Daniela

Me siento una vez más con vistas al jardín ante el teclado del viejo portátil. Es la última mañana en la casa del bosque. Me he levantado a las siete, he salido a correr, he practicado una meditación y ahora, mientras el sol sale de entre las nubes y la mañana se aclara, me siento aquí a escribir una vez más.

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