Preparando mi primer producto

Estamos que si sí que si no con esto de bajarnos a España este verano. Cada mañana vemos las noticias y las cifras sólo hacen que subir. Ya no es si son altas o si son bajas, sino esa tendencia creciente que nos hace pensar en una segunda ola. Si esto no es una segunda ola, entonces ¿qué es?

Cada día salimos a la calle y nos parece que la cosa está muy relajada. Demasiado relajada. Parece que ya no tenemos miedo al virus. Hoy leí que están entrando jóvenes en la UCI. Joder, yo sí tengo miedo al virus. No me apetece nada que me tengan que entubar; a mí me gusta respirar solito.

Como mínimo le tengo al asunto respeto. Me ha costado más de seis años (o doce, según se mire) empezar a estar bien; como para permitir que la cosa se me doble otra vez. Stop.

Así que estamos dubitativos. Por un lado tengo muchas ganas de ver a mi familia. Por el otro, pues tengo miedo de que las cosas se compliquen y haya otro “Lockdown“, que se le llama aquí, y a saber qué ocurre entonces y para qué correr el riesgo. Pero claro, ahora mismo tengo condiciones idóneas para tomarme un mes de vacaciones y descanso en mi tierra del Mediterráneo, que a saber cuándo voy a poder disponer de un mes así. En fin, menudo dilema. Una alternativa extra, por dar algo más de juego al asunto, es postergar la salida una semana, pero… ¿qué ganamos con eso? No parece que en una semana vayan a estar mejor las cosas. En fin, para cuando estés leyendo esto ya habrá habido una resolución al respecto, pues ahora mismo vuelve a haber cinco días de buffer.

Pero vamos al tema de la columna, que ya llevo un tercio de las palabras para hoy.

El tema de esta entrada es que he estado trabajando en el que sería el primer producto que voy a poner aquí a la venta, más que nada por empezar a hacer pruebas, especialmente con las pasarelas de pago. Ya que en el horizonte está ese pack de audios de hipnosis y meditación, o como sea que lo vayamos a llamar, pues una forma de ir allanando el camino es ponérmelo fácil. Para ponérmelo fácil, un producto que ya tenga, una página en la que venderlo y una pasarela de pago. Este último punto es el más difícil por una sencilla razón: es la primera vez que lo hago.

La manera de pagar por antonomasia en Internet es Paypal. Yo tengo una cuenta de Paypal. Me la abrí hace muchos años la primera vez en que quise comprar algo por Internet. Ahora, no todo el mundo tiene Paypal. La siguiente alternativa es la tarjeta de crédito. ¿Qué se usa para pagar en Internet con tarjeta de crédito? Pues quien está partiendo la pana en los últimos años es Stripe.

Yo no sabía nada de Stripe hasta el año pasado. De hecho, me suena al líder de los Gremlins malos, ese que tenía una cresta en lo alto del coco.

Para qué usar el cerebro cuando podemos tirar de Internet y mostrar, exactamente, a qué nos referimos. Gracias a la fuente.

Pero resulta que Stripe es la pasarela de pago del momento. Así, habiendo hecho está conexión neuronal, no parece muy atractivo entregarle el número de tarjeta de crédito a este bichito cabrón. De ahí que convenga aclarar que Stripe es una pasarela de pago y que lo está petando.

Me enteré en mi antiguo trabajo, pues en el frontend de nuestro producto las escuelas de idiomas ofrecían cursos y la posibilidad de comprarlos desde la propia página web, con lo cual había que tener un medio de pago disponible y Stripe era el elegido.

Stripe permite el pago con tarjetas de crédito de todo tipo y, por lo que he escuchado en algunos podcasts, tiene el plus de que el pago se realiza desde la misma página web que ofrece el producto, lo que simplifica el proceso y facilita la compra.

