Gestorías, contratos y basuras.

Me siento en la penumbra y abro el MacBook. Se abre con un tono casi mágico, con las teclas iluminadas. ¡Hasta se puede regular el brillo de las teclas! Cómo me alegro de haberme comprado este ordenador.

Llevamos ya una semana larga en la casa nueva y, poco a poco, terminamos de desembalar las cosas y de mover los últimos muebles. Siguen quedando un montón de cosas por ajustar pero, lentamente, la casa nueva va tomando forma. ¿Qué puedo contar que haya sucedido en los últimos días, después de la pausa del fin de semana?

Se resolvió el asunto con la gestoría. O, más bien, resolví el asunto con la gestoría, que estoy aprendiendo a expresar las cosas de modo que me pongo como agente activo en mi realidad. Las cosas no se resuelven solas, desgraciadamente. Ya me gustaría a mí. Me habría ahorrado la llamadita.

Pero llamé desde dos mil kilómetros de distancia. Llamé varias veces, de hecho, hasta que conseguí hablar con la buena mujer. Descubrí varias cosas interesantes.

Se puede cambiar un contrato de compraventa así, a las bravas, sin reunir a las partes ni nada. Al menos la gestoría lo puede hacer. No me parece muy riguroso pero, desde luego, me parece muy funcional.

El contrato me lo pasó la mujer en blanco, a mí y al comprador, para que lo firmáramos. Los detalles los rellenó después una compañera. Primero se firma el contrato y luego se rellena… Lo mismo: no muy riguroso pero sí muy funcional. El caso es que por eso no leí el contrato al firmarlo. Pero mejor me desengaño: tampoco lo hubiera leído si me lo hubiera pasado ya rellenado.

No fue la mujer que me atendió quien cometió los errores sino su compañera. Ella sólo recogía los datos.

El asunto me tuvo inquieto una tarde entera. Se juntaban varias cosas que me aterran: las llamadas telefónicas, el cantarle las cuarenta a alguien y… ya está. Podríamos decir que estas son algunas cosas con las que me aterro, por eso de ir asumiendo la responsabilidad de mi mundo emocional, que vaya tela. Al final me ayudó el hecho de… bueno: me da igual quién haya cometido el error y por qué. Yo lo que quiero es una solución. Eso me permitió enfocarme en una salida funcional al problema y rápidamente le estaba dando los datos correctos y disfrutando de la flexibilidad de los contratos de compraventa en gestoría.

Al margen de eso, una cosa que me tiene fascinado aquí son los contenedores de basura particulares. No sé ni cómo traducirlo. A ver cómo me explico.

Aquí cada casa tiene su propio contenedor de basuras. De hecho, es más bien un “contenedorcito”. Creo que tiene 70 litros de capacidad. Donde en España hay un enorme contenedor o dos en cada calle y todos vamos a él a tirar la basura, aquí cada uno tiene su propio contenedor y la tira ahí, y el contenedor permanece en el interior de la parcela del interesado.

Más allá de eso, mencionar que no tenemos un contenedor sino varios: uno de basura normal, otro de papel y otro de residuos biológicos, como mondas de patata, cáscaras de plátano, culos de zanahoría, etc. De hecho, como en esta casa hay dos viviendas, tenemos todos estos contenedores por duplicado.

La parte más asombrosa viene ahora.

Hay un calendario de recogida de basuras. Tuve la habilidad de encontrarlo en Internet. De hecho encontré una página en la que podía introducir mi calle y me personalizaba el calendario, pues por cada calle pasa el servicio de recogida a una hora diferente. El calendario se puede bajar en pdf, en csv o en formato iCal para añadir al calendario de, por ejemplo, Google. Yo hice esto último, por supuesto.

Pues bien, cada dos semanas, por ejemplo, pasan a recoger el papel. Y hay que estar atento y, esa misma noche, sacar los dos contenedores de papel que tenemos y dejarlos junto a la valla junto a la puerta y con el culo mirando hacia la calle, de manera que vayan pasando y dándoles el meneo preceptivo. A la mañana siguiente hay que volver a entrar los contenedores en casa. Si te olvidas de sacar el contenedor, la has cagado. Estarás almacenando papel en casa durante las dos próximas semanas. Afortunadamente, la basura normal la recogen cada semana. Es un sistema muy laborioso que me ha llamado mucho la atención. Cada noche tengo que revisar el calendario para ver qué es lo que toca y actuar en consecuencia.

Y además de eso, también tenemos lo que llaman el “saco amarillo” o Gelbesack, que es una enorme bolsa de plástico del citado color en el que se tira el plástico. Esta bolsa la almacenamos en el sótano y la vamos cebando con bolsas más pequeñas que van saliendo de debajo del fregadero. Además de eso, está el tema de las botellas y el asunto de las latas, que también requieren de atención personalizada. Un fabuloso mundo, esto de la basura por estos lares.

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