El deshollinador

Con ese título, que bien podría pertenecer a una película porno, comenzaré la columna de hoy. Y es que aquí es de lo más habitual y común que, en llegando la época invernal, de la misma manera en que se cambian las ruedas de invierno, se revisen las chimeneas. Por cierto, eso me recuerda que tengo que ir al urólogo.

El hombre tenía que venir a las 11:30 pero ha aparecido una hora antes. Me ha dicho que el cliente anterior le había cancelado y que se ha dicho “¿Por qué no voy a ver al siguiente?”. A mí me da igual; tenía el rato libre y así ya me lo quito de enmedio.

He acompañado al hombre al sótano.

—Creo que es esta la habitación —le he dicho—. ¿Quiere un vaso de agua? ¿Un café?

El hombre ha abierto los ojos por encima de la mascarilla.

—¡Oh, un café. A un café nunca digo que no! —ha respondido.

Así que he subido y he preparado dos, uno para él y otro para mí. Café, leche, y la zambomba esa con la que hacemos de la leche… ¿leche espumosa? Le meto una caña que, como me despiste, un día voy a hacer mantequilla.

Luego un par de galletitas, un vaso de agua, una servilleta, la cucharita…. me ha dicho que sin azúcar… Todo en una bandeja. Madre mía, qué servicio.

Deshollinador, he pensado mientras subía la bandeja desde el sótano más tarde, tras haber despedido al hombre. Ese parece un buen trabajo. De aquí para allá con el coche, entrando en casa de la gente, revisando chimeneas, bebiendo café. Eso sí, tendría que tener cuidado con el café, que podría tomarme media docena al día.

El hombre se ha sentado allí, sobre el suelo, y ha abierto un maletín que dentro llevaba una especie de ordenador. Supongo que habrá sacado un cable, lo habrá enchufado al calentador y habrá leído sus parámetros.

En fin, yo sigo buscando trabajo. El otro día envié un currículum para un puesto de transporte de medicinas.

La idea nos la dio una amiga de Daniela, que tiene una amiga que trabaja repartiendo medicamentos para las farmacias. Hice una búsqueda y llegué a esa oferta.

Es una empresa que fabrica prótesis y similares, y buscan a alguien para conducir y repartir artículos por Baviera. No parece que haya que saber física cuántica; sólo conducir y mover cajas. Les envié mi CV chupi-guay y les dije que lo haría por 40.000 euros brutos al año. Voy a seguir buscando trabajo.

Sigo esperando una respuesta a otros currículums que envié, especialmente al del puesto de ingeniero con don de gentes que habla español, que ese me viene como anillo al dedo.

Lo que me preguntaba el otro día es cómo suma eso de que tenga un blog.

Imagina que eres un responsable del departamento de RRHH de una empresa y te llega mi CV. Metes el nombre en Google y te aparece ESDLV. Empiezas a leer.

Te encuentras con un tipo decididamente traumatizado por un suceso que tuvo lugar hace ya treinta años. Rompe a llorar un día sí y otro no y, aunque hace sus progresos, parece que no termina de levantar cabeza. Para rematar, tiene un blog en el que lo cuenta. Joder, menuda perita en dulce. Lo quiero para mi departamento clave.

A veces me pregunto si no me convendría cerrar esto, que sólo se pudiera acceder al blog bajo registro. Tal vez eso os animara también a dejar más comentarios.

En fin.

Mencionar que he empezado a leer “Piense y hágase rico”.

Para quien no lo conozca, se trata de un clásico del desarrollo personal, en particular del desarrollo personal financiero. Encontré el libro revisando la estantería del despacho de mi padre.

Mi padre tenía sus cosas, pero sabía disfrutar de su dinero. Sabía ganarlo y disfrutar de gastarlo. No es un libro que hubiera pensado que tendría mi padre, tal vez demasiado ¿esotérico?, así que me sorprendió encontrarlo allí. Lo tomé y lo metí en la mochila y lo traje de vuelta. Empecé a leerlo. Me gustó cómo empezaba el segundo capítulo: “Los pensamientos son cosas”.

