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Miedo al éxito
By GonzoTBA
Creado 01/10/2008 - 12:53

Era martes al mediodía. Acababa de subir por fin al tren que me tenía que traer de vuelta de Berlín. En aquellos momentos no podía ni imaginar que al día siguiente tendría una confrontación surrealista [1] con mi jefe. Ando buscando ahora un libro titulado "Reality is plastic [2]" de un tal Anthony Jacquin [3]. Ahora sé que la realidad es plástica, pero entonces, en aquel tren, después de aquel extraño fin de semana, la idea no era más que un germen que empezaba a asomar a los primeros rayos de sol de la mañana.

Ocupé un grupo de cuatro asientos. El tren no iba demasiado lleno, así que podía ponerme cómodo. Al otro lado del pasillo se sentaron una chavala algo más mayor que yo junto con una jubilada alemana. La chica y yo mirábamos en la misma dirección de marcha, mientras que la viejuna miraba en dirección contraria. Me repantingué en el asiento, me puse los auriculares y le di otra vuelta a "The true nature of reality" para intentar estrujarlo una vez más y ver si podía obtener una nueva gota que pudiera marcar la diferencia.

Miré a la chica al otro lado del pasillo. Era relativamente atractiva. Pensé que, si después de todo la vida no era sino una suerte de sueño, bien podríamos echar un polvo en los baños del tren. Así somos los hombres. Nos ofrecen el poder ilimitado de la mente y antes de poner una misión tripulada en Marte o acabar con el hambre en el mundo se nos ocurre echar un polvo. Maslow me hubiera comprendido, pero no estaba allí.

Escurrí el culo en la butaca y traté de mirar a aquella chica. En seguida la vergüenza me arrobó y lo más directamente que la pude mirar fue a los pies. Creo que es por cosas así que tanto he venido desarrollando mi visión periférica. Mientras la observaba pensaba en lo bonito que sería un mundo en el que todo respondiera a mis intenciones. Ya trazaría planes para el futuro, de momento me imaginaba haciéndomelo con aquella chavala en los servicios del tren. La idea, aunque extremadamente incómoda, me resultaba muy excitante. Mientras tanto, la chica seguía departiendo en alemán con la señora ajena a mis profundas ensoñaciones.

No recuerdo cuánto tiempo transcurrió mientras yo me encontraba en aquel trance en el que en el mundo real miraba unos pies y en mi cabeza ejecutaba una y otra vez una sórdida escena de película de sobremesa. En un momento dado, algo me llamó la atención y salí de dentro de mí mismo. Entonces ella, mientras seguía hablando con la viejuna, señaló el fondo del vagón.

Abrí los ojos en confusión. ¿Había hecho el gesto para mí? Miré al fondo del vagón. Vi la señal del WC. Estaba apagada, lo que significaba que no estaba ocupado. ¿Estaba la chica realmente sugiriendo lo que yo pensaba que estaba sugiriendo? ¿Y la señora? ¿No había visto aquel gesto? ¿No lo había visto nadie más? ¿Realmente lo había visto yo?

Intenté computar las probabilidades de que aquello estuviera sucediendo realmente. A mí jamás me había ocurrido nada parecido. Tampoco lo había escuchado relatar a ninguno de mis amigos. Nunca había oído a nadie contar que se lo había hecho con una chavala desconocida en los lavabos de un tren. Repasaba mis cuadernos mentales a toda velocidad pero no encontraba referencias bibliográficas. Aquello, sencillamente, no podía estar sucediendo. No cabía en mi modelo de realidad, y mi mente, por tanto, luchaba por suprimirlo. Debí de tardar apenas quince segundos en concluir que aquella chica no había hecho tal gesto sugerente sino que me lo había inventado yo. Recuperé las constantes vitales.

Entonces ella se levantó.

Desde mi sudoroso culo, en el borde del asiento, la observé ponerse de pie y comenzar a caminar por el pasillo hacia el final del vagón. Aquello complicaba mucho mis conclusiones. Resulta mucho más difícil mentirse cuando las circunstancias te contradicen. Mientras la veía perderse entre las cocorotas de la gente, un agujero negro se abrió en mi interior y yo me deslicé por él.

¿Cómo podía haber invertido tanta energía psíquica en un objetivo y haberme bloqueado al verlo hecho realidad? Era como pedir a Santa Claus un día en Disneyworld y luego quedarse en el coche con una rabieta. Primero no había sido capaz de dar crédito a que realmente pudiera estar sucediendo, y después me había quedado congelado, agarrotado ante la necesidad de actuar.

