Alemania

Tengo algunas cosas de las que hablar hoy aquí, acerca de las que escribir, pero una urgente va de Alemania, el país en el que vivo desde hace un par de años. Vamos a poner algunas palabras más para que la letra grande pueda descansar y comenzamos con este tema. Creo que esto será suficiente. Vamos allá.

Llevo dos años y medio ya viviendo en Múnich. Vaya por delante que Múnich está en Baviera, una gran región de Alemania en el sureste, haciendo frontera con los Alpes. Conozco poco, muy poco, del resto de Alemania. He estado por ejemplo en Frankfurt, en Dresden, en Berlín… en algunas grandes ciudades alemanas repartidas por el mapa, pero siempre de paso o por una o dos semanas. Y digo esto porque “Baviera is different“.

Salvando las distancias, que seguramente son grandes, Baviera es algo así como la Cataluña alemana. Es una región trabajadora, próspera, multicultural, económicamente potente y ligeramente independentista, aunque ignoro los posibles paralelismos al respecto. Es el “Land” económicamente más potente y tal vez el más grande (tendría que mirar el mapa de Alemania). Mi ignorancia en mucho de esto es muy grande, así que coge estas cosas con pinzas.

Entre 2004 y 2008 estuve viviendo en Regensburg, también Baviera. Regensburg es una ciudad de unos 200.000 habitantes a medio camino entre Múnich y Núremberg. Con un casco antiguo precioso, allí pasé yo cuatro memorables años de mi vida. Para preservar su anonimato, lo llamé Regensperry. Puede parecer una preservación de anonimato un poco chabacana, pero una vez me encontré con un lector que se mudó a la ciudad y empezó a trabajar en mi empresa y fue entonces, un día, cuando ató cabos:

— ¡Joder, Regensperry! —vino a decir.

Tengo sentimientos encontrados en Regensperry. Por un lado, la cara A: lo pasé genial allí.

Tenía mi grupo de amigos españoles, entre ellos uno de mis mejores amigos desde el colegio. Iba en bici al trabajo. Vivía con el Chuky, mi amigo Álvaro, y lo pasábamos genial. Caminábamos por el centro hasta casa de los amigos. Los fines de semana nos íbamos en moto por ahí. Mi trabajo era un sueño hecho realidad: diseñaba funciones para el control del par motor en coches diesel y luego cogía el portátil y me iba al coche prototipo en el que desarrollábamos el proyecto y me daba unos paseos mientras tomaba medidas. Tenía una novia. Y luego otra. Y luego otra.

Desde fuera, aquello parecía lo más. Había estudiado ingeniería industrial y había llegado a lo que yo consideraba el pináculo de la ingeniería, y además directamente relacionado con algo que me encanta: los coches. Tenía este blog, que por entonces lo estaba petando y hasta gané 3.000 euros en un concurso. Los fines de semana amigos y cachondeo. Alemanas por todas partes. Si nos quedamos en lo más puramente superficial, vivía una vida de ensueño.

Luego estaba la cara B del asunto.

Por las mañanas cuando sonaba el despertador, me quedaba cinco minutos mirando el techo en la penumbra preguntándome cómo iba a hacer para levantarme, ducharme, meterme el desayuno a través de la angustia, arrastrarme hasta el trabajo y pasar allí metido ocho horas. Me parecía que todo, y todos, estaban a kilómetros de mí; que todo estaba distante y amortiguado. Los fines de semana, y a veces también entre semana, me emborrachaba hasta que apenas me podía tener de pie. Sábados y domingos eran una resaca constante. Me fumaba un paquete de cigarrillos cada día. Ir a través de cada una de aquellas jornadas era una agonía sin sentido, y no había nada que yo pudiera hacer para enderezar el rumbo. Mi vida llevaba veinte años de mal en peor y, emigrar a Alemania, en lugar de haber mejorado las cosas, estaba convirtiendo mi vida en una pesadilla de la que no podía despertar.

Yo no podía más. Dije en el trabajo que en seis meses, al terminar el último contrato, me marchaba. Lo di todo hasta el último día. Hice las maletas y dejé todo y a todos atrás. Algunos me dijeron que tenía mucho valor, pero yo no lo veía así: marcharme se había convertido en mi única opción.

Desgraciadamente, muy a diferencia de lo que yo había pensado, marcharme me hizo darme cuenta de que tampoco se trataba del trabajo; se trataba de mí. Daba igual lo que hiciera, daba igual dónde estuviera, daba igual con quién estuviera… Cada minuto de mi existencia era una experiencia profundamente angustiosa. Aquel verano de 2008 consideré detenidamente el suicido.

A partir de ahí, bueno, ya lo he escrito muchas veces: PNL, hipnosis, descubrimiento del Big Crunch y un total de doce años de intenso y constante trabajo conmigo mismo. Básicamente, despertar a una dimensión de dolor más allá de lo que yo creía posible.

Hace algunos años, cuando las fuerzas me volvían lentamente, me surgió a través de Daniela la oportunidad de volver a Alemania. La aproveché. Me lo puse así:

“Mira, es como cuando estas jugando un videojuego y guardas la partida y luego puedes volver al punto en el que estabas”.

Es así… pero no es así.

Tenía una vida idílica en Regensperry. En la cara A, las cosas eran impecables. Volver a aquello, con una cara B en condiciones, sonaba como algo genial.

Pero ni la cara A es la cara A de entonces ni la cara B es la cara B de entonces. Lo que hay es una mezcla de caras, una composición más equilibrada. Ahora ya no hay discos de vinilo, sino que viene todo en la misma cara de un CD. O todavía más allá, viene todo en un conjunto de archivos que se pueden descargar desde Internet.

Pero por eso estoy aquí: en un intento de coger lo mejor de lo que tengo y vivirlo. El recuerdo de aquella cara A y la actualidad de esta cara B, laboriosamente trabajada y transformada a lo largo de los años.

Gracias, Alemania, por acogerme.

Hoy nos saltamos el grafiti para poner algo más acorde al tema
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#Alemania#Regensburg#Regensperry

Respuestas

  1. Rosana - 27 de julio de 2020 @ 20:33

    Joé y yo que me tengo por vivir en Babia, pero tu lector tardó en atar cabos, eh?. No he vivido nunca ahí, pero no resultó muy complicado deducir la ciudad siendo que hay un Regensalgo en Baviera. Resulta bastante evidente 😛 😛

    • Javier - 28 de julio de 2020 @ 10:35

      No sé. Ayer me comentaba Sergio que él, en su momento, buscó Regensperry en Google Maps. Visto de desde su perspectiva no resulta tan obvio. Me sorprendió mucho verlo así y pude comprender este fenómeno mucho mejor.

  2. Elena - 28 de julio de 2020 @ 16:12

    Curioso, qué hay de aquel adagio: El exterior es un reflejo de lo interior. No era tu caso ya que a pesar de la cara B tenías una muy buena cara A.
    Saludos, me gusta leerte

    • Javier - 29 de julio de 2020 @ 09:40

      Es cierto. Interesante.

      El interior era horrible, y el exterior era también horrible. Otra cosa es cuando yo pienso que alguien lo miraba desde fuera. Pero eso es elucubrar. ¿Qué sé yo acerca de cómo lo ve quién desde fuera?

      Gracias, Elena. A mí también me gusta leerte

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