Published on El Sentido de la Vida (http://elsentidodelavida.net)
El desconocido comunicante
By GonzoTBA
Creado 28/01/2008 - 09:00

El email de mi desconocido comunicante hablaba en los términos que te he querido transmitir. "Esto va a cambiar tu vida" —decía. No sé cómo se cambia una vida, pero aquí estoy, leyendo curioso frente al monitor. Intrigado, hago saltar mi vista una línea tras otra. Me dice que vivimos un sueño. Querer es poder. Piensa y haz. Los mayores logros empezaron con un simple pensamiento.

En infinitas ocasiones he deseado creer algo así, que el mundo es maleable, que la vida es un sueño, que querer es poder, que no hay más que desear algo para que se haga realidad. A veces, brevemente, consigo abrazar la sensación durante unas pocas horas y después termina evaporándose bajo el peso de lo real, de lo obvio. Ojalá consiguiera creer que el mundo está en mis manos, que soy dueño de mi propio destino.

Quizá algún día consiga retener la sensación para siempre.

El escrito de mi desconocido virtual salta de párrafo. Continúo leyendo con escéptica curiosidad.

"¿Alguna vez has deseado acostarte con todo tipo de mujeres?", interroga el texto. Esa chica rubia del autobús, la camarera del café donde te sentaste el otro día, la compañera de trabajo que se ruboriza al cruzarse contigo por los pasillos, la enorme morena que pedalea en la bicicleta estática junto a la máquina de refrescos en el gimnasio.

Por supuesto. Me gustaría acostarme con todas ellas. A veces me tumbo en la cama y no logro conciliar el sueño porque mi mente no hace más que traer escenas en las que diferentes mujeres me seducen y yo sólo tengo que dejarme llevar. Perfectas desconocidas desnudándome, lamiéndome en círculos alrededor del ombligo antes de continuar bajando y perderse en mi entrepierna. Y yo sufro en la soledad de mi cama, viendo cómo el reloj avanza en la oscuridad de la noche y finalmente me deja en un breve e inquieto sueño que me escupe otra vez a un nuevo y cansado día de trabajo.

Supongo que no todos los hombres quieren follar con las mujeres que ven por la calle, pero me temo que al menos 95 de cada 100 comparten mi perverso sueño. Todos quieren tener sexo con la morena de la bicicleta estática, y también con la monitora, y con la rubia de secretaría, y con la compañera de trabajo que nunca ha roto un plato. La emoción del encuentro furtivo, la paralizante amenaza de lo prohibido, de lo socialmente reprobable. Las manos temblorosas pero seguras, la respiración sujeta con riendas, los oídos atentos, el intenso miedo a ser descubiertos, a que algo vaya mal, a que algo de repente se tuerza; el miedo a que el mundo deje de ser como a nosotros nos gustaría para darnos con la puerta en las narices y ver cómo el peso de lo obvio nos devuelve a la terrible realidad. A la realidad real. Y después, cuando uno olvida todos sus miedos, cuando da el salto de fe, el paso al borde del abismo, es en ese mismo momento cuando todas las voces callan y las cosas simplemente suceden. No hay juicios, no hay miedo; sólo hay vida.

Entonces se desata la pasión animal. El hombre y la mujer dejan de ser criaturas humanas para ofrecerse desnudos al mundo, como los animales que son, como seres de la naturaleza nacidos para consumirse entregados al fuego de la carne, como astillas ardiendo conscientes de que deben aprovechar cada segundo de su vida porque en breve dejarán de existir y después no quedará nada, entregados a las sensaciones saboreando sin titubeos el regalo que ha sido puesto en sus manos, embriagados por la liberadora certeza de no tener que rendir cuentas a ningún dios. Dos personas dejan de ser personas para convertirse en animales, y dos animales dejan de ser animales para convertirse en pasión, en impaciencia, en locura; para convertirse en cosas que las palabras no pueden describir con exactitud.

