El Mercedes amarillo

Caminé con Luqui por el aparcamiento de las tres tiendas. Daniela había entrado a hacer una batida en la tienda de zapatos y, en un momento más, nos tocaría entrar y ponernos a probar pares. Hacía un sol radiante y caminábamos entre los Brum-brums.

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Liberando el plexo solar

Una vez a la semana, los martes por la tarde desde la semana pasada, la abuela se hace cargo del Luqui. El Luqui desembarca en casa de los abuelos y pasa allí varias horas entre coches en miniatura, galletas de la abuela y un payaso de treinta centímetros de altura de aspecto terrorífico pero que baila al rimo de una alegre melodía. Tiempo para mí. Tiempo para ti. Tiempo para nosotros.

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