El Big Crunch en mil palabras

A lo largo de los últimos años he escrito mucho acerca del Big Crunch. He escrito acerca de ello de diferentes maneras y desde diferentes perspectivas. Hoy voy a hacer un ejercicio de anatomía para explicarlo todavía de un modo más, pues la incomprensión y la ignorancia han sido formidables escollos a la hora de comunicar mi dolor en el pasado.

El otro día, en un comentario, preguntaba Daniel acerca del “suceso traumático que había originado aquella pesadilla”. Bien, yo lo llamé “Big Crunch” con el propósito de reírme acerca de ello. Han pasado más de seis años desde que descubrí esto en las brumas de un trance hipnótico auto-inducido y sigo sin poder reírme, pero ya queda menos.

La historia del Big Crunch es ciertamente fascinante, pero la he contado tantas veces que ya me da pereza, así que tal vez otro día. Vayamos hoy más a la parte de los hechos, y en particular a la parte de los hechos anatómicos.

El nombre oficial del Big Crunch es “Full Nelson”. Enter Wikipedia:

The full nelson (sometimes called a double nelson or a double shoulder lock) is done by performing half nelsons with both arms. In collegiate, high school, middle school or junior high school, and most other forms of amateur wrestling, the move is illegal because of possibility of injury.

https://en.wikipedia.org/wiki/Nelson_hold#Full_nelson

Traduciendo:

El full nelson (a veces llamado doble nelson o doble bloqueo de hombros) es llevado a cabo realizando medios nelsons con ambos brazos. (…) en la mayor parte de formas de lucha amateur, el movimiento es ilegal debido a la posibilidad de lesión.

Javier Malonda (traductor amateur)

En realidad el nombre Big Crunch va mucho más allá de la maniobra en sí, haciendo referencia a las consecuencias físicas, psicológicas y emocionales de un Full Nelson llevado casi hasta el punto de tener consecuencias fatales.

Ahora, este es el aspecto que tiene:

Full Nelson en la lucha libre profesional

Yo debía tener unos 14 años aunque no iba en calzones amarillos. Mi compañero de clase, el típico repetidor de curso / aterrorizador de niños / abusón de colegio, retratado en la serie “Los Simpson” en el personaje de Nelson (coincidencia casual), debía de tener un par de años más que yo, pesaba más, era más grande y estaba notablemente más fuerte. Además de esto, hay que sumar las virtudes de la ley de la palanca mediante la cual, gracias a un punto de apoyo, se puede mover el mundo (literalmente). ¿Cuántos kilos de fuerza y Newtons/metro de par motriz puede aplicar un mastuerzo de 16 años en plenitud física?

Más de los que pude soportar.

Mi campo de visión se dividió en dos: a un lado vi mi entierro. Al otro lado me vi en una silla de ruedas mientras alguien me metía una cuchara en la boca.

Me metí por en medio.

A lo largo de los últimos seis años, desde que descubrí esto, he estado tratando de expresar mi dolor, mi angustia y la devastación que aquella experiencia, que duró apenas un momento, me ha causado. Ha sido como estrellarme repetidamente contra una pared. ¿Cómo comunicar un dolor más allá de la imaginación? La única manera verdaderamente efectiva sería causar ese mismo dolor.

Eso es para mí inaceptable, así que, a largo de los años, he estado buscando y encontrando maneras de expresar ese horror mientras he ido desarrollando comprensión para con mis semejantes. Al fin al cabo, ¿cómo puedo pedirles a los demás que se pongan en mí lugar cuando ni siquiera yo, equipado con estrategias y herramientas aprendidas y pulidas a lo largo de los últimos 10 años, consigo ponerme en mi propio lugar?

Hoy voy a hacer un nuevo intento. Ya sé que dicen que una imagen vale más que mil palabras y, según esa creencia, esta entrada se va a ir muy por encima de las mil palabras de costumbre; pero lo vale.

Vamos con ello. Te invito a un ejercicio de empatía y compasión.

Supón que tienes 14 años y llevas calzones amarillos:

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es FullNelson01.jpg
¡Oh my God, el tiempo y el espacio se disuelven! ¡Hace un momento toda mi vida parecían muchas décadas y ahora parecen pocos segundos! Einstein tenía razón. Todo es subjetivo… ¡Y de qué manera!

