Batiburrillo de lunes

Estoy a oscuras en la cama. Siento frío. Le cambié el edredón a Daniela y metí dentro de mi funda dos edredones más finos. Los llamamos los edredones cheddar porque parecen dos lonchas de queso de hamburguesa. Ahora, a saber a qué hora de la mañana, me estoy quedando pajarito.

Me incorporo y tiro de la manta que tengo a los pies. Ahora me entra frío por abajo, uno de los inconvenientes de ser alto, que no todo va a ser muy guay por mirar por encima de la gente en los conciertos, pero por lo menos estoy algo más calentito.

Me duelen las lumbares. Es un dolor, no nuevo, pero sí reciente. Lo he experimentado en diferentes fases. Tengo todavía un nudo en la base del cuello y ese nudo, de algún modo, se replica en la parte inferior de la columna. Las caderas son los hombros de las piernas. Pero se mueve, ese bloque retorcido en la parte alta del pecho, se mueve. Está llegando a ese punto en el que está superando algún tipo de bloqueo que, sinceramente, no termino de entender. Siete años y nueve meses después de empezar ese proceso, estoy llegando ahí.

Me revuelvo en la cama. Haciendo palanca con un hombro, empujo de las caderas en dirección contraria. Siento y escucho el sonido de músculos despegándose del hueso. Joder, ¿cuántos años llevaba eso ahí pegado? ¿Quince? ¿Veinte? Es una locura.

En la cama, en la oscuridad, es difícil escapar de uno mismo. Cuando nos tumbamos, apagamos la luz y cerramos los ojos, hay pocos lugares a los que escapar sin soñar. Es mucho más difícil distraerse, engañarse a uno mismo.

La semana pasada leí en la revista que nos envía la Krankenkasse que el 30% de los alemanes duermen mal. Pocos me parecen, aunque siguen siendo muchos. En España se empieza a cuestionar la salud mental a raíz de la pandemia. Solamente estamos haciendo consciencia. El estado en el que estamos no lo ha creado la pandemia, lo ha hecho consciente. Claro que la pandemia no ha ayudado, pero esto viene de largo. Igualmente, puedo estar equivocado.

Miro el reloj, son las siete y cuarto. Eso es muy tarde. Me levanto, me visto y salgo a correr.

Está amaneciendo. Las casas tienen algunas luces encendidas. Los niños caminan hacia el cole. La carretera junto a los campos está llena de coches.

Corro la nueva vuelta, lejos del barro, y regreso a casa.

Me siento sobre el suelo, todavía resollando, y comienzo a meditar. Un rato después, se levantan Luqui y Daniela. Desayunamos a las ocho de la mañana, como hicimos ayer.

No sé qué ha pasado, pero Luqui está entrando en una nueva fase.

En el parquecito, se agarra y se pone de pie. A veces se suelta de una mano y saluda al público con una amplia sonrisa llena de dientes. En otros lugares, en otros momentos, en cuanto puede, agarrándose a cualquier cosa, tira a ponerse de pie. Generalmente lo consigue.

Esta nueva fase, con este nuevo poder, le ha conllevado nuevas responsabilidades. La más importante asegurar la integridad de su cabeza.

El otro día le tumbé en el sofá para quitarle la especie de traje de astronauta con el que le vestimos para salir al frío. Iniciamos una lucha, se incorporó y se tiró hacia adelante. Le cogí de las caderas y volcó, cayendo de cabeza desde el sofá hacia el cubo de cartón en el que guardamos las piezas de construcción de madera. Cómo lloraba el pobre.

Ayer, sujeto en el parque con una mano, perdió el equilibrio, basculó sobre un pie rotando sobre sí mismo y, de vuelta, impactó con la parte de atrás de la cabeza contra los barrotes de madera. Berrinche al canto.

En fin, hoy tenía un montón de temas de los que quería hablar.

He vaciado los enormes cubos verdes para recoger agua de lluvia que tenemos en el jardín. Mis suegros me explicaron que, cuando llegue el invierno, que cabe recordar que todavía estamos en otoño, el agua se puede congelar y reventar los bidones. Para quien no lo sepa, el volumen que ocupa el hielo es ligeramente mayor que la misma cantidad de agua. ¿Cuánto frío tiene que hacer para que se congelen los 150 litros de agua que contienen cada cubo?

He seguido experimentando, y flipando, con OpenIA Codex. El otro día me hizo una página web muy resultona tirando de bootstrap con unas breves instrucciones. Ayer, en python, me escribió un programa que me encendía la cámara del ordenador y me mostraba las imágenes. Los colores estaban algo distorsionados pero, oye, menudo flipe. Para eso servía esa biblioteca CV; no era para hacer currículums.

También he estado aprendiendo a usar rsync para hacer copias de seguridad en mi propia nube. MacOS es un Linux, así que muchas cosas son como en Linux, aunque también tiene sus particularidades. Igualmente, una pasada.

Y en particular quería daros las gracias y hacer algunas referencias al aluvión de comentarios que me habéis dejado estos días, con esa persona que se está pegando la panzada de leerse todas las columnas del blog del tirón, con esta son 400; la ristra de comentarios que ha dejado Ed tras su ausencia y el comentario de Victoria, con quien tuve la oportunidad de hacer una sesión de hipnosis por videoconferencia hace ya algunos años y de quien me ha encantado volver a saber. Tal vez mañana. Hoy mi inconsciente me ha llevado por otros lugares y me corresponde aceptarlo y aprender a apreciarlo.

Decir, para terminar, que he arreglado el registro del sitio. El plugin de Sendfox había desbaratado el plugin de ajustes del registro (¡guerra de plugins!, el horror de WordPress). He desinstalado el primero, pues no tenemos lista de correo, y ya vuelve a funcionar, así que quien quiera ya puede registrarse.

Un saludo y que tengáis un buen inicio de semana.

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#bebé#frío#invierno#jardín#uncrunchung

Contribuciones:

  1. PrometoRegistrarmeUnDia - 21 de diciembre de 2021 @ 18:41

    Bueno por clarificar no me di las 400 entradas de golpe, sino desde que nació Lucas, que con el parón desconecté y me costó ponerme al día… Pero no me extrañaría que otros (Victoria igual) lo hayan hecho! 🙂 Me queda una, a ver si luego…

    • Victoria - 24 de diciembre de 2021 @ 16:48

      Pues sí, yo me leí todas las columnas seguidoras…y los comentarios😉.

      • Victoria - 24 de diciembre de 2021 @ 16:49

        seguidas, quería decir

  2. Victoria - 24 de diciembre de 2021 @ 11:38

    Hola, Javier.
    Leyendo sobre los coscorrones que se está llevando Lucas, he recordado que hace poco me envió una amiga fotos de su nieto y llevaba una especie de mochilita para protegerle la espalda y la cabeza en caso de caída. Lo habían comprado en Amazon o algún sitio similar. Me sorprendió y le pregunté, y me dijo que era muy útil…yo no lo sé, pero por el precio, igual podéis probar… yo he encontrado este, pero hay un montón:
    https://www.amazon.es/Almohadillas-seguridad-ajustables-protectora-peque%C3%B1as/dp/B07FFV2VR7/ref=sr_1_19?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=2E0OFYPRPVRFO&keywords=Protector+cabeza+bebe&qid=1640338606&sprefix=protector+cabeza+bebe%2Caps%2C117&sr=8-19

    • Javier - 27 de diciembre de 2021 @ 15:41

      Jajaja, interesante. Aunque algún coscorrón apropiado de vez en cuando lo encuentro sano y edificante.

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