Retos superados

Estoy de vuelta en Múnich después de dos días conduciendo de nuevo. Me he traído el monitor y la guitarra. La maleta todavía está por deshacer, pero estoy escribiendo esto en el monitor que me he traído y la guitarra ya está en su pie y afinada. Se siente raro estar aquí, especialmente en estas corona-circunstancias. Pero hoy vamos a celebrar los dos retos superados. Para hacerlo bien habría que hacerlo por separado pero, dadas las circunstancias, vamos a aunar estas celebraciones.

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Superación y algo más (II/II)

Yo era más alto que aquel tipo, pero aquel tipo saltaba como un gamo y tenía una buena técnica. Tenía unas piernas como columnas del Partenón y estaba más desarrollado que yo además de contar con mejor material. Consistentemente, superaba el listón una y otra vez. Yo saltaba por la derecha y él saltaba por la izquierda, lo que parecía aumentar la competitividad y plasticidad del asunto. Empecé a temer que el tipo se llevara la prueba y, además, yo perdiera la apuesta, por bocazas y fanfarrón. Me estaba pero que muy bien empleado. Pero yo no me iba a rendir así como así.

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Superación y algo más (I/II)

Esta mañana vengo de la última sesión de mi grupo de estabilización y reorientación. En esta ocasión he ido ya muy removido. He dormido mal, me he despertado relativamente cansado y, cuando he salido de casa, me he dado cuenta de que llevaba algunas lágrimas conmigo. Odio cuando eso sucede. Voy por ahí, en cierto modo, sujetando todo eso y guardándomelo para después, para casa. Todo lo que hago necesita de un esfuerzo extra, el esfuerzo extra que me lleva aguantarme las lágrimas.

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