Crisis hospitalaria

Ya puedes suponer por el título que la cosa no va de risas y de buen humor, que buen humor hay, que para qué perderlo, pero que la cosa está más triste que otra ídem. Con un giro inesperado de los acontecimientos, de esos que hacen la vida más emocionante, la cosa se ha puesto más fea. Y después de esta entrada tan cosificada, vamos con el meollo de la cosa, digo del asunto.

Como sabéis, mi padre estaba en el hospital aquejado de una neumonía. Estaba encamado, con su gotero y tal, pero más o menos bien y estable y mejorando, lenta pero adecuadamente. Ayer hablé con mi hermana y hablaba de ir a visitarle. No iba a salir de allí esta semana pero seguramente sí la siguiente. En cualquier caso, iba a salir de allí.

Pues bien, ayer por la mañana, a media mañana, después de hablar con mi hermana y encontrarme lo que acabo de describir, llamé a mi tío Tato, gemelo de mi padre, para preguntarle cómo estaba, pues esta situación tiene que ser especialmente dura para él por partida doble: por hermano y por gemelo.

Resultó que salía en ese mismo momento hacia el hospital porque la cosa había empeorada rápida y drásticamente: habían bajado a mi padre a la unidad de cuidados intensivos y le estaban dando todo el oxígeno que podían a través del clásico tubito que lleva aire hasta la nariz; si no respondía, habría que sedarle y entubarle. Se despidió a punto de echarse a llorar.

Me quedé entre helado y de piedra, que viene a ser casi lo mismo. De pronto había pasado de poder volver a hablar con mi padre tal vez la semana que viene a tal vez no volver a hablar con mi padre nunca más.

Después de un buen rato llorando desconsoladamente, llamé a mi hermana de nuevo. Ya estaba en el hospital y estaban esperando a poder hablar con el médico. Me explicó algo más de la situación.

Al parecer, al ser tratada la neumonía e ir despejándose el pulmón, o los pulmones, que todavía lo tengo confuso, se había podido adivinar un tumor. Pero vamos, que tampoco se atrevían a decir nada más antes de poder hacerle un TAC, y para poder hacerle un TAC había que estabilizarle y llevarle a la máquina. Nos despedimos.

Pasé una buena parte del día llorando. Mi padre podía morir en cualquier momento.

A dos mil kilómetros de distancia, me lo imaginaba tumbado en la cama con los ojos cerrados y un tubo bajándole por el esófago. Recordé los buenos momentos que pasamos juntos y el padre que fue para mí. Lloré y lloré. Lloré y lloré. Y entonces lloré un poco más.

Me planteé la posibilidad seriamente de meterme en un avión pero, siendo que no puedo hacer nada, prefiero quedarme con los recuerdos que tengo de haber estado juntos este verano, que gracias a Dios que tomé la decisión de viajar a toda costa.

Recuerdo cuando llegué a casa. Me bajé del coche y, con la mascarilla puesta, me acerqué a mi padre y fui a darle uno de esos nuevos saludos con el codo. Mi padre me lo apartó, se acercó a mí y me dio un abrazo. Me dijo:

—Ahora ya me puedo morir.

Me lo tomé a broma, pues mi padre bromea mucho con estas cosas. Ahora ya no me hace tanta gracia.

Es ley de vida. Todos morimos. Aún podemos estar agradecidos cuando nuestros padres mueren antes que nosotros. Mi padre ya es mayor y, en algún momento, llegará su hora. Tal vez sea incluso esta su hora.

Y a mí me toca aceptarlo, y en ello estoy.

No sé si por desgracia o por fortuna, yo sé lo que estar cerca de la muerte. Ahora está teniendo lugar una especie de concilio entre mi padre, sus antepasados, sus antefuturos, nosotros y Dios entendido como el Universo mismo. Y ahí están entre todos, lenta o rápidamente, decidiendo qué es lo que va a ser. Y aquí, en esta parte, a mí sólo me queda esperar. Yo quiero que viva pero, como digo, muchísimas otras partes tienen voz y voto, las que ya vivieron e incluso las que vivirán. Sé que suena un poco, o incluso muy, raro, pero eso es brevemente lo que puedo contar de esos momentos.

Así que sólo queda esperar, esperar y seguir haciendo lo que toca hacer. Hoy, para mí, es escribir esta columna y grabar un nuevo episodio del podcast.

Desde aquí un abrazo muy fuerte a mi padre, y también a todos los padres que fueron y serán.

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#hospital#muerte#nacimiento#padre#vida

Respuestas

  1. Ed - 24 de septiembre de 2020 @ 16:31

    Ufff. Muy dura la situación.
    Me quedé helado anoche al escuchar ayer el podcast.
    Admiro el humor y entereza de tu padre al dejarlo todo preparado.
    Si podemos hacer algo los que estamos en España, dínoslo.

    • Javier - 25 de septiembre de 2020 @ 09:53

      Sí, ya escribí que era un friki de la organización. Lo leyó y no le gustó, pero era un cumplido. Es sumamente organizado, y esto es un botón.
      Gracias Ed.

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