The Tanqueta unleashed

Estoy en el bareto de debajo de casa enchufándome una Weizen y relajándome después de un duro día de trabajo en Perry AG. Este es un sitio tranquilo lleno de libros y con buena música italiana, como el dueño. No sé cómo no se me había ocurrido antes lo de bajarme el portátil para escribir la columna a la sombra de medio litro de cerveza. Me siento de un bohemio subido que no me aguanto.

Hoy me ha escrito un colega mexicano que trabaja en Perry AG al otro lado del Atlántico. Se le ha ocurrido mirar en la agenda del Outlook y allí estaba yo. He saludado con la patita. Si es que el mundo es un pañuelo con los tiempos que corren. Y algunos todavía dándose de leches por un terruño, con lo que hay que ver fuera del pueblo. La estrechez de miras se cura viajando, como decía Pío Baroja. A mí se me ha curado así.

Hoy he pasado el día en el banco de pruebas haciendo tests de integración. Se trata de poner todas las funciones juntas en una especie de megasimulador de coche y ver si funciona todo como debe. En realidad es una farsa, porque no hay nada como un Delorean para probar estas cosas, pero es que si no las funciones no alcanzan el nivel de madurez cinco en calidad dicen que no se puede seguir trabajando con ellas. El miércoles tengo reservado el coche todo el día, y espero que funcione el aire acondicionado, porque hoy hemos pasado de treinta con un solazo que no recordaba desde hace meses. Además el jueves es fiesta y todo el mundo se ha cogido la semana de vacaciones, así que se está la mar de tranquilo y el café de las 15:30 se prolonga hasta que la vergüenza lo permite.

Este fin de semana fue el regreso de la Tanqueta, el momento largamente esperado. Todo el mundo sabe que la muerte llegará algún día, pero nunca se sabe el momento exacto. Por lo menos la Tanqueta avisó con un par de semanas de antelación.

Vino con dos amigas brujas, un par de chavales y un tío que era la versión bávara en carne y hueso del muñeco de Michelin. El payo vio la lavadora nada más entrar. ¿Esto hay que bajarlo? preguntó, y se echó el bicho al hombro como si fuera una bombona de butano vacía. Cuatro pisos para abajo. Mientras tanto las brujas desmontaban la cocina y nos ponían a parir en bávaro. La Tanqueta montó en cólera cuando vio que las cosas no estaban exactamente como las había dejado hacía un año. Yo no sé qué coño pensaba, que aquello era un museo de la mierda o algo así. El momento álgido llegó cuando se dio cuenta de que faltaba un plato de un juego de tazas que para ella era algo así como el santo grial.

Estábamos hablando en inglés porque la Tanqueta se pirra por lo británico. Discutíamos sobre el destino sufrido por el platito de café. Natalí, con una torrija de cuidado debido al resfriado de una semana, le dijo que no podía usar la casa de almacén durante un año, y que las cosas se rompen (especialmente cuando los fines de semana hay una media de quince personas borrachas en la cocina). La Gorda le dirigió una mirada fulminante mientras contenía las lágrimas y daba rienda suelta a su ira:

---THIS IS NOT YOUR BUSINESS!! ---gritaba.

Yes, it\'s my businnes. I live here ---respondía Natalí (el hecho de tener una madre inglesa le proporciona cierta fluidez en el lenguaje de Chéspir).

SHUT UP!!! ---gritaba la Tanqueta poniendo la mano con dedos morcillescos como en las películas, así a modo de barrera.

Le intentamos explicar que había ocupado el sótano durante un año con toda su mierda, y que si quería le pagábamos el plato (15 euros), pero que entonces le teníamos que cobrar el alquiler del sótano durante once meses. Por detrás las brujas seguían pelándonos, esta vez en un inglés bávaro mucho menos convincente. La Tanqueta volvió a meter cacharros en cajas, fuera de sí y a punto de estallar en mil pedazos. Yo miraba la puerta esperando la ayuda española prometida, no para que ayudaran con la mudanza, sino para que nos protegieran de la ira de la Tanqueta. La tía debe estar en medicación contra la histeria, y si no lo está debería empezar. El último arranque de histeria recordado en Regensburg le llevó a destrozar a patadas la puerta de la lavadora porque no cerraba. Por lo menos no la tiró por la ventana.

Alberto llegó a primera hora de la mañana. Lo primero que hizo fue quedarse con la matrícula de la furgoneta. \"De la furgoneta a la tienda de alquiler, de la tienda de alquiler a la dirección de la Tanqueta. Ahí es cuando entran en juego los rumanos...\" ---decía. Luego bajó el tendedero y fue tirando deliberadamente las pinzas por el camino. ¡No la cabrees! gritaba el Chano, que la conoce bien porque tuvo la desgracia de vivir con ella. Las brujas comentaban que nos estaban jodiendo vivos, que nos estaban dejando el piso vacío y que lo íbamos a tener que comprar todo nuevo. Comprar una mesa de cocina y unas cuantas sillas es un precio dulce a pagar por sacar de mi vida a la Tanqueta. Sonrisas mandó un sms diciendo que su teutona le acababa de traer el desayuno a la cama y que aún tardaría un poco.

Al final todo acabó sin derramamiento de sangre, e incluso la Tanqueta se excusó por su comportamiento errático. Se ofreció incluso a comprarnos unas entradas de cine por los servicios prestados. \"Por el culo te las puedes meter\" le dijo el Chano gentilmente, viendo el pobre la luz al final del túnel.

El resultado: no mesa de la cocina, no sillas en el comedor, no tele, no estanterías en la cocina, no platos, no vasos, no cubiertos...La casa más vacía que una exposición de pintura moderna. Eso sí, con una acústica cojonuda, como pude comprobar al tomar la guitarra para entonar un \"I\'m free\" de los Rolling. El más damnificado he sido yo, que vuelvo a dormir en el suelo y a apilar mis trastos en montones sobre el parqué. He dormido un mes sobre el suelo, así que puedo dormir otro. La Tanqueta ya debe de estar camino del infierno, cabalgando en una furgoneta de mudanzas con matrícula de Passau 5465.

La incursión en IKEA fue rápida y letal. Mesa de cocina en madera de primera con cuatro sillas por cien mortadelos. Platos y cubertería en general a mansalva. Un cielo azul y un futuro prometedor.

Esta mañana hemos pasado a ver al casero y, entre otras cosas, nos ha dicho que había un trato hablado con nuestro piso por el cual podíamos disfrutar del sótano mientras el casero no lo necesitara, momento que parece ser ha llegado ahora. Hasta del sótano nos hemos desprendido más o menos deliciosamente.

El cabrón del Fuckowski ha ganado el concurso de literatura de yoescribo.com. No puedo dejar de decir, desde esta modesta tribuna, que es un hijoputa con un trébol en el culo. Medio millón de pelas (3.000 euros) y un viaje a Mallorca con todos los gastos pagados. Dinero, fama, chatis... y yo aquí manteniendo una columna semanal que ni siquiera me sirve para ligar. Desde luego el tío se lo merece, pero en estos tiempos que corren no daba yo un duro por él. Algunos dirán: \"Qué suerte tiene el tío\". Bueno, la suerte se tienta. El simple hecho de tomarse la molestia de juntar unos cuantos relatos y mandarlos ya es más de lo que he tenido a bien hacer yo, y así me luce el pelo. De suerte nada, la suerte no existe.

Ops, lo dejo aquí que se acaba la batería. Esto ni es portátil ni es nada.

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The Tanqueta unleashed

¡¡ primeeeeeeeee !!

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Danny G.