Cartas a los padres: Tercer mes (II/II)

Si el otro día procedimos con la primera parte de las cartas a los padres del tercer mes, hoy completaremos el asunto con alegría. La semana que viene cumple Luqui tres meses y hemos conseguido estar preparados para el evento. ¡Bien hecho, padres del mundo! ¡Vamos allá!

De entrada, antes de empezar a desgranar las páginas de las Cartas a los padres en este tercer mes, hacer una actualización de la llamada “Crisis del fular”, por la tensión comparable a la crisis de los misiles entre Cuba, EEUU y la URSS en 1962. Recapitulemos.

Desde hace un par de semanas largas, cada vez que metíamos a Lucas en el Tragetuch, el fular de portar, se encabronaba de tal manera que, poco después, había que acabar sacándolo. Bien, desde hace un par de días, estamos probando con éxito la siguiente estrategia.

Tenemos unas gotas que le estuvimos dando durante la crisis anterior, la crisis de los cólicos del lactante (que no ganamos aquí para crisis). Se llaman Sab Simplex y vienen indicadas para los dolores de barriga. Recuerdo ponerle quince gotitas en un biberón.

El caso es que ahora, cuando se encabrona al meterlo en el fular (encabronarse no es el término técnico, pero para entendernos), le ponemos una gotita en el chupete y se lo damos. Con un poco de dar saltitos y acariciarle y calmarle, al poco encuentra la tranquilidad. Con suerte una gotita basta. Es un win/win, un ganar/ganar: él se calma, nosotros tenemos algo de paz, y nos deshacemos de estas gotitas, que hace ya rato que, afortunadamente, dejamos de dárselas.

Con esto parece que estamos superando la crisis. Ahora, dicho esto, vamos precisamente con la versión oficial de este tema: “Herumtragen” (llevar a cuestas, portarlo en el fular, “enfularlo”).

Nota del redactor: Julia me corrigió la primera vez diciendo que no era una toalla sino una furla de portar. Me llevó un par de semanas descubrir que el artilugio se llama fular. A día de hoy, me sigo equivocando y, de hecho, me gusta más la palabra “furla” que “fular”. Desde aquí mi petición a la RAE para cambiar el término o, por lo menos, darlo de alta como sinónimo. También acepto “furla” como insulto machista.

Enfurlar o no enfurlar, esa es la cuestión.

El bebesito no solamente come, juega y duerme, sino que también es portado (el alemán permite estas construcciones gramaticales sin despeinarse). Llevar al bebé en brazos o en el fular es la forma que mejor responde a su necesidad de contacto físico.

Le hace sentirse a gusto, le calma y el movimiento al ser portado fortalece su sentido del equilibrio. Digan lo que digan en su entorno, el fular es lo más y al bebé le viene genial. Punto y aparte.

En nuestra historia como seres humanos, los bebés siempre han sido llevados a cuestas, ya sea por los padres o por los hermanos mayores. Entonces esta “carga” se repartía entre muchos hombros. En contraposición, dejar al bebé en la cuna es un invento moderno de la sociedad industrial, que ha cambiado el estilo de vida y de trabajo de los seres humanos modernos de manera decisiva.

Usted, como padre, también puede llevar al bebesito en el fular. Esto fortalece la relación y además le permite darle un respiro a la madre.

Los ortopedistas desaconsejan otra cosa (en particular se menciona el Tragesack) que no sea el fular durante el primer medio año, ya que la columna del bebesito está todavía muy tierna y tiene dificultades para permanecer sentado.

Mientras lleva al bebé a cuestas, continúe prestando atención a sus señales. Si el bebé quiere jugar, juegue. Si quiere dormir, déjelo dormir. Y también hay, naturalmente, situaciones en las que el bebesito no puede ni quiere ser portado.

Cuéntele al bebé lo que hace usted en ese momento. El sonido de su voz, que ya conoce bien, le aporta seguridad y confianza. A estas alturas además el bebé ya ha aprendido a hacer distinciones en su tono de voz y detectar así cambios en su estado interno.

Historias de buenas noches

Poco a poco, el bebesito va durmiendo menos durante el día y más durante la noche (alabado sea Gott) pero, aunque lo quisieran, ni siquiera tras el tercer mes duermen la noche del tirón. Igualmente es importante que apoye usted al bebé en el proceso de adaptación al ritmo día/noche.

Cuanto más regular sea la rutina de comidas, paseos, baños, juegos y horas de irse a la camita, más fácilmente encontrará el bebé su ritmo. Esto es especialmente importante a la hora de crear la rutina para irse a dormir, aunque usted debe seguir haciendo las cosas que a usted le hagan bien durante la tarde/noche.

Para que la hora de ir a la camita discurra suave y fácilmente, los rituales son importantes. Durante el primer año se desarrolla la memoria. Para esto, el bebé necesita señales recurrentes. Cuando usted realiza actividades repetitivas y en el mismo orden antes de ir a dormir, conduce al bebé suavemente al momento de ir a la camita. Por ejemplo: cena, juego, baño, canción de cuna, luz tenue y una voz suave y baja, le dan al bebé numerosas oportunidades para darse cuenta de que se aproxima el momento de dormir. Esto le permite desarrollar expectativas en las que puede confiar. Ahora, padre y madre pueden desarrollar estos rituales de sus propias maneras. El bebé puede distinguir que uno y otro hacen las cosas de modo diferente y adaptarse a ello con éxito.

Como seres humanos, necesitamos un sentimiento de calidez y paz para relajarnos y poder dormir. Los bebesitos, mucho más. Por esto es importante en el ritual la atención y el amor, los cuales le proporcionan al bebé una sensación de seguridad desde la que puede entregarse con confianza al sueño.

La llamada “hora de los berridos” de media tarde o noche irá, y así se lo deseamos, decreciendo lentamente a lo largo del tercer mes. Esto ocurre a medida que el bebesito se va adaptando a los numerosos “estirones” de desarrollo y crecimiento.

Definitivamente, buenas noticias. Parece que la cosa se pone por fin cuesta abajo.

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#bebé#dormir#fular#padres#rutina#tercer mes

Respuestas

  1. Julia - 15 de abril de 2021 @ 12:24

    Jajaja, sí, sí, cuesta abajo. Se pone cuesta abajo y sin frenos 😉

    • Javier - 15 de abril de 2021 @ 14:48

      Claro, es que es una columna de risa 😉

  2. McGlor - 17 de abril de 2021 @ 12:48

    Ah, el SAB simplex. Tuve que hacer un incursión fronteriza a comprarlo, porque en NL no lo venden. Afortunadamente, no nos hizo mucha falta, pero sí recuerdo como el niño lo gozaba con la cucharadita de las gotas, ya podía estar en pleno berrinche, que paraba 10 s a saborearlas y seguía luego donde lo había dejado.

    Lo del fular, lo probé una vez, porque nos dejaron uno, y no más. Que tendrá las propiedades terapéuticas del gran poder, pero después de llevarlo un rato con un bebé de 4 kg ya me dolía la espalda, así que…

    • Javier - 19 de abril de 2021 @ 10:26

      Caray, sí que son míticas las gotitas de marras. Yo no les encontré especial efecto, aunque es difícil valorar cómo hubiera sido la experiencia sin ellas. Eso sí, son muy dulces (por cómo huelen), así que una gotita en el chupete hace que el bebé se interese rápidamente. A veces incluso, con suerte, cuando se la terminan se han calmado.

      Jejeje. A mí el fular me encanta. Prefiero llevarlo colgado del abdomen-pecho que al hombro o sobre un brazo, terminando de desmontarme la estructura ósea de la zona.

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