Antaño, cuando comprábamos algo en Internet, éramos redirigidos a la página de Paypal o, peor todavía, a la página de la entidad bancaria en cuestión. Era un ir y venir entre páginas, tanto de ida como de vuelta, y las probabilidades de que algo se torciera durante el proceso eran altas y por tanto, las probabilidades de que se frustrara la compra, también. Con Stripe, esto parece estar resuelto.

Así que, tras probar un par de plugins que ofrecieran Stripe, terminé encontrando uno gratuito con buena pinta. Luego me puse con la página de venta.

Creé una página en la que poner una pequeña descripción del libro y creé un par de botones: uno para comprar el libro y otro para descargar un extracto del libro. La disposición de los botones está pensada para facilitar el proceso de compra, pues últimamente estoy escuchando el podcast de Marketing Online de Joan Boluda y me estoy avispando en poner atención en facilitar el proceso de compra: en ponerme en el lugar del comprador y aprender a ponérselo fácil. A veces no compramos por pura pereza.

Me sorprendió darme cuenta de que no tenía una versión del libro electrónico en formato epub, así que pasé una tarde entera volviendo a armar el libro entero, capítulo a capítulo. Fue un proceso farragoso y lento, pero estaba animado y lo terminé en un par de horas. No encontré la portada en un tamaño grande, así que le puse lo que encontré por el disco duro para comprobar que la portada sale en el extracto algo estirada. Eso está por corregir. Finalmente, cuando quise copiar el fichero al lector de ebooks de Daniela, me encontré con que ya tenía allí un Diario Teutón y tenía una portada en buenas condiciones, lo que me hizo lamentar especialmente el palo que me había dado de armar de nuevo el libro entero. En fin.

Cogí los ficheros y los subí a Dropbox. Eso tiene la ventaja de que Dropbox pone el ancho de banda de las descargas, pero tiene la desventaja de que abre el enlace con un lector en el navegador, y no resulta muy obvia la opción para descargar el fichero. Esto también es algo para mejorar, bien poniéndolo en Google Drive o directamente en mi servidor, pues es un fichero relativamente pequeño y generará poco tráfico.

Ayer, finalmente, me puse con el rollo de Stripe. Me hice una cuenta en el servicio, encontré el par de llaves de pruebas, las incluí en la configuración del plugin y encontré la manera de hacer una prueba de compra, que funcionó muy bien.

Quedan muchos detalles para ir puliendo este tema, pero ahora mismo ya están los mimbres en su sitio, al menos para ir haciendo pruebas.

Si queréis, podéis descargar el extracto de El Diario Teutón para ver el aspecto que tiene. Me pregunto cuántos de vosotros ya lo habéis leído.

El extracto contiene los primeros capítulos para que el comprador potencial pueda hacerse una idea del libro y tomar una decisión informada.

Así, ya digo, queda ir puliendo el asunto poco a poco, continuar haciendo pruebas, corregir los estilos de las diferentes páginas, hacer un texto que presente el libro de una manera lo suficientemente atractiva como para que anime a la compra y esas cosas. En fin, muy interesante. Montando el sistema de tuberías por el que poder recibir dinero.

Y mientras tanto, con el mazo dando.

Habiendo terminado la serie de grafitis, ahora vienen algunos lugares pintorescos de Haidhausen, el bonito barrio afrancesado en el que vivimos.
Esta es la Weissenburgerplatz en su florido esplendor.
Fuente: Javier
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#el diario teutón#foto#libro#pago#pasarela#producto#stripe

Respuestas

  1. Dani - 5 de agosto de 2020 @ 13:33

    Yo lo tengo y lo he leí hace años. Recuerdo que me reí muchísimo.

    Buena idea la de las fotos para las entradas. Muy chulas las de los grafitis y estas también.

    🙂

    • Javier - 6 de agosto de 2020 @ 10:16

      Jejeje, gracias por la crítica del libro, Dani.

      ¡Y muchas gracias por apreciar las fotos! ¡Eres el primero que dice algo!

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