Ensalada de temas

Comienza la semana para mí, martes para vosotros. Espero que os haya gustado la columna del lunes y hayáis podido obtener algo de utilidad de los programas que compartí, o que tal vez se cree algún tipo de diálogo acerca de pequeños programas de utilidad y nos podamos beneficiar del mismo. Principio martesero de semana. Adelante.

En esta ocasión traigo una mezcla de asuntos que me han ido surgiendo esta mañana mientras me revolvía en la cama escribiendo esta columna dentro de mí, seguramente abstrayéndome inconscientemente de una nueva parte de mí, duramente maltratada, y que por fin me ha sido devuelta. Me pregunto cómo me explico. Vamos por partes y que vayan saliendo las cosas, más o menos ordenadamente.

Liberación del núcleo del Big Crunch

Está teniendo lugar. Por fin.

Llevo seis años y medio trabajando en esto; desde hace dos soñando con este momento: por fin se está liberando el núcleo del Big Crunch.

El núcleo del Big Crunch es un amasijo petrificado de vértebras y pequeños músculos que inervan esas vértebras y seguramente también material cartilaginoso que ha permanecido bloqueado durante los últimos treinta años en la zona de la columna vertebral de la parte alta del pecho, por donde me doblé entonces. Bloqueado, endurecido, entumecido y aislado. Este fin de semana, en un par de momentos y con un par de respetables crujidos, ese bloque endurecido se ha partido en partes más pequeñas y ha liberado una gran cantidad de mí.

A un nivel interno y psicológico, conozco ya la experiencia, sólo que esta vez es muy intensa.

Tengo la teoría de que estamos hechos de muchas partes que nos han sido dadas y que, cuando dañamos estas partes, se nos retira el permiso de usarlas. Puedo pensar en esto de varias maneras diferentes y seguramente cada una tiene su utilidad, pero en esta ocasión prefiero esta.

Esta parte de mí en particular es grande y central, así que es una parte importante. Y es como si una tercera parte mediadora entre esa parte de mí y yo hubiera dicho:

“Bien, Javier; hemos estimado que estás listo para volver a hacerte cargo de esta parte de ti. Hemos estado hablando con esta parte de ti y está dispuesta a darte una oportunidad de reintegrarla dentro de ti”.

Así que estoy volviendo a adoptar esta parte de mí que, por cierto, está “calentita” conmigo. Le hice mucho daño y todavía se duele. Está en un estado de gran inquietud y desasosiego, por ponerlo suavemente. Mi tarea ahora es darle la bienvenida, consolarla, arrullarla y demostrarle que voy a cuidar de ella. Gracias por esta segunda oportunidad.

Y no es fácil. Esta mañana me ha despertado sumamente intranquila. La meditación de hoy ha sido como una doma de esta parte de mí, percibiéndola inquieta en mi interior y dejándola saltar cual potro desbocado en todas direcciones, temiendo por su vida, dándole un espacio y un tiempo en el que darse cuenta de que aquello ya pasó, de que ahora las cosas han cambiado y estamos a salvo. Es ese Walt Disney que se ha despertado de su sueño criogenizado y se está poniendo al día y descubriendo que puede sanar de lo que una vez creyó que le iba a matar. Metáfora extraña pero funcional.

Lo que he trabajado para llegar hasta aquí.

Estaría más contento, pero no es momento para euforias. Es momento para seguir trabajando concentrado.

Compra online de cachivaches

Ayer nos dio un arrebato de compras online.

Rara vez compro online, y eso que tengo el perfil perfecto del comprador online. Creo que lo más que he comprado online han sido libros.

Esta mañana tenía previsto conducir hasta el Saturn más cercano, algo así como el hermano gemelo de MediaMarkt aquí, para comprar la impresora, un aspirador y un calefactor eléctrico.

La impresora porque por fin nos hemos decidido: la Brother láser, wifi y con impresión a doble cara. Pondría el enlace pero me siento perezoso.

El aspirador porque el nuestro ha cascado este fin de semana, con un intenso olor a churrasco y gruesas chispas saliendo por la rejilla posterior. Uno de esos sin bolsa, que menudo descubrimiento.

El calefactor eléctrico porque dice Daniela que lo vamos a necesitar para calentar al bebesito cuando le cambiemos los pañales en el baño. Lo que usted diga.

El caso es que la impresora no la tenían disponible y el resto de cosas no permitían recogerlas en el establecimiento por algún motivo desconocido, así que compra online y esta semana y la siguiente a esperar a que lleguen los cachivaches.

