España

Hoy estoy aquí otra vez, por segunda mañana consecutiva, en casa de mi padre. Hace calor, y estoy sentado en la mesa del paellero escribiendo la columna de hoy. Es agosto, estoy de vacaciones, pero sigo al pie del cañón avanzando en el proceso de completar el reto de publicar mil palabras al día durante tres meses. De momento cuento con un búfer de dos columnas, que serían las que necesitaré para completar el viaje de vuelta. A día de hoy, va todo según el plan.

He puesto a la columna el título de «España» pero, que yo sepa, no tiene necesariamente nada que ver con España. Pero claro: todo tiene que ver con España.

Aquí tengo también un viejo portátil. De hecho, es más que portátil. Se trata de un netbook que compré en 2008 ó 2009 cuando regresé de Alemania. Así, tiene como once o doce años. Que un ordenador tan experimentado siga en activo, eso, más que sorprendente, es extraordinario. Va, naturalmente, justito, pero sigue siendo útil.

Es un Samsung N120. Pertenece a la llamada categoría de los netbooks; esto es: es todavía más pequeño que un portátil al uso.

Este está bastante nuevecito, pues lo he usado relativamente poco y lo he cuidado mucho. Así, está prácticamente nuevo. Su única pega es que es muy antiguo y, por tanto, va muy lento. Incluso con Lubuntu, va al límite. Sobre todo al límite de mi paciencia.

Para escribir no hay ningún problema. El problema viene cuando abro el navegador y cargo la parte de administración de ESDLV. Ahí va lento. Le cuesta hacer las cosas. Le cuesta cargar y abrir los diferentes elementos de la página. Pero aún así, ayer pude usarlo para escribir y subir la columna del día. Suficiente. Gracias «Netbukín».

Vista cenital de Netbukín corriendo Lubuntu.
La pelota de tenis es para apreciar su tamaño.

Por cierto, a partir de aquí, en las fotos, si no menciono la fuente, es que la foto es mía.

En otro orden de cosas, mencionar, especialmente para Xavi, que he buscado y encontrado el libro «Trance generativo» que mencionaba en su comentario. Lo compré hace algunos años por recomendación de mi maestra de PNL cuando estuve haciendo terapia con ella. Lo empecé a leer, pero era una época en la que el dolor y la angustia apenas me permitían concentrarme lo suficiente como para leer.

Cuando Xavi mencionó el libro, pensé que se trataba de ese, pero no estaba seguro. Hoy lo he buscado y encontrado y puedo confirmar que se trata del mismo. Lo pongo entre las cosas que me quiero llevar de vuelta a Múnich. Gracias Xavi por la recomendación.

Con esto llevo ya casi la mitad de las páginas matutinas de hoy.

Aquí hace calor. Ese es uno de los puntos definitorios de Valencia en verano. Son las once de la mañana y ya tenemos treinta grados. Afortunadamente sopla una agradable brisa.

Aquí estoy conviviendo con mi padre y mi tío.

Mi padre y mi tío son gemelos. Se parecen mucho. El otro día llamé por videoconferencia a mi padre y respondió mi tío y, de entrada, le confundí. Dentro de lo mucho que se parecen, son muy diferentes. Así, son iguales y diferentes. De esta manera somos todos, pero ellos son la viva encarnación de esta verdad.

Ambos estuvieron casados. Ambos tuvieron un hijo y una hija. Sus dos mujeres murieron de cáncer. Ambos vivían solos antes de que empezara la pandemia. Ellos ya sabían de confinamiento.

Y, cuando empezó todo esto del Covid-19, mi tío se mudó, provisionalmente, a casa de mi padre.

Yo me alegré. Les viene bien. Se hacen compañía y se entretienen. Pasan el día juntos, se hacen comiditas ricas y por las tardes juegan partidas de parchís. Se complementan.

Ayer Fórmula Uno, gran premio de España en «Espaluña», en ese territorio en estado cuántico entre «España» y «República de Cataluña» que, dependiendo del observador, colapsa en un estado o en el otro. «Espaluña» se me ocurrió llamarlo el otro día cuando, viniendo en coche desde Francia, venía charlando animosamente conmigo mismo como si estuviera loco.

Lo podrías poner así. Durante horas me volví loco en el coche, diciendo tonterías, hablando acerca de cualquier cosa que se me pasara por la cabeza. Gritando, cantando, hablando con personas que murieron ya hace años. Aprendí mucho de ese estado de locura que, de alguna manera, aprendí a integrar. Tengo ganas de conducir la vuelta.

Pero para eso quedan todavía un par de semanas aquí. Todavía queda, por ejemplo, el gran premio de Bélgica en el circuito de Spa. Sí, a veces mido el paso del tiempo en carreras de Fórmula Uno.

¿Y qué más puedo compartir hoy antes de cerrar las mil palabras de hoy?

De vuelta a la alfombra frente a la tele, viendo de vídeos de YouTube mientras me balanceo adelante y hace atrás destorciendo mis hombros y el enorme nudo en las cervicales de mi cogote, tengo que aplaudir a un pequeño mosquito. Sí, se puede escribir de las cosas más nimias, como de un simple mosquito.

En la casa del bosque, los mosquitos eran lentos y grandes. Atrapé más de uno al vuelo. Eso sí, algunos me picaron y me provocaron enormes protuberancias en muslos y tobillos. «Pero ¿por qué?» pregunté varias veces.

—Es que depende de dónde haya estado el mosquito antes. Si hace diez minutos ha picado a un jabalí y después vuela y te pica a ti, entonces pasa eso… —me dijo el padre de Daniela señalando el enorme bulto, ese segundo tobillo.

Joder, me veo echando espuma por la boca. Caray con los mosquitos de la casa del bosque.

Los mosquitos españoles, al menos los valencianos, son otra cosa. Son pequeños y veloces. No están quietos, sino que pican y vuelan. Son tan pequeños que apenas los veo. Vuelan tan rápido que ni siquiera los puedo seguir con la vista. Pican breve y despegan de nuevo. Dan un par de vueltas, se posan, pican otra vez y vuelven a despegar. En cinco minutos me ha picado varias veces. Al menos, las picaduras son leves: pican durante unos minutos y después se pasan. Apenas dejan marca.

Oye, yo tengo mucha sangre. Si duele y pica poco, estoy dispuesto a compartirla con los mosquitos. Todos tenemos que comer.

Metiéndome en la piscina, por la tarde, mientras cae el sol, veo un murciélago dando vueltas por encima de la misma. Dicen que los murciélagos comen mosquitos. ¿Es eso cierto? Y especialmente:

¿Cómo diantres lo hacen?

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#España#Fórmula Uno#hipnosis#mosquitos#trance#vacaciones

Respuestas

  1. Rosana - 19 de agosto de 2020 @ 13:06

    ¿Mesa del paellero? ¿Eso existe? Queremos fotos!

    • Javier - 19 de agosto de 2020 @ 13:34

      Pues sí. Tenemos un paellero y hay una mesa. ¿De dónde sale esa sorpresa?

  2. Xavi - 19 de agosto de 2020 @ 18:13

    Que bien que hayas encontrado el libro. Espero que te resulte interesante y útil 🙂

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