Procesando burocracia

¿Atacando burocracia? ¿Procesando burocracia? Probablemente la segunda me suscita representaciones internas más pacíficas. Teniendo en cuenta el miedo que siento al descolgar el teléfono (¿descolgar?) para llamar a una institución estatal alemana y hacer gestiones, hoy estoy enfrentándome a un par de sapos respetables.

Primero el Arbeitsamt, viejo conocido nuestro, el amable INEM alemán; ahora en su versión de Augsburgo. Me han dado de alta como “buscante de trabajo”, que dicen aquí, y mañana tengo que pasarme por las oficinas en el exiguo horario de atención al público que tienen: de 8 a 11 de la mañana.

Segundo, con el todopoderoso Finanzamt, la Hacienda alemana. Según Daniela no tenía que hacer la declaración de la renta por haber estado recibiendo el paro, pero, a última hora, descubrió que sí que tenía que hacerla. Así que, aprisa y corriendo, me dimos de alta en el proceso online y dijeron que me iban a enviar los datos de acceso por correo, con lo cual ya voy con retraso. Dios, es la primera vez que voy con retraso con el Finanzamt. Me veo en una fosa común.

El caso es que han pasado dos semanas y sigo a la espera de la carta con los datos. Como mi asesora financiera es Daniela y voy a faltar del 20 al 1 de Diciembre, quiero dejarle el asunto resuelto para que pueda trabajar, así que esta mañana he iniciado un ping pong telefónico entre el Finanzamt de Múnich, el de Augsburg y el servicio de línea caliente (hotline, aunque puesto así suena diferente) del Elster online, el programa con el que se hace la renta aquí. Este proceso se ha visto interrumpido porque, en la línea caliente, me han dicho que ahora mismo no pueden atender mi llamada. Así de caliente está la línea. Luego saldré a revisar el buzón, por si hubiera sonado la flauta.

Al margen de eso, ayer saqué otro rato para programar.

Cuando las profundidades del Uncrunching, vivía solo, y hubo un momento en que mi hermana regresó de Francia con la familia a ocupar la casa y yo salí para irme a vivir con mi padre. Durante un periodo, conviví con mi hermana y los suyos. A veces pasaba tiempo con mi sobrino Lorenzo.

Uno de nuestros pasatiempos favoritos era mirar por la ventana. Mirábamos los coches.

Los coches circulaban por la calle. Cuando el semáforo se ponía rojo, los coches se detenían. Esperaban un rato y, cuando de nuevo la luz se ponía verde, reemprendían su marcha. No recuerdo exactamente qué edad tendría mi sobrino, tal vez dos o tres años, pero estaba en esa edad en la que aquello era un espectáculo fascinante. Que para él lo fuera, eso era para mí también fascinante. Pasábamos horas mirando por la ventana.

—¡Coche azul! —gritaba, señalando el coche azul que aparecía por un extremo de la ventana.

Cuando el coche era rojo, su excitación alcanzaba un máximo, y pegaba las manos contra el cristal y sacudía las caderas.

Dios, un coche rojo. Era lo más. Hasta yo podía darme cuenta de ello.

El caso es que, por entonces, escribí una bonita y cariñosa columna titulada “Coche rojo, coche azul”, y llevo algunos años intentando encontrarla porque me encantó escribirla y, más tarde, leerla.

Quedan retales de aquella época de ESDLV en el Internet Archive, vía la Wayback Machine. Vi que tenía una API. Eché un vistazo, a ver qué se podía hacer con python.

Encontré waybackpy, un paquete de python que contiene funciones para interactuar con la API del sitio. Me senté un rato y jugué con el mismo.

Conseguí generar una lista que contenía todas URLs que la Wayback Machine había guardado de ESDLV, así que luego fue cosa de guardarlas en un fichero, cada una en una línea, y desde ahí tirar de grep en la consola. Desgraciadamente, nada de coche rojo, coche azul. Lástima.

Pero encontré una serie que escribí entonces acerca del Big Crunch. Dios, 35 capítulos. Empecé a leer.

Eran relativamente largos, y estaban cuidados. Me encontré leyéndolos uno detrás de otro.

“Esto está muy bien”, pensé. “Esto es un libro”.

Y lo es. Es un libro con 35 capítulos.

Así que lo voy a recopilar. Tal vez aproveche el viaje y la estancia en España. Luego tal vez lo comparta aquí para quien lo quiera leer.

Era una época en la que, cuando alguien me preguntaba cómo estaba, yo respondía que mal, y empezaba a contar por qué, lo que terminaba rápidamente en… bueno, puedes hacerte una idea. Así que hice lo que siempre he hecho: coger el blog y desparramarme en él.

Benditas sean las páginas en blanco: ellas sí que saben escuchar.

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#big crunch#burocracia#programación#superación

Contribuciones:

  1. McGlor - 16 de noviembre de 2021 @ 13:59

    Hola! A mi (bueno, y al resto de residentes en Países Bajos) nos toca padecer la Belasting Dienst (hacienda holandesa). Curiosamente, al principio de mi estancia aquí sí que tuve ir a las oficinas varias veces a pelear un par de cosas. Luego ya hice todo online, sin ningún problema desde entonces, pero me despierta bastante inquietud si alguna vez los tengo que llamar para algo. Ahora la verdad es que me acojona más la hacienda española, en breve tengo lío de herencias y cosas de esas, y se me hace más difícil tratar con ellos que con sus socios neerlandeses.

    • Javier - 17 de noviembre de 2021 @ 13:02

      En alemán, belastend significa abrumador. Me ha llamado la atención que sea Belasting Dienst allí. ¿Es una broma?

      Tengo entendido que la Hacienda alemana es muy amable en comparación con la alemana. Muy cooperativa, digamos.

      Por cierto, bueno leerte de nuevo por aquí. Creo que es tu primer comentario tras la reentrada.

  2. Adrián - 16 de noviembre de 2021 @ 14:11

    ¡Seguimos con las mayúsculas en los meses! xD

    Yo estoy aquí desde los tiempos de El Equipo A, ¡esperando con ganas esa recopilación!

    • Javier - 17 de noviembre de 2021 @ 13:03

      Vaya, ¿me he vuelto a colar? Ni me he dado cuenta. Es que últimamente escribo contra el reloj…

      Gracias por la compañía. Son ya casi veinte años, Adrián.

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