Viernes

Leerás esto en sábado, pero hoy es viernes para mí. Sigue siendo algo confuso, pero la confusión se ha reducido mucho. Tengo dos opciones: o escribo y publico el mismo día o hago una semana entera de buffer para que encajen este tipo de titulares y contenidos. También puedo, simplemente, titular a la columna de otra manera. Pero se trata de fluir, así que la columna de hoy se titula “Viernes”.

En el piso de arriba, los obreros siguen picando. Ahora mismo se oye un pequeño motor girando a muchas revoluciones en lo alto del otro extremo del pasillo. Ayer parecía que se caía el techo. Han aparecido algunas grietas a lo largo de la pintura entre la junta del techo y la pared en un par de lugares. Le están dando bien al asunto ahí arriba. Eso tiene que relajar, el darle con el mazo contra el suelo. Podría subir y preguntarles si me dejan romper un par de cosas a martillazos. Sólo espero que arreglen el asunto: hace una semana caía agua a través de una de las lámparas del techo del cuarto de baño. Eso no mola; no mola nada.

A las ocho y dos minutos de la mañana, esta mañana, empezaron a sonar los primeros mazazos. Me pregunto si mañana sábado descansaremos, porque llevan ya toda la semana.

En fin, vuelta a las páginas matutinas, vuelta a una nueva publicación. Llevo ya más de mes y medio publicando cada día. Es la primera vez que hago algo así, y eso que tengo mucho experiencia publicando en Internet. Me gusta. Esto es algo para celebrar.

Mañana tengo el último módulo del grupo de estabilización. Sinceramente, todavía me queda mucho trabajo para estabilizarme. Me gustaría estar estabilizado ya, pero me va a llevar todavía más tiempo. Ya que va a ser algo que sólo haga una vez, ¿cómo hago para disfrutarlo? Y, sobre todo, ¿cómo sabré cuándo estoy estabilizado? ¿Qué es lo que veré, oiré y/o sentiré que me hará saber que ya estoy estabilizado? Seguramente dejaré de llorar cada semana. Pongamos que, cuando lleve tres semanas sin llorar, estaré estabilizado; con la confirmación oficial a los tres meses.

Sí, tengo que ser sincero porque es lo más valioso que tengo. Eso tiene precedencia sobre muchas otras cosas y, especialmente, sobre quedar bien.

Ayer estuve llorando otra vez, en terapia. Me di cuenta de que, en los tiempos alrededor del Big Crunch, yo tampoco era un angelito. Hice daño a algunos de mis compañeros. A algunos los humillé. Ayer lo sentí tanto que me eché a llorar. Lo sentí mucho. Todavía lo siento.

Llorar es una de las mejores cosas que he aprendido en este proceso. Joder, cuando lloro me alivio muchísimo. Sé todo eso de que los hombres no lloran, que llorar es de niñas y blah blah blah. Buf, me compadezco de los hombres que no lloran. De verdad que lo siento. Es horrible ir con todo eso a cuestas, cada día. Esa mala hostia acumulada. En fin, hay muchas cosas ahí y para qué entrar en ello. Vaya horror. Lo conozco de cerca. Tanto que lo he vivido.

Llevo tres o cuatro años llorando. Si sólo tuviera un mensaje que rescatar de todo esto, probablemente sería “Llora”. Es una palabra extraña, vista así. Llora. Buf, desahógate. Llora y deja de fumar, por ejemplo. Llora y deja de beber (alcohol). Llora y deja de pelearte con el mundo. Llora y empieza de nuevo. Date una oportunidad.

Llevo tres o cuatro años llorando, al principio menos, luego una pasada, con un par de fases en las que, durante un par de semanas, estuve llorando casi cada día. ¿Cómo expreso el horror que he vivido? ¿Cómo explico lo que es tener el esqueleto retorcido y los músculos estirados hasta la locura, enganchados manteniendo ese retorcimiento en su sitio, durante treinta años? Todavía estoy encontrando maneras de expresar esto de una manera beneficiosa para todos.

