Marcando diferencias

Creo que fue ayer, o tal vez anteayer, que hablaba acerca de la diferencia entre sinceridad y honestidad. Ayer, desde luego, en la tertulia tras la cena, fue cuando hablamos acerca de la diferencia entre ironía y sarcasmo. Yo sabía que había una diferencia pero no sabía exactamente cuál. En general, usamos palabras diferentes para cosas diferentes. Sin embargo, también hay sinónimos, que son palabras diferentes para las mismas cosas. Igualmente, también son diferentes dos sinónimos, aunque signifiquen lo mismo. Hoy vamos con algunas diferencias que marcan la diferencia.

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Las fuerzas vivas

Hoy es miércoles, día de las fuerzas vivas. Yo qué sé; mi padre llama así a esto. El miércoles convoca a la mujer que le limpia la casa, al jardinero que le cuida el jardín, al hombre que le cuida la piscina y, en ocasiones, al que le limpia los cristales. Mientras la casa es tomada por un batallón de limpieza y mantenimiento, nosotros escapamos al Carrefour. Es el día de las fuerzas vivas.

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Sinceramente

Hay algunas diferencias, al menos una, entre la sinceridad y la honestidad. Ambas consisten en decir la verdad, sólo que una va más lejos que la otra. De hecho, en sinceridad, suele haber cosas que no queremos escuchar. Al respecto de esto hay una cita que me gusta mucho: «A todo el mundo le gusta la sinceridad hasta que encuentra a alguien que la practica».

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Una historia de mierda

Si ayer conté un par de historias electrizantes, para hoy tengo una historia de mierda. Pero no es una de esas cosas de mal humor o de desdicha sino, literalmente, una historia de mierda. Tuvo lugar hace un par de días.

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Historias electrizantes

Gracias a Dani por su comentario acerca de la moto y la batería. Algo así había temido yo: la moto tenía que haber arrancado incluso sin batería. De ahí que el comentario acerca de los fusibles de mi otro amigo Dani me dejara pensativo. Tal vez puse mal las pinzas o tal vez se trate de algún fusible. En cualquier caso, ya tengo faena.

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