Mil palabras más

He escrito las páginas matutinas de hoy. En teoría ya habría terminado. Me dije: “¿Qué tal si hago unas páginas matutinas cada día durante estos tres meses en que voy a estar parado y así en tres meses he publicado noventa columnas y tengo algo de contenido en el blog y así conozco gente y quién sabe adónde me lleva esto esta vez?”.

— Eso suena muy bien. ¿Y podré grabar podcasts si quiero?

— Claro que podrás grabar podcasts.

— ¿Y podré grabar vídeos?

— Sí, claro, Javier. Lo que tú quieras.

Y eso me puso muy contento. Era como que podía hacer lo que quisiera.

Al día siguiente, hoy, me desperté a las seis de la mañana. Era como en los viejos tiempos, cuando no podía dormir porque estaba tumbado en la cama escribiendo cosas. Me levanté pronto y a las siete y media de la mañana ya estaba aporreando el teclado. Estaba sentado frente al monitor una hora antes que cualquier día de trabajo en los últimos catorce meses. Si hubiera sido un perro, mi colita se habría estado sacudiendo de alegría de un lado al otro.

Así que me senté y escribí las páginas matutinas. Pero ya lo veía venir: eso no bastó. No sabía cómo iba a titular lo siguiente, así que lo llamé “Título nueva columna” y seguí escribiendo.

No sé, no lo entiendo. Y he llegado al punto en que no necesito entenderlo. Si tengo que escribir escribo. Me daría algunas explicaciones al respecto, pero al parecer tengo cosas más urgentes que contar ahora.

Llevo dos años viviendo en Múnich. Está bien, aunque hay mucha gente. Es una gran ciudad con muchas personas. Hay gente por todas partes, aunque no a todas horas.

Empecé a salir a correr hace tres semanas, como parte de mi terapia. ¿Qué hago con mi ira? Pues mira, vamos a empezar a correr. Tres veces por semana. Lo que sea que se sienta bien y que sea lo suficientemente progresivo como para ser sostenible, para que, en diez años, pueda estar todavía corriendo. Me hace bien.

Me hace la hostia de bien, lo echaba mucho de menos. Dejé de correr en 2013 ó 2014, cuando dejé de saber si era yo el que se movía por encima del suelo o si el suelo se movía por debajo de mí. Einstein diría que todo es relativo, pero para mí correr se había convertido en una experiencia absurda, sin sentido. Todavía me llevó algo más de tiempo saber por qué.

Y ahora estoy aquí, escribiendo para el blog. ¿Adónde irá esto? No lo sé, pero se siente bien.

Me he montado un WordPress y le he puesto un tema básico. De momento tengo un esqueleto de blog. Con eso puedo empezar. Ahora necesito unas cuantas columnas, que el dominio de elsentidodelavida.net apunte al nuevo servidor y que aparezca alguien por aquí y deje un comentario. Porque esto va, básicamente, de conectar.

Ya iba de conectar entonces, en 2002, cuando, creo recordar, abrí el blog por primera vez. No lo llamé elsentidodelavida.com; lo llamé el sentidodelavida.net. Ya entonces se trabaja de conectar, de articular posibilidades, de sentirme comprendido. Yo era un bicho raro, solo y desgraciado.

Daniela viene por detrás y me da un beso.

— Oh, escribes y escribes y escribes —dicen en español—. ¿Me ayudas con esto? —dice y abre la ventana y señala los tendederos en el balcón.

El sol se levanta sobre los edificios colindantes en el patio interior y ella quiere sentarse en la terraza y absorber hasta el último de sus rayos.

Ahora ya no estoy solo, ya no soy tan desgraciado. Muchas cosas han cambiado y muchos años han pasado. Mucho trabajo ha sido realizado, cantidades ingentes.

Y a pesar de tanto cambio, algunas cosas permanecen.

Permanece el blog y permanecen las ganas de escribir. Sigo siendo un bicho raro pero igualmente soy humano y necesito comunicarme y conectarme y sentirme comprendido. El sentido de la vida.

Y aquí estoy, en esta continuación de las páginas matutinas, mirando el marcador de palabras: 700 Wörter ya en esta segunda columna que estoy escribiendo hoy. ¿Cuánto escribiré? No sé, tal vez cinco o seis columnas. Daniela está en la terraza trabajando, con las gafas de sol y los pies sobre una silla. Yo estoy aquí escribiendo y, mientras lo hago, no tengo que enfrentarme a algunas cosas desagradables que esperan a que termine.

Por ejemplo, completar mi currículum vitae en la web de la Agencia de trabajo alemana, supongo que algo así como el INEM.

— ¿Cuál fue la última empresa en la que trabajó? —decía la mujer amablemente al otro lado de la línea—. ¿Y cuándo dice que empezó? ¿Y cuál fue su función en la empresa?

— Programador.

— ¿Y qué hizo antes que eso?

— Estuve trabajando como conductor en el concesionario de BMW en el Frankfurter Ring. Conducía los coches por el interior de las dependencias, del taller al aparcamiento, o del aparcamiento a la puerta principal. Esas cosas.

— ¿Y qué hizo antes de eso?

Buf, ¿qué hice antes de eso? ¿Revolverme de dolor? ¿Pasar los días tumbado en el suelo retorciéndome sobre mí mismo? ¿Fumar marihuana en grandes cantidades para poder soportar la sensación de estar partiéndome en dos por la parte alta del pecho? ¿Cómo cuenta eso para el currículum?

¿Qué hice antes de eso?

Mi experiencia laboral se perdía en la bruma y la confusión, en el dolor y en la angustia, en las náuseas y el insomnio. Ahora tenía que enfrentarme de nuevo a todo aquel montón de mierda del tamaño del Everest. Cualquier otra cosa era mejor. Sentarme y escribir era como el cielo y el paraíso, ajeno a todo aquello, lejos de un pasado angustioso, de sensaciones de desconexión, de incomprensión, de no estar en ninguna parte. De no existir.

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#dolor#marihuana#trabajo#vida

Respuestas

  1. Luisp - 8 de junio de 2020 @ 17:36

    Me alegra que estés de vuelta. Tus palabras me han inspirado y de alguna manera me han ayudado a cambiar para mejor.

    • Javier - 8 de junio de 2020 @ 18:04

      Gracias por tu comentario, Luisp. Me alegro de que estés por aquí. Me llega profundo el leer que mis palabras te han inspirado y te ayudaron a cambiar para mejor. Un abrazo.

  2. Jose - 8 de junio de 2020 @ 23:20

    Me alegra leerte de nuevo. Tu antiguo blog me ayudó durante una etapa dura en mi vida hace como 13 años. Espero seguir leyéndote por muchos años más y por supuesto te deseo lo mejor! Un abrazo

    • Javier - 9 de junio de 2020 @ 11:09

      Gracias Jose por tu comentario. Me alegra mucho saber que ESDLV te ayudó durante una etapa dura. Eso me resulta muy gratificante, así que gracias por compartirlo conmigo.
      Te deseo también lo mejor! Un abrazo! 🙂

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