Tus manos recorren su cuerpo. Acaricias sus pechos y sientes que te queman la piel a través de la ropa. Haces deslizar tus dedos bajo su camiseta y acaricias su espalda mientras la aprietas en tu pecho. Una completa desconocida abrazada contra ti en un lugar que desconoces y que bien poco te importa. Sientes su respiración agitada y haces su pasión tuya. Sin darte cuenta te contagias de todas sus sensaciones, de la urgencia, de la interminable brevedad del momento, de la sed. Cada muestra de excitación que eres capaz de respirar se convierte en tuya, y hace crecer tu excitación como las paletadas de carbón hacen crecer las llamas en una caldera. En apenas segundos el calor es insoportable y necesitas quitarle la ropa. No puedes, quieres. No piensas, haces.

Vives un sueño.

Cuando el fuego se apaga, te descubres en el suelo abrazado a ella. La morena de la bicicleta estática, la monitora del gimnasio, la rubia de secretaría, la compañera de trabajo, la chica de la cafetería... Ella son todas. Todas son ella.

Miras el techo y te convences de que el sueño ha terminado. Nada dura para siempre. Depués de todo, los sueños, sueños son. La realidad comienza a aplastarte de nuevo y te resignas a volver a ser el degenerado sexual que has sido siempre. Eres un cerdo, un guarro. Un depravado. Has arruinado la vida de una pobre chica. Giras la cabeza y ves sus ojos. Desconcierto, malestar, náuseas.

Dejas de ser vida pura para volver a ser un animal. Dejas de ser un animal para volver a ser una persona. Desgraciadamente, como persona tienes muy poco valor. Eres un ser nauseabundo.

Manipulador. Degenerado. Será mejor que corras y te escondas. Que nadie sepa nunca lo que ha sucedido hoy aquí.

¿Qué has hecho?

Afortunadamente todo esto nunca ocurrirá. Las mujeres no son así. Las mujeres no se acuestan con el primero que se lo propone. La morena de la bicicleta estática tiene un novio que la espera en casa, la monitora se entiende con un cachitas que viene los martes, la secretaria está casada, igual que la compañera de trabajo que nunca rompió un plato. La chica del pelo largo cuya cara perseguiste incansable durante los quince minutos de autobús jamás se acostará contigo. Ninguna de ellas lo hará. Primero porque eres un desecho social y segundo porque, sencillamente, las mujeres no son así.

Afortunadamente todo esto nunca ocurrirá.

La mayor parte de las veces ponemos más empeño en las cosas que no queremos que sucedan que en lo contrario. Después nos sorprende la cantidad de cosas que jamás tuvieron lugar.

"Somos idiotas". –El email llegaba al final— "A veces miras la ilusión óptica [1] y sólo puedes ver a la vieja. Sin más, un día, consigues ver a la chica joven y te preguntas cómo estuvo ahí tanto tiempo, ajena a tus ojos, oculta en un mundo real dentro de la aplastante obviedad del mundo real en el que vives".

¿Quieres cambiar todo esto? ¿Quieres vivir en otro mundo, en un mundo mejor?

A menudo la vida cambia completamente con tan solo un pequeño gesto. Sin saberlo llevábamos años subiendo una enorme cuesta y ahora nos balanceamos en la cúspide, tambaleándonos ante la incertidumbre, paralizados ante la responsabilidad. Es en esos momentos cuando un simple paso lo cambia todo. Un simple paso es a veces mucho más que un simple paso; es un acto de fe, un salto al vacío. Un simple paso al borde de un acantilado sobre el que restallan las olas recordándote lo frágil de tu estúpida existencia.

Abrí el correo y pulsé unas cuantas teclas sin saber que lo iban a cambiar todo.

"Cuéntame más"


Source URL: http://elsentidodelavida.net/el-desconocido-comunicante

Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/files/pictures/bruja.jpg