La revisión ocular

Me despierto. Tengo que ir al baño. Son las cuatro de la mañana. Normalmente maldeciría mi suerte, pero, esta vez, cuando me doy cuenta ya estoy en el baño. Me acuesto y me vuelvo a dormir. Me despierto. Ahora son las seis de la mañana. Si me vuelvo a dormir no me dará tiempo a completar un ciclo de sueño entero y me despertaré hecho polvo. Si me levanto, me dará tiempo a desayunar y ducharme antes de las siete y media de la mañana, momento en que tengo previsto ir al oculista.

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