El poder de la vulnerabilidad

Después de cuatro días practicando yoga a primera hora de la mañana, hoy, por fin, he vuelto a salir a correr. Los vientos huracanados han remitido y la lluvia ha dado una tregua, así que he aprovechado para reemprender las carreras.

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Preparando el viaje a España

Mañana vuelo, de nuevo, a Valencia, España. Regreso para seguir avanzando la liquidación de los asuntos relacionados con la muerte de mi padre y, por añadidura, de mis padres. Ya está, ya no tengo padres. Se acabó esa etapa. Ahora empieza otra, y para que empiece del todo hay que terminar de cerrar la anterior. Y en eso estamos, tanto mi hermana como yo. Mañana vuelo de regreso una vez más.

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Lágrimas telefónicas

Ahí va ese título. Pero antes: resopón. ¡Qué cosa más buena! No sé cuándo ni cómo esto se convirtió en un hábito, pero es una maravilla. Daniela y Lucas se retiran tras el desayuno a echar la siesta del borrego y yo que medo otra vez solo. Me cepillo los dientes, meto los cacharros en el lavaplatos y me siento a escribir la columna matutina. Las piezas van encajando entre sí.

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