Reemprendiendo la marcha

Me despierto poco antes de las ocho, antes de que suene la alarma. Es perfecto. Con un poco de suerte podré salir a correr y sentarme a escribir la columna. He salido a correr y, ahora, estoy escribiendo la columna. ¿Y si no fuera suerte?

Me encanta esa pregunta.

¿A qué llamamos suerte? ¿Qué es la suerte?

La suerte es una idea, un concepto. Para mí, representa… Lo voy a dejar ahí.

El caso es que quería… También dejaré eso ahí.

Ayer por la noche me preguntaba si saldría a correr o no.

Llevaba aproximadamente dos semanas en una pausa de carreras, la primera de esta nueva racha. Dolido de las lumbares, mi precaución y mis ganas de cuidarme, mi intención, me llevaron a dejar de correr. Me dije que, hasta que no estuviera tres días consecutivos libre de dolores, me quedaría en casa. Al final fue un compromiso intermedio, pero la intención fue cuidarme, permitirme sanarme y asegurar que puedo seguir prosperando adecuadamente, especialmente en términos de salud en esta ocasión.

Llevo algunos días levantándome más allá de las ocho. Es algo sorprendente.

En cosa de un mes largo hemos pasado de despertarnos a las cinco o las seis de la mañana a pasar a despertarnos a las ocho o las nueve. Algo le ha ocurrido al Luqui por el camino que lo ha permitido, y esto ha sido un gran logro para nuestro bienestar como padres. De cualquier manera, oigo a Lucas anunciar el día ya, así que, seguramente, esto tendrá dos partes.

Hace un par de días, decidí que carecía de sentido levantarme más allá de las ocho. Lo que duermo de más no siento que me proporcione un beneficio, y levantarme antes que el resto de mi familia me ofrece una ventana de tiempo para hacer cosas importantes que quiero hacer a diario y que, o hago a primera hora de la mañana, o a medida que pasa el día se complican más y más. Así, decidí ponerme la alarma a las ocho y hacer estas cosas. A medida que me fuera acostumbrando, podría ir adelantando la alarma gradualmente y ajustar mi rutina.

Me bajé una aplicación que me permitiera levantarme de una manera más suave que la actual, con un tono estridente. Encontré una con agradables melodías. Puse el volumen al mínimo y ajusté la alarma para que sonara de menos a más. Aún así, el volumen mínimo es muy alto, pero el resultado sigue siendo mejor que la anterior alternativa.

Hoy me desperté cinco minutos antes de que sonara la alarma, relativamente bien dormido y descansado, lo que es muy buena señal. Gracias a mi inconsciente por eso. Tal vez unos días más así y puedo adelantar la hora de levantarme. Suavemente, agradablemente, de modo que pueda disfrutar del proceso.

La idea es levantarme cada día a esa hora, da igual a qué hora me vaya a la cama, cómo haya dormido o qué día de la semana sea, de modo que mi inconsciente tenga algo estable sobre lo que apoyarse y trabajar, de manera que me pueda preparar lo mejor posible para levantarme a la hora convenida.

Y hoy salí por fin a correr de nuevo. Sin discusiones internas, de una manera tranquila y casi automática, me levanté, me puse la ropa de correr y salí a la calle.

Me sorprendió lo mucho y lo bien que podía sentir mis piernas y mis caderas.

En los últimos días se ha liberado mucho retorcimiento. Una vez procesado el trauma, al menos en cierta medida, recupero las sensaciones de las partes liberadas. Éstas contribuyen al conjunto. Cada vez más siento más y mejor, y es un gozo. Un gozo pequeño, para empezar, pero un gozo.

Así que de vuelta a las carreras matutinas, a mi propio ritmo y velocidad y de la manera más conveniente para mí.

¡Hurra!

Mencionar, antes de despedirme, que ayer dejó Manuel un comentario.

Llevaba ya algunos de días preguntándome cuándo había dicho que me recontactaría a propósito de las posibles clases de conversación en alemán. Tengo ese tema pendiente y también el manuscrito del Big Crunch que le pasé a Adrián, que dijo que se pondría con ello después de Reyes y bueno, ya es después de Reyes, así que me pregunto si estará ya en ello. Mi inconsciente lleva su propia agenda y calendario. Así son los inconscientes, llevando el registro en la parte de atrás. Trabajar con eso a nuestro favor es usar una poderosa fuerza de la naturaleza.

Ayer leí el comentario de Manuel y me estremecí.

Me estremecí porque, en veinte años de leer comentarios, fue el comentario más “para mí” que he leído en ese tiempo. Fue como si se abriera un canal de comunicación personal y profunda y empezara a circular información. Fue una experiencia muy intensa. Me sirvió para darme cuenta de que estamos construyendo algo muy especial aquí, así que gracias por vuestra parte.

Pero lo tengo que dejar aquí: se levanta la familia.

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Comentarios

2 respuestas a «Reemprendiendo la marcha»

  1. Avatar de Adrián
    Adrián

    No estoy en ello, pero casi, ¡prometido!

  2. Avatar de Manuel
    Manuel

    Gracias a ti, durante años he sido lector pasivo de tus escritos y estoy feliz de haber comenzado a interactuar por fin.

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