El viaje frustrado

Hoy estoy enfurruñado. Estoy triste y algo enfadado. Ya hemos decidido que Daniela se queda en Alemania, y está por decidir si me bajo yo a España. En teoría esto tendría que tener lugar mañana domingo día 2 de agosto, pero voy a esperar hasta el martes para ver cómo evoluciona la cosa. Si la situación mejorara o yo estimara que puedo ir y volver manteniéndome sano, pues cogería el coche y me bajaría solo y en dos etapas. En fin, ahora mismo lo veo muy crudo. Y estoy triste y enfurruñado.

Ayer 1.200 nuevos infectados. Hoy 1.500. Desde hace una semana la tendencia está al alza. Navarra, Aragón y Cataluña han sido incluidos en la lista de lugares de riesgo y se ha emitido una advertencia oficial a los viajeros, un comunicado a los ciudadanos alemanas desde el gobierno del tipo: “No vayáis a esos sitios que es peligroso”. Eso es hoy pero, ¿qué será la semana que viene?

A principios de año me compré tres billetes de avión. Era la primera vez que hacía algo así. Si vivo lejos de mi familia, por lo menos quiero visitarles frecuentemente. En Semana Santa no pudo ser, y ahora tampoco. Ayer me eché a llorar por ello.

No sabía que les echaría tanto de menos. Ayer de verdad que lo sentí, y estuve llorando un buen rato al respecto. Tanto que me sorprendió. Ayer pude sentir mi amor por ellos nítidamente. Se me revolvieron las entrañas.

Podría darme la paliza, pero ¿para qué? Podría coger el coche solo, hacerme mil kilómetros, plantarme en Nimes a pasar la noche y, al día siguiente, hacerme ochocientos kilómetros más. Pero, ¿para qué? ¿Para qué forzar tanto la cosa? A menos que el martes lo tenga mucho más claro, me quedaré a pasar el mes de agosto en Múnich. Pero ¿qué hago aquí?

Por lo menos puedo trabajar. Puedo seguir avanzando con este sitio. Puedo seguir escribiendo, aunque eso lo tenía igualmente previsto. ¿Qué más puedo hacer para seguir plantando semillas de prosperidad?

Argh.

La buena noticia es que este fin de semana hay Fórmula Uno, así que al menos estaré entretenido un buen rato. También se me ocurre que puedo empezar a trabajar en montar un sistema para comenzar a emitir el podcast en abierto en septiembre. Esa puede ser otra buena tarea a llevar a cabo este mes. Diría que necesito un descanso, pero me alegro de poder hacer cosas y seguir avanzando en el proceso de ganar dinero con este sitio, de aprender a aportar el suficiente valor a otros como ganar un sueldo con ello.

Me encanta oír el podcast del tal Joan Boluda. Él lo ve tan fácil. ¿Te han tirado del trabajo? ¡Genial! Qué pedazo de oportunidad para montar tu propio negocio online. ¡Qué bien! Pim-pam-pum y en tres meses a ganar dinero. Bueno, yo no lo veo tan fácil, pero aprecio su entusiasmo.

Llevo dos meses aquí escribiendo cada día y he ganado exactamente cero euros. Pero bueno, ya estoy en marcha. Ya he empezado, que suele ser un escollo tan grande como para que muchos embarranquemos. Ahora estoy haciendo crecer esto. La parte de ganar dinero vendrá más adelante.

Me faltan cosas productivas que hacer. Por las mañanas me siento y, primera cosa, escribo la columna del día. Pero ¿qué hago a continuación? Respondo emails, respondo comentarios, publico algo en las redes sociales. ¿Luego? Pues a veces tengo algo productivo que hacer y a veces me entretengo con cualquier cosa que encuentro por ahí o me pongo a hacer cosas que son apenas detalles poco decisivos. Necesito tareas pequeñas y claras que me resulten claramente productivas y que me permitan avanzar sistemáticamente. ¿Cómo las defino, las encuentro, las creo o lo que sea que necesite hacer?

Y luego está la parte que pide vacaciones, la parte que dice: “Vale, Javier, está muy bien que estés haciendo todo esto y que te emocione tanto y tal, pero ¿qué hay de descansar? ¿Qué hay de ser un poco más comprensivo contigo mismo y reconocer que necesitas pausas y tomarte las cosas en general con más calma y esto en particular? ¿Qué hay de reconocer lo que ya has conseguido y felicitarte por ello?”. Y es verdad. Esta parte también tiene razón.

Y entonces me tengo que tomar un momento, porque lo puedo hacer, y crear la manera de conjugar estas diferentes partes de mí y atender adecuadamente sus necesidades y establecer nuevos compromisos y, si fuera necesario, renegociar los antiguos. Y se siente bien cuando hago eso.

Y estoy perdido, y un tanto confuso. Me despidieron del trabajo hace ya dos meses porque estaba tan hecho polvo que me desbordaba con el ritmo y el estrés que manejaban en mi antigua empresa. Y ahora estoy aquí sentado, escribiendo cada mañana, con esta idea de crear mi propio negocio y preguntándome acerca de qué, preguntándome qué sé hacer yo que puede resultar de utilidad a otras personas, preguntándome qué es lo que me encanta hacer.

Por ejemplo, me encanta el simracing. Me montaría un cockpit y me pasaría jugando al menos cuatro horas diarias. Podría montar un canal de YouTube. Gozo cuando me creo que estoy metido en un coche rodando por un circuito, y viene de largo.

Ahora, ¿cómo gano dinero con eso? ¿De verdad quiero hacer algo así? ¿Qué dirá mi padre? ¿Acaso no va eso también en contra de esta corriente en la que me voy distanciando de los ordenadores y aterrizando más en el “mundo real ™”?

Si tú tienes dudas, yo también. Tengo muchas. Tengo mucho miedo. Estoy confuso y perdido, y no sé por dónde voy a salir, y la situación es todavía más complicada de lo que me puedo permitir compartir aquí hoy.

Pero mira, ya estoy en marcha. Con mis dudas, con mi miedo. Con mi confusión y mi perdición, con mis complejos y mis dificultades. Aquí estoy ya en marcha escribiendo cada día y decidido a prosperar y a crear una vida que me encante vivir. De sufrir ya he tenido suficiente. De malvivir ya sé.

Hoy vamos con una bonita y florida vista de la Bordeaux Platz en el bello barrio de Haidhausen, donde tengo el absoluto privilegio de vivir.
Fuente: Javier
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