Mudanza de la Fórmula Uno

Este fin de semana tenía lugar el GP de Portugal. No se celebraba un gran premio allí desde el 95, creo. Entonces se corría en el circuito de Estoril, un circuito que me encantaba y que conocía como la palma de mi mano de dar vueltas en el GP2 de Microprose, leyenda de la simulación de conducción que en la década de los 90 tenía una inteligencia artificial prodigiosa, lo que me permitía sentir que competía con una veintena de pilotos más en vibrantes sesiones de algo más que juego.

El caso es que, en los últimos años, he venido aprovechando la suscripción de mi padre a Movistar Plus para seguir la Fórmula Uno. Sin embargo, ahora mi padre ha muerto y hemos dado de baja la tele, el teléfono, el otro teléfono y el Internet. Así, me había quedado sin una manera de ver los grandes premios de Fórmula Uno.

Sé que este año la empresa que gestiona la Fórmula Uno había estrenado la F1TV, un servicio de suscripción por streaming a todo el asunto de la F1. Sin embargo, pensaba que los comentarios serían en inglés. Eso me hizo darme cuenta de algo importante.

Llevo siguiendo la Fórmula Uno desde… yo qué sé. He visto correr a Senna contra Prost y los coches aquellos que llevaban publicidad de Parmalat. Vi a Senna morir en Ímola. Cuando empezó la alonsomanía, yo ya llevaba mucho recorrido.

Era algo que compartía con mi padre. Juntos disfrutamos de ver muchas carreras, en silencio, con los ojos clavados en el televisor.

Y al tener que renunciar a la F1 en Movistar, me di cuenta de que tendría que renunciar a los comentarios de Lobato, de Pedro de la Rosa y de ese otro comentarista ingeniero cuyo nombre se me escapa ahora pero que aprecio igualmente.

Adoro a Pedro de la Rosa. Y además me di cuenta de que a Lobato, por mucho que lo critique en mi cabeza durante las retransmisiones, lo iba a echar de menos. Ver carreras sin su voz iba a ser otra cosa. Seguir las retransmisiones sin las insights de De la Rosa, eso iba a perder mucho.

¿Pero qué podía hacer?

Pregunté a mis amigos si alguno compartiría su suscripción a Movistar Plus conmigo para ver la Fórmula Uno. Mi mejor baza, mi amigo Dani, usaba la de su padre.

Hace un par de semanas, en comida familiar de vuelta en Valencia para despedir a mi padre, pregunté por si acaso. Mi primo Vicente (alias Chin), me dijo que podía usar la suscripción de mi tío.

Con esa alegría me volví.

El sábado por la mañana, cuando fui a verificar el asunto para poder ver más tarde la clasificación, me desayuné con que no tenían contratado el llamado paquete Motor. Mierda.

Me daba vergüenza pedirles que lo contrataran por mí, así que me di de alta en la suscripción más económica de la F1TV. Tendría que verla con comentarios en inglés y además sólo podría acceder a la repetición de las carreras. Daba igual; de todas maneras me iba a perder el directo porque había quedado con Daniela en que iríamos a pasear por el lago para aprovechar el soleado día otoñal.

Eché un vistazo a un vídeo de las prácticas libres para comprobar que el streaming me funcionaba correctamente. Primer chafón: no había comentarios, ni siquiera en inglés. Tan sólo el sonido de los coches rodando por la pista y alguna radio ocasional. Bueno, menos da una piedra. Podría acostumbrarme.

Pero me atreví y llamé a mi tío. Le ofrecí dar de alta el paquete Motor y hacerle una transferencia mensual por el mismo. Mi tío me dijo que me invitaba. Olé. ¡Gracias a mi tío rumboso!

De todas maneras parecía que la cosa no sería inmediata. Sorprendentemente, intentar dar de alta el paquete Motor desde la aplicación de Movistar Plus me dio un error repetido, igual que a mi primo y también a su hermana. Me daba vergüenza tener a mis primos movilizados un domingo para dar de alta el maldito paquete Motor y poder ver la carrera con Lobato y De la Rosa.

Me sorprendió. Me sorprendió darme cuenta de que la Fórmula Uno me importaba tanto.

Lloré. Lloré al recordar los tiempos en que la compartí con mi padre, que ya no está.

Jamás volveré a verle. Jamás volveré a escuchar su voz. Jamás volveré a acariciar su espalda, a darle un abrazo. Es duro pensarlo. Es demoledor.

