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El Meñique
By Neikos
Creado 21/05/2007 - 00:00

Os voy a contar algo que me ocurrió cuando llegué a la ciudad en la que estoy ahora. Era yo un joven inexperto de la vida que buscaba una casa para estar alquilado... bueno, me recorrí toda la ciudad arrancando papelitos de las paredes, apuntando teléfonos, visitando pisos. Finalmente encontré un anuncio de alguien que decía vivir en un carmen en el albaicín. Añadía: que no sea fumador, hablo inglés. Y dije, pues vamos a ver la casa ésta.

Era Junio y hacia un calor de que te cagas. Yo por entonces no sabía que existía algo llamado pantalón corto, y de sandalias no hablemos… iba yo machacado después de una semana viendo pisos y con la rodilla izquierda ligeramente dolorida después de darme un pijostio muy grande con unas alcachofas muy graciosas que ponen aquí en las calles para que no aparquen los coches, en fin.

Después de mucho caminar y subir más escaleras aun, llegué al sitio. Aun no había llegado el tipo, así que me pegué a la pared todo lo que podía en plan gollum para esquivar el sol que caía, y observé la casa. Nada, era una casita normal, pero en la puerta tenía algo pegado… me deslicé hasta el papel y leí “Carmen del meñique”. Con ese sol no estaba yo para pensar, así que el dato quedó en el apartado memoria pez (...).

En unos cinco minutos llegó el que me iba a enseñar la casa, y nada, era muy majete, me enseñó el sitio y después de estar hablando un rato largo me invitó a comer unas lentejas que él hacía y de las que sentía muy contento gracias a su toque secreto (mucho más tarde me dijo que era ron o algo así… ). Se llamaba Chemi y lo primero que me fijé era que en la cocina tenía un bote que ponía “ajos y condones”. La casa era muy chula, tenía tres pisos en los que él vivía en los dos de arriba. Se podía entrar por el tercer piso y por la planta baja, de manera que la casa se quedaba separada en dos. En fin, que al final me quedé allí a vivir unos meses.

A partir del primer día, comencé a ver unos indicios que mi mente no llegaba a asimilar, pero que poco a poco se debían interconectar. No se realmente como comenzó todo, pero entre otras cosas, la casa tenía un patio. Ese patio, una especie de hornacina excavada en la pared, y esa hornacina, un pie. Sí, bueno, era una escultura de un pie al que le faltaba un dedo. El meñique. Algún espabilado podrá hacer alguna conexión entre el nombre de la casa y la escultura… pero yo no le di ninguna importancia. Bueno, además, tras mi primera semana en mi nueva citi, tuve ciertos… “problemas dermatológicos” que junto con el hecho de no conocer los pantalones cortos hicieron peligrar mi equilibrio psicosemántico.

Mi vida trascurría feliz… vivía con un alemán al que le llevábamos a beber Kali y luego le deciamos que tuviese cuidado, porque el problema era que al día siguiente de beber aquello, uno se levantaba con los labios negros, y luego no había quien se lo quitase. También vivía con una tailandesa muy graciosa que había venido a España a aprender flamenco, casi na. La cultura tailandesa es muy curiosa, por ejemplo, cuando se metía en la ducha, el agua salía por debajo de la puerta y nos inundaba todo el salón. Luego se vestía y se iba a dar un paseo por las tierras andaluzas y ale, ahí nos veías a nosotros corriendo a por la fregona.

En fin, no me sigo enrollando: llegó una noche en la que cenamos el alemán, la tailandesa, el de la casa y yo (je, casi, casi, sonaba a comienzo de chiste en el que alabar las maravillas nacionales). Cada uno preparó un plato (por supuesto, Chemi, sus lentejas) y nos pusimos a comer. