Vengo de terapia de grupo

Esta vez es más tarde cuando me siento a escribir las páginas matutinas; más allá de las once. En esta ocasión vengo de terapia de grupo. He dicho que no iba a hablar de lo que ocurría en el evento, por respeto a los demás y al proceso, pero supongo que sí que puedo decir que vengo de allí. Y es todo un progreso para mí.

La gente me da miedo. Debe de ser porque a la gente le doy miedo. Soy muy grande y no me doy cuenta. No me doy cuenta de que impongo. No presto atención. Al final la gente tiene miedo de mí y yo tengo miedo de la gente y de que la gente me tenga miedo. En fin, aquí, generalizando con la gente. Ese ha sido un buen lugar en el que poner mi miedo.

¿Oktoberfest? Eso me da pavor. He estado una vez en mi vida y lo pasé fatal. Me tuve que beber un par de litros de cerveza para relajarme, empezando por la vejiga. Cuando se reúne la gente en grandes cantidades, terror para mí. Tanto ruido, tanto movimiento. Buf. Me mareo. Empiezo a respirar rápidamente y lo paso fatal.

Durante años apenas salí de casa, solamente para lo básico; léase encontrarme con mi familia, ir a comprar al supermercado y poco más. Pasé desde 2008 a 2018 grosso modo así. Me aterrorizaba ir a hacer la compra. Una de las ventajas de solamente desayunar y cenar era tener que ir menos a comprar. También bebía menos agua para tener que ir menos al cuarto de baño, pues ir al cuarto de baño era una tarea verdaderamente molesta e incómoda; tener que levantarme del suelo y caminar hasta la taza del váter era ciertamente angustioso. Realmente lo pasé así de mal.

He recorrido un largo camino desde entonces. Sigo yendo a terapia, y ahora he comenzado el siguiente nivel: terapia de grupo. Ni siquiera se trata de terapia, y así nos lo ha recalcado la “profesora”: se trata de un grupo de estabilización. El propósito de la experiencia: reorientar y estabilizar.

Eso me viene genial porque necesito ambas cosas, como agua de mayo. O como agua de junio, que deben de decir aquí en virtud del mesecito que estamos viviendo.

En 2008 descarté suicidarme. Eso hubiera sido injusto para con mi familia, que había estado a mi lado apoyándome en todo momento a través de las dos décadas de angustia que por entonces ya había vivido. Si me iban a seguir apoyando, era injusto no seguir intentando encontrar lo que me ocurría y sanarme. Eso fue lo que me hizo descartar el suicidio. Estoy aquí escribiendo estas líneas ahora gracias a mi familia.

Entonces decidí, con una determinación que no había experimentado nunca antes, que dedicaría todo mi vida, si fuera necesario, a encontrar lo que me ocurría y a ponerle fin. Estaba dispuesto a dedicar treinta años más, o cuarenta, o los que hicieran falta. Desde aquel día viviría para encontrar lo que me ocurría y curarme. Hasta el último día de mi vida, si fuera necesario. Eso me dio un propósito para vivir, y eso me dio muchas fuerzas. Tenía algo en lo que volcarme; algo a lo que dedicarme. Tenía un objetivo muy claro. De algún modo, yo sabía que podía lograrlo.

Ahora, doce años después, he recorrido un largo camino. En 2014 descubrí lo que me ocurría y desde entonces he estado trabajando en mi recuperación, los primeros cuatro años a tiempo completo, como un trabajo: 24 horas al día 7 días a la semana. Twenty four seven, que dicen.

Y estoy llegando al final, doce años más tarde. No me ha llevado el resto de mi vida. No me ha llevado treinta o cuarenta años. Me ha llevado doce, que no es moco de pavo. Doce años agónicos en los que he tenido que ir a través de cantidades de dolor que superaron con creces mi imaginación, tanto en intensidad como en duración; tanto dolor que creía volverme loco. Tanto dolor que todavía me cuesta comunicarlo, explicarlo, hacerlo comprender. ¿Cómo le explicas cómo es quemarse a alguien que nunca ha visto el fuego? Gracias por eso.

Y ahora estoy saliendo de un largo túnel, saliendo al exterior, a la luz, en un paisaje asolado, y estoy bastante perdido, de la misma manera en que, hace doce años, cuando empecé este camino de descubrimiento y recuperación, estaba perdido. No concebía más vida que la vida de descubrir lo que me ocurría y ponerle fin, sanarme. Eso era todo en lo que pensé, y nunca más allá. Y hoy me encuentro terminando de poner fin a todo esto y con un vacío en cuanto a propósito vital se refiere. Sí, tengo algunas buenas ideas, como ayudar a otros a descubrir y a sanar, ayudar a otros a salir de sus propios infiernos, de sus propias pesadillas, de sus propios agujeros. Ayudarles a despertar de esas horribles pesadillas en las que, sin darse cuenta, convirtieron sus vidas. Ayudarles a darse cuenta del daño que se están haciendo y ayudarles a encontrar el camino y a mantenerse en él. Esa es una buena idea, pero permanezco abierto a otras posibilidades. A veces esto me apetece mucho y a veces pienso “Buf, tener que meterme ahora con los problemas de otro, después de tanto tiempo definiendo y resolviendo los míos. Buf, necesito un descanso”. Poco a poco, se irá viendo lo que es.

Así que hoy vengo de ese grupo de reorientación y estabilización. Estabilización porque necesito estabilidad. Aunque mi tónica general es de mejoría estable a lo largo del tiempo, a veces todavía tengo crisis en las que me siento triste un par de días hasta que encuentro la manera de llorar y aliviarme; la manera de relajar músculos que han estado treinta años como piedras y el modo de expresar el alivio que se produce en mí cuando, por fin, me doy cuenta de que puedo dejar ir esa tensión, de que ya no hace falta que apriete los dientes para soportar el dolor, porque el dolor se ha ido, el bienestar ha comenzado a instalarse en su lugar. Ya no tengo que seguir sosteniendo una fachada de normalidad, sino que puedo ser, simplemente, yo.

Y eso es un alivio gigantesco.

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#aprendizaje#estabilidad#futuro#orientación#pasado#terapia

Respuestas

  1. Jose - 27 de junio de 2020 @ 01:01

    ¡Enhorabuena por tu perseverancia!
    Al leer el post me ha impactado que, tras tomar la determinación de resolver tu problema, te costara 6 años de esfuerzo identificarlo y otros tantos encarrilar la solución.

    Una sugerencia:

    ¿Has pensado en escribir acerca de las conclusiones del proceso? Por ejemplo cuáles fueron las estrategias de éxito y cuáles los caminos sin salida a lo largo de estos años, aciertos y equivocaciones, estados de ánimo… Sin necesidad de incidir en intimidades ni hechos concretos, por supuesto.
    Seguro que resultaría inspirador para muchos sin necesidad de enfangarte en sus problemas.

    Un saludo!

    • Javier - 28 de junio de 2020 @ 17:00

      Jose, muchas gracias por tu comentario.

      Sí, es una de las cosas más impactantes de la historia. Aunque teniendo en cuenta que estaba dispuesto a dedicar el resto de mi vida a encontrar lo que me ocurría y a solucionarlo, 12 años ha sido muy poco tiempo. Espero vivir mucho más que eso.

      Respondo a tu sugerencia en nada menos que dos columnas que acabo de escribir del tirón. Muchas gracias por la misma.

      Un saludo!

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