Faltas, Ingenuidad y lágrimas.

Esta es otra de esas ocasiones en las que me salto el título y me pongo a escribir directamente, como ayer. A veces el título no me viene inmediatamente sino que me quedo dudando y, para poder seguir fluyendo, me pongo simplemente a escribir. El título lo puedo poner al final. Siempre tenemos una oportunidad para poner el título al final. ¿Acaso no es eso algo fantástico? Claro que sí. Vamos allá.

Al ir a escribir “vamos” le he metido una b en lugar de la v por eso de que están la una al lado de la otra. Eso me ha recordado un error gramatical que he visto esta mañana en la portada de “El País”. Esas cosas me revientan. A ver si encuentro la noticia. Aquí está.

El error sólo está en el extracto de la noticia, que sólo está en la portada, así que probablemente desaparecerá en las próximas horas. El extracto dice así:

“Aunque las demás inyecciones comprometidas alcanzarían para llegar a la meta en verano, las dosis de la farmacéutica son claves para acelerar el ritmo”

¿Ya has detectado el error?

Las dosis de la farmacéutica no son claves; son clave. Las dosis de la farmacéutica son clave para acelerar el ritmo.

No sé por qué es así, pero es así. Es como “Hizo quince saques de banda”. No son “saques de bandas”; son “saques de banda”. Bueno, tal vez este caso sea diferente. Lo que quería mencionar es que me revienta que, en la portada de un periódico, en un periódico en general pero en especial en la portada, se cometan errores gramaticales así.

Soy de esas personas que sienten un electroshock cuando ven una falta de ortografía o gramática. En mi casa nos llevábamos las manos a la cabeza con estas cosas, y a menudo deteníamos las comidas para ir a buscar el diccionario de la RAE y dilucidar con aspavientos alguna materia lingüística. Un día tuvimos una movida familiar gorda a propósito de si era “Hubieron toros” o “hubo toros”. No voy a entrar en detalles técnicos ahora, pero que sepáis que “hubo toros”, de la misma manera en que “Hubo días mejores y días peores”.

Aprovecharemos la metáfora taurina para cambiar de tercio.

No hay fecha prevista para el vuelo de prueba del pequeño (bueno, kilo y medio tengo entendido) helicóptero marciano, que estoy seguro de que tiene un nombre. Lo voy a buscar y así podremos llamarlo por su nombre de ahora en adelante.

Ingenuity.

Ingenuidad.

Me gusta. Así que el pequeño helicóptero Ingenuidad, Ingenuity, está todavía pendiente de la luz verde para su vuelo de pruebas. Al parecer dio un error al cambiar de modo y empezar a batir las aspas, así que están revisando qué ha pasado. Parece que el fallo ya ha sido corregido y ahora viene la parte de completar las pruebas. Esa es una parte que requiere mucho trabajo.

Eso es algo que aprendí en mi último empleo, como programador. Recuerdo a mi jefe explicándonoslo a mí y a mi colega ruso:

—Una intervención de programación lleva tres partes: primero pensamos y planeamos detenidamente lo que vamos a hacer, luego lo programamos y finalmente lo testeamos. De hecho, la parte de programación es la que más rápidamente se suele completar.

Eso me sorprendió. A menudo la parte de testear era la que más tiempo requería. A veces ni siquiera se podían testear todos los casos, y sólo quedaba esperar que la cosa funcionara bien en los mismos o que esos casos jamás tuvieran lugar.

Buf, ayer lloré. Lloré largo y tendido. Una vez más.

Normalmente me da mucha vergüenza llorar, incluso en casa. Eso hace que, cuando lloro, llore como bajito. Me da vergüenza que los vecinos me puedan oír. Así es. Me da vergüenza extra reconocerlo, pero es así.

Soy un hombre nacido justo al comenzar el post-franquismo. Llorar es de débiles, de nenas o de maricones. Seguramente por eso llegamos a una dictadura en primer lugar.

Me llevó muchos años siquiera llorar. En algún momento de mi recuperación se me hizo obvio que, si quería continuar sanando, tenía que empezar a llorar. Desde entonces debo de haber llorado… ¿cuántas veces? ¿cien? ¿doscientas veces? Ayer aullaba como un perro que tenían los vecinos.

A medida que avanzo en la recuperación voy volviendo a sentir partes de mí que permanecieron entumecidas durante tres décadas. Hubo muy buenas razones para que permanecieran en este estado, pero lo podemos resumir en dolor abrumador, ese dolor que desborda la conciencia. Si lo sintiera completamente de una vez, probablemente me desmayaría.

Ahora, después de más de dos mil sesiones de yoga en los últimos siete años largos, entre otras muchas iniciativas sanadoras, estas sensaciones, todavía siendo increíblemente dolorosas y desagradables, son mucho más asequibles, más manejables, más “sentibles”. Entro en contacto con ellas, siento su desolación y lloro desconsoladamente durante diez o quince minutos. Luego me siento mucho mejor. Las vértebras se mueven mejor tras la liberación emocional.

Y mucho mejor me siento también terminando ya este artículo. Seguramente mañana o pasado entremos en la segunda y última parte del tercer mes de las Cartas a los padres, de modo que, cuando Luqui lo empiece, estemos ya prevenidos acerca de lo que viene y podamos actuar de una mejor manera gracias a esta información.

Entraría de nuevo en el asunto laboral, pero esto quedaría demasiado largo. Ya doy las gracias por haber podido sentarme aquí un rato hoy con vosotros una vez más.

¿Qué tal por ahí?

PD: El Ingenuity pesa 1.8 kilos. 6 Things to Know About NASA’s Ingenuity Mars Helicopter.

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#gramática#helicóptero#Ingenuidad#llorar#marte#ortografía#programar#sanar

Contribuciones:

  1. McGlor - 14 de abril de 2021 @ 19:23

    Hola Javier,

    Siento lo de la noticia de la empresa de Django. Desde luego que a nadie nos sienta bien un rechazo de cualquier índole, pero en lo laboral siempre es una oportunidad para pensar en qué podrías haber hecho mejor para la solicitud previa. Esto suena a muy coaching Mr Wonderful, pero al final buscar curro suele ser una carrera de fondo.

    Lo de llorar está bastante estigmatizado, al menos en la España actual (ya ni te digo en la de nuestros pares). A mi siempre me ha dado la sensación que está en nuestra cultura intentar aparentar normalidad a todo costa, por el qué dirán o vete tú a saber qué. Si tienes una serie de herramientas que te funcionan, pues al carajo lo que piensen los demás.

    Saludines!

    • Javier - 15 de abril de 2021 @ 09:03

      Hola McGlor,

      Un placer leer tu comentario de nuevo. Gracias por escribirlo.

      Coaching Mr Wonderful XDDD Bueno, igualmente funciona 🙂 La verdad es que me alegro de que me hayan rechazado. Lo he estado pensando y me he dado cuenta de que la programación no es precisamente una fortaleza mía. Lo que necesito es una oportunidad para aprender y subirme al carro, pero ya empiezo pidiendo; pidiendo una oportunidad. En otros contextos puedo aprovechar mis fortalezas y la programación ser un plus, pero en un contexto de desarrollo puro podría incluso hasta salir mal parado, así que me alegro de haberme podido ahorrar un mal trago de ese tipo.

      Cierto el estigmatizamiento (?!) del llorar, y no te digo en la España de nuestros padres. Por eso quiero contribuir a que darse una buena llorada sea visto como un recurso importante y natural y una parte de nuestra humanidad que reprimimos y mutilamos innecesariamente.

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