Hipnosis y meditación (III/IV)

Dolor, pura y llanamente. Dolor. Una sensación específicamente diseñada para ser lo más horrible, abrumadora e insoportable que se puede sentir.

Cada día sentía más y más dolor. En algún momento, no recuerdo cómo, empecé a fumar marihuana.

En algún momento me di cuenta de que, si preparaba un cigarrillo con algo de marihuana y me lo fumaba, el dolor disminuía hasta hacerse llevadero. Esto duraba aproximadamente una hora. Durante esa hora, yo podía respirar. Podía hacer una pausa en aquel horror. Podía tomarme un descanso.

Empecé a aprovechar aquellos “descansos” para meditar. Practicaba todo tipo de meditaciones: sentado en una silla, sentado en el suelo, de pie, de pie frente al espejo. Frente al espejo podía verme detenidamente con curiosidad, podía inspeccionarme como si fuera un ser interesante, fascinante, una obra maravillosa del Universo en lugar de un tipo malencarado con la nariz grande y los dientes torcidos. Podía estar quince minutos o media hora inspeccionándome con curiosidad, apreciándome de una manera que jamás había soñado antes.

Aprovechando aquellos oasis en el dolor, empecé a hacer yoga.

Compré una esterilla. Compré un libro de yoga y, con los recuerdos de diez sesiones de un curso que había hecho en Alemania, poco a poco fui armando una sesión específica para mí que me permitiera maximizar mis avances en el proceso de recuperación. Lo que sentí la primera vez que extendí la esterilla y me tumbé sobre el suelo y sentí mi cuerpo retorcido como un tronco viejo contra la brutal sinceridad del suelo, eso todavía lo recuerdo con horror y profunda compasión.

Aproveché aquellos descansos de dolor para pasar el día meditando. Practicaba dos sesiones de yoga diarias, una por la mañana y otra por la tarde. Lo seguí haciendo durante meses hasta que, finalmente, me di cuenta de que carecía de sentido apresurarme tanto en recuperarme: me estaba enfrentando a años de dolor y horror. Más me valía tomármelo con calma.

Hipnosis para la meditación

Este horror en particular duró un par de años. Imagina lo que fue pasar el primer año desenterrando cada vez más dolor, despertando por las mañanas a un dolor abominable y perdiendo el conocimiento por las noches desde ese mismo dolor para entrar en noches eternas llenas de pesadillas.

Esa es mi versión del infierno.

Imagina mirar hacia atrás y solamente ver dolor y mirar hacia adelante y ver todavía un desierto de dolor por recorrer. Un infierno de dolor del que, hiciera lo que hiciera no podía escapar. Podía salir un rato y tomar un respiro, gracias a Dios, para regresar una y otra vez a aquella prisión de dolor que eran mis huesos retorcidos.

Después de dos años de fumar marihuana a cada hora del día, aprovechando esos oasis en el dolor para meditar, practicar yoga y hacerme todas las técnicas de PNL que conocía una y otra vez, el dolor alcanzó su apogeo. No era que se hubiera terminado, ni mucho menos; pero llevaba dos años desenterrando dolor y había terminado: aquel era todo el dolor que había. Todavía tendría que procesarlo y digerirlo, pero aquello era todo. Ya no iba a más.

Por entonces yo estaba aprendiendo hipnosis, en particular hipnosis ericksoniana. Había terminado los tres cursos de PNL y empezaba lo que llamaban el Master de Hipnosis Ericksoniana. Este era un tipo de hipnosis muy particular desarrollada por Milton Erickson, un terapeuta estadounidense que vivió el siglo pasado. Yo había añadido lo que aprendía a mis prácticas rutinarias diarias y estaba obteniendo muy buenos resultados, consiguiendo guiarme rápidamente a estados meditativos muy profundos.

