Mac OS Monterrey

Me dice Dani que hay una nueva versión del sistema operativo. Monterrey, se llama. Seguramente en algún momento el ordenador me dirá que me la descargue, pero a mí lo que me gusta es instalar cosas poco probadas y meterme en líos y complicarme la vida, para qué nos vamos a engañar, así que he pulsado en la manzanita mordida (maravillosa metáfora), he seleccionado “Acerca de este Mac” y ya estoy descargando actualizaciones. Que el cielo nos pille confesados.

No sé ni lo que trae la actualización. Algo de Safari, una aplicación llamada “Atajos” que dice Dani que me va a gustar y qué sé yo qué más. Bajando está ya. También le he dicho al ordenador que se mantenga automáticamente actualizado; así tal vez me evite estos quebraderos de cabeza en el futuro.

Y es que la cosa está en que hoy estoy con un dolor increíble y punzante y entumecido en la parte posterior alta del pecho y necesito lo que sea para distraerme, y como no tengo bastantes cosas, pues elijo una que, además, me pueda escacharrar el ordenador. Tendría que estar limpiando la escalera, pero aquí estoy: haciendo el gilipollas. Lo primero es darse cuenta.

Antes de seguir, mencionar que el programa de comprimir PDFs que mencioné ayer es una castaña. Redujo el PDF de 29 a 0.5 megas, básicamente, haciéndolo fosfatina, como cualquiera mínimamente avezado en el asunto informático podría haber sospechado. Yo lo hice, pero revisé el archivo y las fotos tenían buena pinta. Más tarde, cuando mi suegro me llamó y revisé de nuevo el fichero, vi que el programita de marras había dejado las fotos hechas puro pixel art. Debí de haber revisado mal.

Jugué con las opciones que ofrecía el programa para gestionar la calidad de la reducción. Todas daban el mismo pésimo resultado: inusable.

Al final he descargado Lightweight PDF. No tiene ninguna opción, pero tampoco le hace falta. Dejó las 29MB en casi 4, y con buen aspecto, suegro approved. Una cosa menos. Desde ahí, un par de iteraciones más en el ciclo de desarrollo para corregir malentendidos lingüísticos del alemán (es increíble cómo todo es modular en este idioma) y a volar els colombs, que decía mi padre.

Con este dolor embotado estoy de una mala hostia increíble. Me siento como si estuviera luchando contra alguien que me está intentando partir en dos. Imagínate cocinar unas croquetas, como hoy, en este estado. Imagina que, después de hora y media de hacer las putas croquetas, le das una al Luqui y te la tira al suelo. Le ha faltado bajarse de la sillita y pisarla como una colilla. Buf, me ha hervido la sangre. Mi habilidad para reprimirme a veces vale oro puro. Es un buen momento para empezar a apreciarla más.

Y es que lo que siento ahí atrás es increíble. Literalmente, no me lo puedo creer. No me puedo creer que eso esté tan retorcido. Es irreal. Es absurdo. Es imposible. Y, en particular, es todas estas mismas cosas que eso haya estado así los últimos treinta años. ¿Cómo es posible? Pero mientras tanto, Monterrey. Cuando todavía no me había cansado de los bellos fondos de escritorio de Big Sur.

Daniela me dijo que puedo hacer lo que quiera con lo del NAS, pero que empiece haciéndole una copia de seguridad a manopla de las fotos del móvil. El resto lo puedo hacer en cómodos plazos porque, es verdad, no es urgente. Solamente es una manera de entretenerme y despistarme del dolor.

En esa misma onda, hoy se me ha ocurrido otro proyecto fabuloso: un parseador de ficheros iCal para ajustar el calendario de recogidas de basura de Stadtbergen. Me explico.

Ayer por la tarde, todo ufano, bajé al sótano, tomé todos los sacos amarillos, los subí y los colgué de la valla. De acuerdo a mi agenda, a la mañana siguiente pasarían a por ellos. Bien, ha pasado ya el mediodía y los sacos siguen ahí colgados para escarnio vecinal. He revisado el calendario y parece que pasan a por ellos mañana por la mañana. En fin, mejor equivocarme de día que olvidarlo. ¿Qué ha sucedido?

El calendario oficial señala el día de recogida, pero eso a mí me resulta de poca utilidad. Yo quiero saber cuándo tengo que sacar el contenedor o los sacos de turno. En general, eso ocurre la tarde-noche anterior a la recogida.

Hasta ahora he estado, a manopla, ajustando las citas al comenzar la semana: si el jueves pasan a por el contenedor de basura normal, pues me pongo un recordatorio el miércoles por la tarde. Esto ha estado funcionando bien… hasta ayer. Debí de colarme moviendo fechas. Así que…

¿Acaso no sería genial escribir en python un parseador de ficheros iCal del calendario de recogidas de basura que analizara el fichero y tomara las fechas y las cambiara al día anterior por la tarde? Pues sí, estaría genial. ¿Cuánto me llevaría? ¿Un par de horas? Genial. ¿De dónde las saco? ¿De verdad tengo necesidad de algo así?

La respuesta es: Monterrey.

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#dolor#ical#Mac#monterrey#python

Contribuciones:

  1. Adrián - 28 de octubre de 2021 @ 19:19

    Aquí otro que ha actualizado. Por ahora no noto gran cambio.

    ¡Un abrazo!

  2. Ramón - 29 de octubre de 2021 @ 08:39

    Otro actualizado! Sin grandes novedades y ningún problema, eso es bueno. Lo de Atajos tiene muy buena pinta, pero hay que dedicarle una pensada para que sea útil. Para los PDFs uso http://www.ilovepdf.com/es y los resultados son muy buenos.

    ¡Buen fin de semana!

    • Javier - 29 de octubre de 2021 @ 11:10

      ¡Ostras, Ramón también con Mac! Si haces algo con Atajos, comparte la experiencia, porfa.
      Gracias por el enlace. Tiene muy buena pinta y he visto que también tiene versión para el escritorio.

      ¡Gracias! ¡Buen fin de semana a ti también!

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