Pero he dicho que no voy a entrar en los niveles emocionales y psicológicos de una experiencia cercana a la muerte. Así pues, limitémonos a la vertiente puramente anatómica y mecánica.

Cuando hablo acerca del Big Crunch, la gente suele pensar, a juzgar por sus respuestas, algo así como:

—Pues el cuello se dobla hacia adelante y luego te suelta y ya está, ¿no? Después todo vuelve a su sitio. ¿De dónde viene tanto alboroto?

Eso es consecuencia de un modelo mental extremadamente simplificado y rudimentario acerca de la anatomía humana y en particular de la parte alta del tronco, una zona extraordinariamente compleja en la que diferentes capas de músculos se entrecruzan y solapan entre sí alcanzando y asiéndose a huesos en diferentes lugares de maneras sorprendentes.

Así pues, la pregunta es: en un Big Crunch… ¿qué puede salir mal?

¿Qué pasa con el timo? ¿Qué pasa con el corazón y con los pulmones?

¿Cómo se supone que se tiene que doblar la columna hacia adelante en ese punto en el que se encuentra con las primeras costillas, en la primera de sus curvas entre la región cervical y la torácica?

¿Qué pasa con la tráquea? ¿Qué pasa con la garganta?

¿Acaso crees que la devastación se termina en el cuello o en la parte alta del pecho? Piensa otra vez.

Y el cuello, es sencillo, ¿verdad? Se dobla y ya está, y luego vuelve.

Y estamos solamente en la superficie. ¿Qué crees que pasa en las profundidades? ¿Cuántas formas diferentes puede tomar un desastre?

¿Se dobla hacia adelante y ya está? ¿De verdad? ¿De cuántas maneras diferentes puede uno desencuadernarse?

Hablemos de los hombros ahora. Tal vez las siguientes imágenes puedan arrojar luz acerca de por qué sentía cada hombro rotado casi 180 grados en direcciones opuestas.

No tienes ni idea de lo que puede llegar a doler este hijo de puta:

Los tendones de los hombros, estas criaturitas, ¿crees que se quedan ahí en un Big Crunch o salen de paseo? En este viaje se retuercen hasta los dedos de las manos.

Ignoré, de alguna manera casi sobrenatural, todo este daño durante 25 años. ¿Cómo hice para entumecer el dolor de vivir desencuadernado durante todo ese tiempo? ¿Cómo hice para anestesiar cantidades abrumadoras de dolor?

Miedo. Terror. Pánico. En cantidades ingentes.

Haciendo cada vez más de estas cosas para generar la suficiente adrenalina como para lograr que todo eso me pasara desapercibido. El problema era dormir en esas condiciones. Y un problema cada vez mayor fue mantener ese estado durante más de dos décadas.

En fin, un asunto fascinante. Ojalá haya conseguido explicarme. Poco más de 1.000 palabras.

Todas las fotos pertenecen a sus respectivos dueños.
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#anatomía#aprender#big crunch#dolor#full nelson#nelson

Respuestas

  1. Jose - 20 de julio de 2020 @ 11:31

    Se puso de moda. A mi también me lo hicieron calculo que hará 30 años o así.

    Por suerte el imbécil que me lo hizo era de mi edad y no apretó más de la cuenta. Recuerdo perfectamente el momento. El chico era un rubito guapito que en el último año se había engordado y se había “estropeado”. Creo que tenía problemas en casa. Pero yo a ese tío no le había hecho nada. Casi ni nos tratábamos.

    El patio estaba lleno de gente y me pilló de improvisto. Es una situación bastante humillante sobretodo cuando tienes 11 o 12 años.

    Apretó lo justo para inmovilizarme. No me crujió. Pero, tras estos años, recuerdo bien la sensación que te queda en el cuerpo tras eso. El cuerpo se tiene que reajustar.

    Como digo, la suerte que tuve es que a mi no me crujió el imbécil de turno pero esa llave puede llegar a tener consecuencias trágicas como ha quedado claro.

    Lamento lo tuyo Javier y te envío ánimos.