Dos cosas me animaron por entonces a dejar la marihuana:

1) Por un lado, la amenaza de, de seguir así, empezar a perder dientes. Escupir sangre al cepillarme los dientes se había convertido en normal. El primer año había fumado unos siete u ocho porros diarios para soportar el dolor, sin filtro. El segundo año, con el doble de dolor, había terminado fumando el doble. Eso me permitía soportar el día y trabajar en mi recuperación, pero tenía un coste importante en salud, especialmente para mis pulmones y mi boca.

2) Por el otro lado, el estar adquiriendo una nueva herramienta con la que trabajar en mi recuperación me animó a dar el paso.

Así, en aquel pico de dolor, habiendo terminado de desenterrar todo aquel dolor, con toda aquella cantidad de dolor que sentir pero animado porque eso era por fin todo después de dos años de aumentar día a día, semana a semana, mes a mes… dejé de fumar marihuana.

Fue fácil. Lo dejé de un día para otro. Apenas lo eché de menos. Dejar de fumar tabaco, por contra, me llevó todavía un par de meses y algunos fracasos. Lo dejé haciéndome una sesión de auto-hipnosis con una técnica específica que le vi hacer en un vídeo a Richard Bandler, uno de los dos creadores de la PNL. Han pasado ya cuatro o cinco años y me alegro de poder decir con satisfacción que puse el tabaco detrás de mí para siempre.

Así que dejé la marihuana y me quedé a solas con una cantidad de dolor inhumana, de modo que me encontré obligado a desarrollar nuevas maneras de gestionarme todo aquello, y rápido. La hipnosis vino a sustituir a la marihuana. Empecé a investigar maneras de reducir el dolor con hipnosis.

He leído los resultados de algún estudio acerca de la meditación y de cómo, entre otras muchas cosas beneficiosas, reduce el dolor. No me sorprende en absoluto.

En un estado convenientemente alterado, el dolor se convierte en una sensación, una sensación se convierte en una percepción y una percepción se convierte en información.

La información puede ser interesante.

4

#dolor#hipnosis#hipnosis ericksoniana#marihuana#meditación#PNL#trance

Respuestas

  1. Elena - 1 de agosto de 2020 @ 23:15

    Muy interesante , con el dolor psicológico tambien funciona?

    • Javier - 2 de agosto de 2020 @ 10:39

      Yo diría que funciona todavía mejor, y especialmente para ti. Me pregunto si puedes notar cómo se reduce el dolor ahora o si va a tardar todavía un momento en funcionar… 😉

      • Elena - 2 de agosto de 2020 @ 11:54

        Pensaba que el sufrimiento mental era mas persistente. Me gusta como lo explicas, mi fallo es la falta de perserverancia porque me resulta muy aburrido. Me he vuelto a animar a meditar otra vez después de leer tus artículos. Sigue con la serie jeje

        • Javier - 2 de agosto de 2020 @ 12:27

          Me alegro de saber que has cambiado tu pensamiento acerca del sufrimiento mental. De todas maneras, el sufrimiento y el dolor son cosas diferentes. El segundo es una percepción mientras que el primero es una construcción mental, de ahí que sea más fácil de manejar.
          ¿Aburrido meditar? ¡Con la cantidad de cosas interesantes que ocurren!
          Me alegro de haberte animado a meditar. ¿Cómo te encantaría que siguiera con la serie? ¿Qué te puede resultar útil?
          Estoy a vuestro servicio 🙂

  2. Elena - 2 de agosto de 2020 @ 16:10

    Si, me resulta aburrido, será que no le doy el enfoque correcto o que mi mente no está acostumbrada a estar más o menos quieta.
    Pues estaría bien que explicaras más profundamente la técnica que utilizas y cuáles son tus objetivos cuando te sientas a meditar! Feliz vuelta !

    • Javier - 3 de agosto de 2020 @ 12:55

      Fenomenal. Gracias por la info, Elena. He escrito dos artículos respondiéndote a estas cuestiones. Tardarán unos días en salir, pues ahora debe de haber una semana de buffer.

      Gracias!

Deja una respuesta

Tu direción de email permanecerá oculta.
Los campos requeridos tienen un asterisco (*).