Batiburrillo de recuperación

Jueves y viernes estuve sin escribir y, por tanto, sin publicar. Hoy es sábado, y aprovechando la siesta matutina de Luqui, que últimamente suele ser la única, dedico media hora de mi preciado tiempo como padre para practicar el noble arte de la comunicación y, en particular, la escritura. Vamos allá.

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La técnica tobogán

Íbamos a ir al banco tras la parada en boxes de Luqui, pero parece que se ha quedado groggy después del almuerzo y, de momento, yace inconsciente en la cama, así que aprovecho este momento de duración indeterminada para echar unas líneas y, con suerte, tal vez me dé tiempo a terminar una columna entera.

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Aterrizando

Nueve y cuarto de la mañana. El router se ha colgado. Bajo al sótano a resetearlo. Daniela intenta dormir al Luqui en la primera siesta de la mañana. Fuera llueve.

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