    • Javier - 20 de julio de 2020 @ 12:21

      Gracias, Jose. Me resulta reconfortante encontrar a alguien que pueda hacerse una idea de lo que puede llegar a ser eso. Han pasado treinta años y mi cuerpo todavía se está reajustando.

      Y la parte humillante, pues la verdad es que todavía lo estoy asumiendo.

      Gracias por tu comentario y por los ánimos, Jose.

  2. Daniel - 24 de agosto de 2020 @ 23:58

    Hola Javier,

    ¡Me siento honrado de aparecer en uno de tus posts! Es una sensación muy interesante esa de sentir que tus comentarios moldean el contenido del blog 🙂

    Estaba organizando mi librería de Calibre y he visto uno de tus libros y me he acordado de tu nevo blog. He ido mirando todos los tus posts desde el día de hoy buscando algo del big crunch.. y aláaa aquí estaba.

    Muchas gracias por el post. Siento mucho que tuvieras que pasar por eso. En mi escuela (o en mi época) no vi nunca a nadie hacer eso. Sí vi hacer “la vaca”: entre 3 o 4 cogían a alguien manteniéndolo en horizontal con las piernas abiertas, y corrían a toda velicidad hacia algún poste, p. e. contra el poste de una casta. La entrepierna recibía a la canasta.

    Saludos y ánimos Javier!

    • Javier - 25 de agosto de 2020 @ 13:42

      Gracias Daniel por el comentario.

      Claro, hombre. Os animo a hacer comentarios, que ya os digo que esto es algo que hacemos entre todos.

      “La vaca” esa que mencionas la llamábamos nosotros “Nombrar caballero”. Una profesora nos contó un día que a uno le habían reventado un testículo en nuestro mismo colegio. Ya ves, qué divertido. Eso de encontrar diversión en el daño ajeno es muy español y muy lamentable.

      Gracias por los ánimos. Un saludo, Daniel!

      • Daniel - 25 de agosto de 2020 @ 16:37

        Madre mía qué jungla de colegio :(. Echando la vista atrás, me pregunto cómo sobreviví sin ningún percance significante, porque cada dos por tres había alguna movida, eso era el salvaje oeste. Ahora bien, el tuyo parece mucho peor.

        • Javier - 26 de agosto de 2020 @ 19:09

          Mis mayores alegrías son: poder respirar por mí mismo y poder tenerme de pie, en ese orden.

  3. Ed - 25 de agosto de 2020 @ 14:40

    Ufff, me he quedado aterrado al leer esta entrada (he leído todos tus post de las últimas décadas y este se me escapó en el RSS).
    Siempre pensé que el Big Crunch era algo metafórico, no un Double Nelson físico y real en tu cuerpo 🙁 Cuanto lo siento Javier.

    Hemos soportado demasiado mobbing físico (y no me refiero a cuando inconscientemente nos destrozábamos la espalda jugábamos al “Churro va, Churro media manga, manga entera”)
    Yo también recuerdo con pavor “la vaca” (en mi colegio se llamaba el “cascanueces”), otra tortura era el “beso de la vaca”, pero mejor no remover malos recuerdos.
    Algunos somos supervivientes.

    Desde mi adolescencia arrastro un problema de salud serio que ha condicionado mi vida y que no tiene un origen médico claro. En 7º o 8º de EGB recibí un puñetazo muy fuerte en la cabeza. Quiero pensar que fue algo fortuito. Uno de los malotes grandullones de la clase iba corriendo en el patio del recreo, y yo me topé con el al girar una esquina del edificio. Creo que su puño golpeó mi sien y quedé noquedado. No se si lo hizo a posta. La gente se rió, yo hice como si nada hubiese pasado (tuve un moratón en la cabeza que oculté a mis padre con alguna escusa) y la vida siguió su curso.
    5 años después comencé a tener problemas en esa zona pero no lo relacioné hasta 20 años después. No se como este episodio olvidado de la niñez. Quizás fue el origen de mis problemas. Lo bueno es que ya casi lo he superado.

    • Javier - 26 de agosto de 2020 @ 19:03

      Sí sí, no era metafórico, no. El Big Crunch es un nombre “grachiocho” para bueno, ya sabes…

      Buf, tremenda la historia del puñetazo. Estas cosas tienen que servir para algo… pero ¿para qué?

      Gracias por el comentario, Ed.

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