El sapo del consulado

Me levanto. Preparo el desayuno. Me ducho. Medito… Se me ha ido la mano con la meditación. Quería hacer diez minutos y he hecho veinte. Pero es que, acostumbrado a meditar con dolor durante los últimos más de seis años, desde hace cosa de un mes y a medida que remite ese dolor, meditar se está convirtiendo en algo mucho más agradable. Cuando me doy cuenta se me han pasado veinte minutos.

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