Nací de culo. Literalmente.
En serio, puede usted preguntar a mis padres.
En el momento del alumbramiento, en ese momento en que empiezan las contracciones, en ese instante en que el mundo que uno conoce se desmorona y de repente se ve una luz, yo me di la vuelta. Me puse de espaldas. O más curioso aún: me puse de culo.
Todavía desconozco el motivo.
Quizá fuera un poco torpe; después de todo era la primera vez que nacía. Quizá me hice un lío. Al fin y al cabo nadie me explicó cómo se tenía que hacer aquello ni de qué iba. Quizá, en aquel incómodo trance, en el último momento de la verdad, del cara o cruz, me acojoné y me eché atrás. Quizá me arrepentí o quizá, simple y llanamente, no quería salir. Puede que, después de todo, siempre haya sido un rebelde. En fin, seguro que usted, que gusta de tener una opinión para todo, puede encontrar fácilmente una explicación. Yo me limito a relatar los hechos.
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