Conocía de largo el miedo al fracaso. Lo veía pasar por delante de mí todos los días y ya éramos buenos amigos. La parálisis debida al miedo a cagarla era para mí más cercana que el cielo nublado del sur de Alemania, pero aquello era una sensación nueva. No supe lo que me había sucedido hasta semanas después, cuando mis investigaciones me llevaron a tropezar con aquel nuevo concepto:

Miedo al éxito [4].

Miedo al éxito. Hay que joderse. Si lo logro... ¿seré capaz de soportarlo? Jamás, en todos mis años de desarrollo personal, se me había ocurrido formularme semejante pregunta. Se me hacía obvio que todo lo que quería realmente lo quería, y además lo quería ya. Miedo al éxito, menuda gilipollez. Y sin embargo allí estaba, pegándome el culo al asiento. Dentro de mí había sin duda fuerzas inquietantes, y algunas todavía estaban por superar. En fin, miedo al éxito. En el fondo era mejor que miedo al fracaso. Por lo menos habíamos cambiado de polaridad. Habíamos pasado de correr alejándonos de la oscuridad a estar cegados por la luz. Sería cuestión de hacerse con unas gafas de sol.

Mientras yo seguía pensando tonterías, la chica regresó del cuarto de baño, se volvió a sentar en su butaca y retomó la conversación con la viejuna. A los pocos minutos empecé a recuperar la respiración. Quizá, después de todo, me hubiera inventado yo la escena completa. Quizá todo aquello no hubiera sido sino fruto de mi imaginación. Quizá sólo había sucedido en mi cabeza. Estas cosas pasan. Ya lo decía Greenday: "Sometimes my mind plays tricks on me". A veces la mente juega malas pasadas.

Mientras hablaba con la señora, la chica metió su mano derecha bajo el pelo que le caía por la nuca y empezó a frotarse el cuello. Por aquellos entonces yo ya me había recuperado, y volvía quizá con más fuerzas que antes, resabiado y algo enfadado después de darme cuenta de que no era sino yo quien me había saboteado. Miré a la chavala frotarse el cuello y pensé "No es ahí donde te tienes que frotar, amiga mía".

Sí, es complicado admitir que uno piensa estas cosas. Continuamente.

Nada más terminar de pronunciar yo aquellas palabras en mi cabeza, su mano se deslizó del cuello hacia abajo, no tardando en alcanzar su pecho derecho. Yo no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo. La señora seguía hablando y ella, mientras asentía, comenzó a acariciarse la teta con la mano plana. Arriba y abajo. Una y otra vez.

Se me debió de abrir la boca como en los dibujos animados. Abrí los ojos sin poder creer lo que estaba viendo. Me temo que es el patrón de comportamiento que más veces he repetido en el último año. Lo sorprendente y extraño es ya el pan de cada día.

Debió de estar refrotándose para mí durante unos seis o siete segundos. Cuando retiró la mano, a través del delgado suéter se intuía un enorme pezón enhiesto. Me quedé mirando aquel pezón como una gacelilla se queda mirando los faros del coche que se la va a llevar por delante en una noche helada. Cuando me recompuse, miré al frente y me senté de verdad por primera vez en horas. Puse algo de música y me concentré en el paisaje. Unos minutos después dejó de sudarme la raja del culo. Mucho más tarde, el tren llegó a su destino y yo tomé mi mochila y salí corriendo del tren en dirección a casa.

Miedo al éxito.

Así se llamaba mi próximo oponente. Se trataba de una parte de mí que hasta entonces no se había presentado. Tenía un nuevo suceso extraño que encajar, pero también tenía una nueva prueba de que mis pensamientos parecían tener un impacto sobre las cosas que me sucedían. Miedo al éxito. Si el mundo terminaba de convencerme de que quería bailar conmigo, la parte de mí mismo con la que iba a tener que luchar adoptaría una cara que hasta ahora no había sido capaz de reconocer.




Reality is plastic:




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Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/una-confrontacion-surrealista
[2] http://www.anthonyjacquin.com/Reality-is-plastic-hypnosis.pdf
[3] http://www.anthonyjacquin.com/index.html
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Miedo_al_%C3%A9xito_(psicolog%C3%ADa)