Fantasmas informáticos

Viernes por la noche. Nos vamos a dormir.

—Tu ordenador está encendido —me dice Daniela.

Oh…

Lo había dejado en suspensión desde Windows.

A veces, por alguna razón, se despierta solo unos momentos, hace algún tipo de cosa y, al cabo de medio minuto, se vuelve a poner en suspensión. Lo hace desde que puedo recordar, así que he dejado de hacerme preguntas al respecto.

Me levanto de la esterilla de yoga sobre el suelo, la enrollo pacientemente, la deposito tras el sofá y entro en la pequeña habitación.

El ordenador está encendido. Tiro a apagarlo.

Viene el fin de semana, así que estaré lejos del ordenador. No necesito tenerlo en suspensión, así que, soñoliento, busco torpemente la manera de apagarlo. De pronto, algo me llama la atención.

El ordenador se ha conectado a una red inalámbrica.

Miro mi teléfono móvil. Llevo cosa de un mes, tal vez dos, saliendo desde este ordenador a Internet conectándolo al teléfono móvil en modo hotspot. Pero el teléfono tiene el modo hotspot apagado. ¿A qué red inalámbrica se ha conectado?

Se ha conectado al router.

Después de semanas intentando en vano que establezca una conexión con el router, de la misma forma en que un día dejó de hacerlo, hoy lo ha vuelto a hacer.

Él solito. Se despertó y se conectó al router.

Con ganas de irme a dormir, muy sorprendido, dejo las preguntas para el día siguiente, apago el ordenador y salgo de la habitación. Si Windows ha decidido hacer las paces con el router, por mí fenomenal.

Día siguiente. Enciendo el ordenador. Me alegro de ya no tener que poner el móvil en modo hotspot cada vez que quiera conectar el ordenador a Internet. Arranca Windows.

No se conecta al router. Pruebo varias veces.

“No se puede establecer una conexión”

El mensaje vuelve una y otra vez.

Arqueo las cejas. Pongo el móvil en modo hotspot. Conecto a su red inalámbrica.

¿Pero qué…?

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#hotspot#router#wifi

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