Ajustando

Me siento una mañana más a escribir. Son las nueve y comienzo a echar unas líneas, esta vez desde el editor interno de WordPress. Se ve bien, se ve limpio. Da gusto usarlo.

El complemento que instalé en el navegador para hacerme sugerencias ortográficas y gramaticales, y que en principio necesitaba para corregirme en mi escritura alemana, también funciona en español. Me señala algunas palabras, como WordPress o plugin. Está bien, lo puedo usar también. Gracias. La verdad es que funciona bastante bien y me resultó de buena ayuda en mis tiempos de resolver tickets y escribir en alemán.

De nuevo estoy en el trabajo, de vuelta en la oficina, en un flashback. Sí, cometo faltas de ortografía. Sí, cometo faltas de gramática. Por el amor de Dios: ¡soy español! Llevo años aprendiendo alemán, pero sigo siendo español. El alemán, o cualquier idioma, es complicado. Lleva mucho tiempo alcanzar un nivel nativo. Estoy en ello, pero todavía me queda, y mucho. Ni podía escribir perfectamente en alemán ni siquiera era necesario. Mi alemán era lo suficientemente bueno para resolver holgadamente las tareas diarias pero, con tanta presión y tanta exigencia, a menudo se inhibía y funcionaba mucho peor de lo que podía. Lo que este último trabajo me ha enseñado acerca de sacar lo mejor y lo peor de las personas… Por eso puedo estar agradecido.

En fin, hoy es viernes. Esta está siendo una semana laboral mucho más agradable que la anterior, mucho más relajada. Quiero decir tantas cosas que las ideas se atascan en mi cabeza. Sí, en mi vida también, querido inconsciente. Gracias.

Hay muchas cosas que no sabes y que seguramente me convendría aclarar. El primer día en que abrí el blog escribí seis columnas del tirón. Ayer terminé de programarlas. Es decir, detrás de esto que estás leyendo hay seis columnas más que están esperando a ser publicadas. Esto significa que hay un cierto desfase que, seguramente, en algún punto de este desarrollo blogueril, terminará por neutralizarse. “Blogueril” tampoco le gusta al complemento del que hablaba del navegador, y seguramente tampoco a la RAE, pero tú ya sabes de qué estoy hablando. Blogueril, relacionado con el blog.

Retrocedo. Guardo el borrador de la columna. Hago que la primera letra de la misma sea enorme con un ajuste que tengo que activar cada vez. Ayer estuve buscando la manera de que ocurriera de forma automática, pero fue en vano. ¿Quién sabe cómo lo puedo lograr?

Otra cosa que me irrita ahora mismo es que el dominio elsentidodelavida.net todavía no apunta al nuevo servidor, así que los lectores todavía no pueden acceder a esta página. Me pregunto si he hecho algo mal, pero el proceso parece sencillo: tan sólo hay que ir al panel de control del dominio y cambiar las DNS por las del nuevo servidor. Sé que luego tiene que suceder algo más, como que se propague el cambio en la red, pero eso debería ser suficiente. Sin embargo, me he levantado esta mañana y he probado de nuevo y el dominio sigue redirigiendo a mi página de Patreon. Hmmm…

Una pega del editor interno de WordPress es que no tiene contador de palabras, o al menos no se actualiza constantemente. Tengo que detener la escritura y pulsar sobre un icono en la parte superior de la página que me muestra las estadísticas del texto: número de palabras, encabezados, párrafos y bloques. De momento llevo poco más de 500. Tal vez me pueda servir para practicar y afinar la noción e intuición acerca del tamaño el texto que ya llevo escrito.

Me resulta fácil sentarme y escribir como primera cosa de la mañana. Es algo que hago a gusto. Mucho mejor que enfrentarme a una montaña de tickets que no sé cómo resolver mientras el tiempo apremia. Lo juro: me sentía como si estuviera desactivando bombas. Esto es ciertamente mucho más llevadero, aunque de momento mucho peor pagado.

Algunas tareas domésticas asoman en mi horizonte: ir a comprar, tal vez ir al Bauhaus a por una bombilla halógena para la cocina, poner una de esas cortinillas que se enrollan sobre sí mismas y que en mi casa llamamos “estores”…

Ayer estuve muy activo: limpié el baño, pasé el aspirador por toda la casa, me hice cargo de todas las fregadas, hice la comida y alguna cosa más que se me olvida. Daniela trabaja en horario normal y, ahora que dispongo de más tiempo para menesteres domésticos, yo me hago cargo del resto de cosas. Me siento bien de sentirme lo suficientemente bien como para hacerlo con relativa alegría.

También estuve haciendo numerosos ajustes a la página: añadí un logo, cambié el tamaño de esa primera letra grande de las columnas, organicé los bloques al pie de página, creé una página de archivo y también una acerca de mí. Hace unos años, cuando tenía que hacer cambios de este tipo, sudaba la gota gorda. Ahora, después de un año largo de programador web, reconozco que me resulta mucho más fácil. Puedo leer el código y lo entiendo, y eso es prodigioso, y me resulta mucho más asequible comprender qué hace cada cosa en la plantilla así como ajustar los estilos. Y esto también se lo puedo agradecer a mi antigua empresa y a los conocimientos que allí adquirí. Al César lo que es del César, y gracias a ellos aprendí mucho y ese mucho lo puedo utilizar ahora en esta nueva empresa.

Da gusto, da gusto leer este texto en el editor de WordPress. La letra es bonita y está confortablemente espaciada. Resulta agradable estar aquí sentado, pulsando el teclado.

¡Qué alegría haber vuelto a mi propio teclado!

El teclado es una de esas cosas fundamentales para la escritura, al menos desde que dejamos de mojar una pluma en tinta. El teclado que me dieron en el trabajo me ha hecho apreciar, todavía más, el teclado desde el que escribo ahora.

Se trata de uno de estos pequeños teclados de Mac. ¿Para qué diantres quiero un armatoste con un teclado numérico? Es tan antiguo que todavía lleva cable. Su estructura es metálica y las teclas son chatas y bonitas, de bordes redondeados. Llevo miles de kilómetros tecleados y cada letra sigue sobre cada tecla, aunque es cierto que la roña se acumula en algunos lugares. Las teclas se hunden suave y agradablemente con un ligero sonido, cual gota de lluvia cayendo sobre un techado metálico. Compara eso con un pedazo de plástico negro. La carcasa del teclado crujía desagradablemente al presionar cada tecla. Tras medio año algunas letras comenzaron a desaparecer. Me resultaba difícil hacer bajar las teclas en vertical en su enorme recorrido, y el plástico de la tecla y el de la carcasa tendían a encajarse desagradablemente entre sí. Puaj.

Hay cosas que aprecio, y un buen teclado es definitivamente una de ellas.

Uh, lo dejo aquí, que ya me he ido por encima de las 1.100 palabras.

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#escribir#potencial#teclados#trabajo#vida#wordpress

Respuestas

  1. Elena - 11 de junio de 2020 @ 18:09

    Un teclado es un cosa muy importante. A mí también me gustan los del mac, planitos y compactos.

    Quizás hayas tenido que cambiar los nameservers además del DNS, tanta espera me parece excesiva. Rara vez tardan más de 24 horas, y suele ser cuestión de minutos.

    Me alegro de que te encuentres mejor. Desmontar bombas de relojería no es lo ideal, pero hay entornos mejores y peores donde hacerlo. Yo llevo desactivando bombas unos 11 años, y realmente el entorno hace mucho. He tenido mucho estrés bastante tiempo, ahora creo que soy casi feliz.

    Hasta mañana!

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