Así es, los pensamientos son cosas, y son cosas que cuentan. Es diferente pensar una cosa que pensar otra cosa. Hay una diferencia.

Pensamos con la mente, y para mí, la mente es la parte más profunda del cuerpo; esa última capa, muy sutil, que está entre el mundo material y ese vacío del mundo inmaterial. Y no pensamos con el cerebro solamente, sino que pensamos con todo el cuerpo. Puedes sentarte sobre el suelo una hora a meditar acerca de esto. Te sorprenderás.

Cuando empecé a meditar, hace unos diez años, me soprendió hacerme consciente de mis pensamientos. Yo creía que daba igual lo que pensara, que apenas eran imágenes y sonidos en mi cabeza, completamente desconectados de todo lo demás. Pasé los siguientes diez años dándome cuenta de lo equivocado que estaba. Sigo haciéndolo.

Así que sí, ya que voy a pensar, me voy a hacer rico. Puede sonar un poco ridículo, pero démonos cuenta de las cosas que pensamos.

¿Habéis leído el libro? ¿Qué pensáis al respecto? O, dicho de otro modo, ¿cómo os sentís al respecto? Pensar y sentir. ¡Como si eso tuviera algún tipo de disparatada conexión!

Deshollinador. Me podría hacer deshollinador. De momento, con desatascar alguna cabeza, me conformo.

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Comentarios

8 respuestas a «El deshollinador»

  1. Avatar de Manuel
    Manuel

    Nadie, absolutamente nadie se hace rico (ojo hacerse, no nacer) sin pensar “voy a conseguirlo”. Creo que en los últimos años he leído más de 300 libros de autoayuda/desarrollo personal/guía de cómo hacerte rico y he sacado de ellos muchas cosas, y la primera es perder el miedo a fracasar.

    El mayor impedimento para llevar a cabo casi cualquier cosa es el miedo a fracasar en ello. He tenido oportunidad de participar en startups que han sido vendidas por una pasta y que me hubieran permitido jubilarme a los 30 y decidí no participar por el miedo a “¿qué pasa si no sale bien?”. También al miedo de volver a perderme en jornadas de trabajo de 80 horas semanales (o más) y caer en viejos vicios. Admiro profundamente a la gente que lo hace, pero no sé si yo seré capaz.

    1. Avatar de Javier

      80 horas semanales… Eso lo encuentro enfermizo. Incluso la mitad me parecen demasiadas ahora mismo.

      1. Avatar de Manuel
        Manuel

        Fíjate lo jodido que hay que estar para pensar que esa es la manera correcta de triunfar.

        1. Avatar de Javier

          Pues muy jodido, muy desequilibrado. Muy perdido.

          1. Avatar de Manuel
            Manuel

            Culpable de todos los cargos señoría.

            1. Avatar de Javier

              Jajajaja!

              Pues bravo por asumir tanta responsabilidad. De ahí hacia arriba. 😉

  2. Avatar de Nasón
    Nasón

    ¿El deshollinador alemán iba con su indumentaria oficial, que incluye sombrero de copa? Por cierto, que para ser Schornsteinfeger hay que ir a la Berufschule

    1. Avatar de Javier

      ¡Hombre, Nasón! No, llevaba un gorro de lana. Por cierto, aprendí la palabra “Schornsteinfeger” ayer, haciendo la declaración de la renta, en los Nebenkosten. Antes sólo sabía Karminkehrer.

      Caray, ¿tanto hay que saber de chimeneas? Es como cuando miro anuncios de trabajo y le digo a Daniela que podría vender zapatos, y me dice que eso es un insulto a los que venden zapatos, que aquí hay que ir a la escuela para eso. ¿Tanto hay que saber para vender zapatos? Igual es que me vengo muy arriba muy rápidamente…

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