Me quedo un momento quieto, sentado sobre la silla, los dedos en el aire sobre el teclado, respirando lentamente, con los ojos desenfocados, sintiendo todavía el retorcimiento entre mis hombros, mis escápulas y esa parte en la que el cuello se conecta con la parte alta del pecho. Siento los músculos de mi cara todavía entumecidos después de treinta años de, en un ejercicio de actuación digno de un óscar de Hollywood, hacer como si estuviera bien mientras un infierno tenía lugar en mi interior. Sé que todavía me quedan lágrimas que llorar por esto, y está bien. De hecho, ojalá las pudiera llorar todas hoy mismo.

Y así es: un largo camino llega a su fin y otro comienza, o tal vez son diferentes etapas del mismo camino.

Hoy es viernes, termina la semana laboral. Esta tarde grabaré un nuevo episodio de “ESDLV: The podcast”. Llevo ya más de sesenta. Eso también cuenta.

El martes que viene tengo una nueva entrevista de trabajo. Una gran multinacional del sector del hosting y los servicios de Internet me ha invitado a una entrevista por videoconferencia. Solicité el puesto de administrador de sistemas que me sugirió el INEM alemán y me rechazaron, de lo cual me alegré mucho. Sin embargo, unos días más tarde, me enviaron un email para explicarme que me estaba considerando para el puesto de “Linux support” y que querían saber cuáles eran mis conocimientos al respecto. Tengo muchos; es sólo que nunca pensé que pudieran ser de utilidad.

Les escribí un largo email contando que instalé mi primera distribución a principios de los noventa, una Slackware que venía en cinco CDs. No lo dije, pero estoy bastante seguro de que antes instalé Linux desde discos de 3.5 pulgadas. En fin, fui a través de todo lo que he hecho con Linux en los últimos casi treinta años y, en agradecimiento por su interés, les adjunté tres tiras linuxeras de Bilo y Nano en inglés. No sé si me van a coger y no sé siquiera si quiero el puesto, pero por lo menos estaba determinado a pasármelo bien durante el proceso. Algunos días más tarde me invitaron a la entrevista por videoconferencia.

Ya veremos. Y aquí lo contaré.

Mil palabras.

7

#alivio#disfrute#linux#llorar#obras#proceso#trabajo

Respuestas

  1. Dani - 18 de julio de 2020 @ 08:24

    Qué bueno lo de adjuntar las tiras a la entrevista!!!

    Me recuerda a cuando metí un poema en mi proyecto fin de carrera de ingeniería xD

    🙂

    • Javier - 18 de julio de 2020 @ 13:29

      Jejeje, me puedo imaginar tu poema:

      “Hormigón hormigón,
      cuando siento tu textura me embarga la emoción.
      Sin dura eres grande en la construcción,
      pero para dormir prefiero un colchón”

      🙂

  2. Rosana - 18 de julio de 2020 @ 13:54

    Me meo con el poema 🙂 Y oye, yo te contrataba. Alguien que hace tiras del tema sobre el que se quiere trabajo tiene demostrado ipso facto que domina el tema. El frikismo no engaña. 🙂 La pregunta es: ¿podrías disfrutar ese trabajo?

    • Javier - 19 de julio de 2020 @ 10:48

      Esa era un poco mi idea cuando adjunté la tira. Sobre si podría disfrutar el trabajo, pues vamos a ver, yo me pregunto lo mismo. El martes tengo una entrevista y sabré más acerca del puesto. Lo que es cierto es que un trabajo a media jornada me puede dar estabilidad en este proceso de crear mi propio negocio, y Linux me encanta. Vamos a ver.

      • Dani - 19 de julio de 2020 @ 11:37

        Suerte entonces!

  3. Eva Lucía - 18 de julio de 2020 @ 14:23

    Llorar es bueno. Dejar de fumar es bueno. El hormigón es bueno. Es autosanable. 😉

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