Al regresar del lago, tiré a ver la repetición en la F1TV, recibiendo errores diferentes dependiendo de la manera en que intentara hacerlo. De un modo me decía que la emisión no estaba soportada en mi país (Alemania) y del otro me pedía que me suscribiera mientras en un lateral me mostraba una clasificación que temía que fuera la final. Cabreado, abrí el chat del soporte y expliqué mi problema.

Una mujer muy amable me explicó que mi suscripción incluía las repeticiones, pero que lo yo estaba intentando hacer era lo que llamaban una “repetición instantánea” y que, para ver la carrera con mi suscripción, tendría que esperar dos días. Vaya chasco.

Pregunté de nuevo a mi primo, que se puso en marcha con las gestiones con ánimo renovado. Mientras tanto Daniela encontró un enlace de la RTL a la repetición de la carrera, con anuncios y comentarios en alemán. Cuando iban por la décima Runde mi primo me comunicó que, después de mucho batallar, había conseguido dar de alta el paquete Motor, pero que tardaría entre 3 y 24 horas en activarse. Le di las gracias y continué viendo la carrera con los aburridos comentarios alemanes y un bloque de anuncios cada quince minutos.

Estuve sentado, tieso frente al monitor, la hora y media que duró aquello. Me sigue sorprendiendo la inmersión y concentración con la que veo las carreras.

Ha sido todo un fin de semana de auto-descubrimiento auspiciado por la Fórmula Uno.

Despedida y cierre

Tenía algunos temas más que quería compartir, pero me he ido por encima de las 1.700 palabras, en especial por la extensión de la parte de la Fórmula Uno, que me sigue sorprendiendo todavía también de esta manera.

¿Alguien sigue la Fórmula Uno aquí? ¿Dónde la veis?

¿Cómo os ha ido el fin de semana?

¿Compráis por Internet? La cosa está especialmente en boga en esta epidemia. Aquí tenemos los contenedores de cartón a rebosar.

Encuadre sugerido por Daniela en esta peculiar vista otoñal del Starnbergersee
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#big crunch#compras#Fórmula Uno#partes#recuperación

Respuestas

  1. Ed - 27 de octubre de 2020 @ 16:01

    Se nota que te apasiona la F1. Que bien que tengas ese disfrute 🙂

    Respondo a las preguntas que nos haces a los lectores. Está bien esta técnica de “llamada a la acción” para que participemos:

    —- “¿Alguien sigue la Fórmula Uno aquí? ¿Dónde la veis?”

    No veo F1.
    Fui seguidor de la F1 en los tiempos pre-Alonso, cuando Prost y Sena. No me perdía ningún gran premio (era para lo único que usaba el programador del video VHS, si no podía verlo en directo).
    Me gusta mas la parte técnica de los coches y los comentarios de los expertos, que la competición en sí. Con el uso de la electrónica, radio y estrategias se volvieron muy monótonas y soporíferas, solía quedarme dormido la siesta a partir de la vuelta 10.
    Hace 20 años que no veo un Gran Premio. Soy mas de practicar deportes que de verlos.

    —- “¿Cómo os ha ido el fin de semana?”

    Muy entretenido. Con la familia haciendo obras “DIY” en casa. Es una forma de fomentar los lazos familiares de modo lowcost. Además, produce mucha satisfacción hacer cosas y completar tareas.

    —- “¿Compráis por Internet? La cosa está especialmente en boga en esta epidemia. Aquí tenemos los contenedores de cartón a rebosar.”

    Evito comprar por internet y especialmente en Amazon.
    Prefiero comprar en tiendas de mi barrio para apoyar al comercio local en lugar de las grandes corporaciones (dentro de unos años nos arrepentiremos de las perdidas de empleo).
    Ee verdad que tiendas “de nicho” físicas tenían precios altos antes (porque solo podías en ellas) pero se nota que han bajado precios para desde que la gente compra por internet. A veces es mas barato en la tienda local que en Amazon.
    Tambien prefiero ver/tocar los productos que llevarme chascos online o gestionar devoluciones.
    Solo compro online cosas como último remedio para productos imposibles de comprar en mi zona.
    Procuro agrupar muchos productos en la misma compra para que solo vengan en un solo envío y contaminar menos.
    Mis “carritos de la compra” puede estar meses acumulando productos, así me da tiempo a reflexionar si era una compra compulsiva o realmente lo necesito pasados 2 meses.
    Me fastidia cuando los embalajes innecesarios, por ejemplo cuando compras una tarjeta de memoria SD de 5cm y te vienen en un segundo sobre de carton de 40cm. O cajas vacias y llenas de plástico de burbujas.

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