igual.

No me interesa enredarme en los detalles; me interesa conseguir lo que quiero.

Para mí era una forma de ganar algo de dinero, de meditar, de salir de casa y de poder disfrutar del espectáculo de un montón de personas sentadas en silencio, respirando relajadamente y en calma. A mí me aterrorizaban los seres humanos, y presenciarlos de aquella manera me resultaba muy tranquilizador y cambiaba enormemente mi percepción de los mismos.

La manera en que lo hago es la siguiente: acompasamiento y dirección. Comienzo acompasando la experiencia de la otra persona y luego le sugiero que se relaje. Después, en la relajación y en la confianza, se puede hacer prácticamente cualquier cosa con un poco de paciencia y habilidad.

Yo me sentaba allí y preguntaba si alguien quería compartir alguna dificultad que estuviera teniendo en su vida. Alguien compartía algo y, cuando yo tenía suficiente información, empezábamos a meditar. Cuando estábamos lo suficientemente profundo, sugería alternativas y daba opciones, además de reconfortar cariñosamente. Lo puedes resumir en: déjame tu cerebro un momento y te mostraré algunas cosas increíbles que puedes hacer con él.

A veces nadie compartía nada, y entonces los llevaba profundamente en la relajación y les dejaba allí sentados tranquilamente gozándola, experimentando lo que probablemente era el único momento de descanso de sí mismos que habían disfrutado en las últimas dos semanas. Cuando acabábamos, aquellas personas eran otras. Después les pedía feedback de la experiencia.

Un día vino una mujer nueva. En la ronda de feedback me dijo:

—Lo que haces no es meditación; es una inducción a la relajación.

Era cierto, y así se lo dije: era una descripción sumamente acertada y precisa de lo que hacía.

Meditación e hipnosis

Para ir cerrando este enorme círculo de cuatro entradas, vamos a ir finalmente a las diferencias y similitudes entre meditación e hipnosis según San Javier.

He contado esta historia para que sepáis de dónde vengo, cómo llegué a la meditación, cómo la practiqué, cómo llegué a la hipnosis y cómo aprendí a aprovecharla para lograr estados meditativos más profundos más rápidamente.

¿Para qué hipnosis para meditar en lugar de pura meditación?

Meditar, tal y como yo lo concibo, consiste en sentarse y pasar tiempo con uno mismo. Evidentemente, hay mucho más que sucede a partir de esa experiencia y se puede hablar mucho acerca de ello, pero la esencia de la meditación consiste en estar con uno mismo. Podemos añadir que el propósito último de la experiencia es el auto-conocimiento.

En ocasiones estamos tan involucrados en la vida que nos olvidamos de nosotros mismos. En el extremo de esto, olvidamos incluso que nos necesitamos para vivir. ¿Quién lo iba a pensar?

Hay muchos tipos de meditación diferentes. He leído acerca de ellos. No los he explorado. Para mí meditar es sentarme conmigo mismo. A partir de ahí viene el darse cuenta de muchas cosas.

Viene el darse cuenta de lo que ocurre, de la mente, de las imágenes, de los sonidos, del estado de la mente, de la relación entre el cuerpo y la mente, del estado interno, de lo fácil y automático que es ponerse a pensar en otras cosas, ir a otros lugares, hacer otras cosas dentro de nosotros. Darse cuenta de que todas estas cosas son ilusiones, y volver una y otra vez a ese aburrido aquí y ahora de la meditación en el que nunca pasa nada y eso es, precisamente, lo más valioso.

Ese darse cuenta de que, la manera más consistente de permanecer en el aquí y en el ahora, de disolver la mente, una y otra vez, consiste en poner y mantener la atención en el movimiento de la respiración. Ese darse cuenta de que todas las funciones corporales dependen del ritmo respiratorio. Ese darse cuenta de que, en el aquí y en el ahora, hay calma y tranquilidad…

Es un proceso interminable y de ahí que se hable de la práctica de la meditación, puesto que lo que hacemos al sentarnos y meditar es practicar.

Y es como cualquier otra cosa en la vida: cuanto más lo hacemos, mejor lo hacemos.

Ahora, la meditación, como lo he descrito aquí, y especialmente las primeras veces, puede ser una experiencia sencillamente horrible. Puede ser una experiencia terrorífica. Puede ser una experiencia que resulte en un shock. Eso hace que quedemos traumatizados. En cualquier caso, en la mayoría de las ocasiones, y para las personas que se interesan en meditar, iniciarse en la práctica diaria resulta extremadamente difícil y desagradable.

Pienso que la mayor parte de las personas que se interesan en la meditación están malheridas. Cuando estamos malheridos nos sentimos permanentemente atacados y por tanto respondemos ferozmente. Respondemos ferozmente para defendernos, no solamente de otros, sino también de nosotros mismos.

Pasar tiempo con uno mismo, aprender a meditar, consiste en conocer al león, a ese león herido que se siente amenazado y que responde a los estímulos externos e incluso internos con la furia con la que se defiende la propia vida. ¿Quién va a entrar, gustosamente, cada mañana, en la jaula del león?

Yo no. Que lo conozca su tía.

Ahora, con hipnosis, con acompasamiento y relajación, con empatía, ternura y comprensión, con calma y tranquilidad, se puede incluso llegar a conseguir que el león cierre los ojos y empiece a ronronear. Así se puede entrar en la jaula, así se puede entender al león, así se puede, en el extremo, acariciar al león. Así se tienen ganas de volver, cada día a la jaula del león y aprender a desarrollar una relación útil, positiva y beneficiosa, tanto para el domador como para el león. Así se puede desarrollar, mucho más fácilmente, una relación amorosa, que es, al fin y al cabo, de lo que va todo esto.

Esta posibilidad no es una característica inherente a la hipnosis, pues la hipnosis es solamente una herramienta. Hay que aprender a manejar esa herramienta y, para ello, hay que practicar.

Así, en aquel lugar en el que nos reuníamos cada quince días, aquellas personas, que en su mayoría se sentaban por primera vez consigo mismas, tenían una oportunidad para, en un entorno de calma y tranquilidad, en un estado de relajación, acercarse a sí mismas y aprender consigo mismas, aprendiendo a conocerse y a apreciarse, aprendiendo a respetarse, a valorarse y a amarse. Si hubiéramos hecho una meditación al uso el primer día, tal vez no hubieran regresado. Haciendo una inducción hipnótica para conducirles al mismo estado ahorrándoles el sufrimiento del camino, tenían una oportunidad para disfrutarse a sí mismas durante el tiempo que estaban allí.

Ese es, para mí, el valor de usar la hipnosis para lograr profundos estados meditativos.

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#amor#auto-conocimiento#hipnosis#meditación#relajación

Respuestas

  1. Ed - 31 de julio de 2020 @ 12:26

    Totalmente de acuerdo. Muy bien explicada la diferencia.

    Yo empecé con meditación vipassana tradicional y jamas lo conseguí, pero la hipnosis fue el atajo para llegar a la meditación de una forma sencilla.

    El proceso de meditar es como ir a coger setas o los libros del Ojo Mágico (autoestereogramas), en los que imagenes 2D se convierten en 3D si haces bien la técnica. Al principio es muy frustrante, pero una vez que ves la primera, ya las ves todas

    • Javier - 1 de agosto de 2020 @ 09:48

      ¿Tal vez como las ruedecitas de bici?

      Y bueno, como cualquier otra cosa, cuanto más practicamos mejor lo hacemos. ¿Cómo de bien condujimos la primera vez que nos pusimos al volante?

      Gracias Ed 🙂

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