Recomendaciones literarias

Proponía Ed en un comentario hacer una entrada de recomendaciones literarias. Me parece una buena idea, así que vamos a ello. Esta debe de ser la entradilla más corta hasta ahora.

Antes de nada, aquí el comentario con sus propias recomendaciones. Gracias Ed.

Tengo una extraña relación con la lectura.

En mi casa se ha leído siempre mucho. Mis padres han leído mucho, mi hermana ha leído mucho, yo he leído mucho. En mi casa había enormes estanterías llenas de libros. Hubo una época en la que a mi padre le dio por crear una base de datos con los libros que había por casa y salieron más de mil. Así, durante mi adolescencia y juventud, leí mucho. Mi padre dice que no, pero sí que lo hice.

Empecé a leer con Mortadelo y Filemón. Lo recuerdo, lo cual me llama la atención. Recuerdo mirar las viñetas y ver los bocadillos y el texto y verlo como un jeroglífico y tener que pedirle a mi madre que me lo leyera. Parece increíble, pero hubo un momento en mi vida en que no sabía leer. Aprender a leer es un aprendizaje alucinante que nos abre las puertas a otra dimensión.

También recuerdo, siendo muy pequeño, pasar tardes enteras en mi habitación metido en libros de Tintín mientras comía pipas de calabaza. Ahora me pregunto si sabía siquiera leer, porque era realmente pequeño por entonces.

Pero vamos a cosas de literatura.

Uno de los primeros libros que recuerdo leer es una biografía de Groucho Marx. El título: “Groucho y yo“. Esa es una lectura extraña para un niño de once años.

Cuando lo terminé, me leí la biografía de Harpo Marx: “Harpo habla“.

Mi padre era muy aficionado a las películas de los hermanos Marx y yo las veía con él. Se descojonaba cosa fina. A veces yo no entendía los gags, pero me hacía gracia que él se riera tanto con aquello.

Cuando terminé con aquellos libros, leí algunos de Woody Allen. Al menos recuerdo “Sin plumas“. Leí alguno más, pero no consigo ubicarlos ahora mismo.

A lo largo de los años leí mucho. Siempre tenía algún libro en la cabecera de la cama y leía por las noches antes de irme a dormir.

Recuerdo con cariño, por ejemplo, la serie de “Los pilares de la Tierra“. También leí varios tomos de “Crónicas de la dragonlance” y, por aquel entonces, lo intenté incluso con “El señor del anillos“, sucumbiendo penosamente. Sin embargo, muchos años después, conseguiría completar su lectura haciendo un esfuerzo para mantenerme despierto pues el libro, en su edición compendiada, amenazaba con romperme la crisma si me caía encima. Si me preguntas por qué me lo leí, te diría que me lo leí para poder decir que lo había leído.

Pero de entre todos los libros en cuyas páginas me he perdido, el que más profundo me llegó, y con diferencia, fue “El nombre de la rosa”. Había visto la película y me había encantado y después decidí leer el libro.

Pasé días metido en aquella abadía investigando sus misterios y amando a sus personajes. Veía las páginas menguar temiendo una y otra vez que el libro se acabara. Cuando por fin lo hizo, sentí un enorme vacío.

—¿Y ahora qué? —recuerdo preguntarme.

Muchos años más tarde me sigue impresionando el impacto que aquel libro causó en mí.

El año pasado estuve a punto de leerlo en alemán, pero temo que mi alemán no sea suficiente para disfrutar del libro.

Uno de mis autores favoritos es Chuck Palahniuk. Gocé “El club de la lucha” después de haber visto la película. Fue un libro que me dio de hostias, lo cual era justo lo que necesitaba en aquel momento para sentir algo. También por aquella época disfruté enormemente de “Asfixia“.

Del mismo autor me impactó también en gran medida una historia breve llamada “Tripas“. Es un relato increíblemente desagradable, que se regodea en la angustia, pero que encuentro sumamente bien escrito. Me encantó tanto que escribí una columna al respecto publicando una traducción al español-mexicano que encontré por ahí (muy probablemente infringiendo los derechos de autor).

De Palahniuk me encanta esa escritura tan impactante, tan visual, con un ritmo tan contundente.

En algún momento, a medida que me fui hundiendo en la mierda, perdí el interés por la lectura y dejé de leer. Luego me fui a Alemania.

Allí recuerdo haber leído “El código Da Vinci“. Mucha gente lo encuentra deleznable, pero a mí me entretuvo durante varias tardes lluviosas manteniéndome enganchado a la historia, y eso ya es mucho para un libro. Tal vez fue ese el último libro de narrativa que leí, imagínate.

Desde entonces, mucho de desarrollo personal, PNL e hipnosis, leyendo hasta transcripciones de sesiones hipnóticas de Milton Erickson.

De esta etapa destacar “El gigante interior” de Anthony Robbins como una introducción narrada a la PNL de alguien de fuera del dúo fundador Bandler y Grinder.

Ya de Bandler, “Use su cabeza para variar“: también una introducción informal a la PNL pero de uno de sus creadores.

Y también de Bandler, el mejor libro de desarrollo personal e hipnosis que he leído jamás: “Tiempo para cambiar“. Lo he leído cinco o seis veces en voz alta. En realidad se trata de la transcripción de un seminario de hipnosis impartido por Bandler. Más PNL e hipnosis. Pero, como él dice: “Todo es hipnosis”.

Me he preguntado algunas veces sin respuesta por qué dejé de leer. Tal vez, como Obelix, me caí en la marmita de la lectura siendo pequeño.

El año pasado, cuando empecé a trabajar como programador, me di cuenta de las increíbles dificultades que tenía para concentrarme. En cuanto me descuidaba estaba de nuevo vagando por el tiempo y el espacio con preferencia por las inmediaciones de 1990. Tal vez estas dificultades para concentrarme fueron la razón por la que dejé de leer, especialmente narrativa. Recuerdo a menudo leer y encontrar que hacía tres páginas que había perdido el hilo de lo que estaba leyendo. Es muy triste, pero así es gran parte del Big Crunch: muy triste.

A medida que me voy recuperando y que voy sintiendo más ganas de vivir y me puedo concentrar más fácilmente, sí que voy notando que tengo más ganas de leer. De momento estoy con el ensayo, avanzando lentamente con la lectura de “Trance generativo”. No es muy divertido, pero sí muy efectivo.

Y esa es mi lista narrada. ¿Quién más se anima a compartir sus recomendaciones literarias?

Fuente: Annie Spratt desde Unsplash
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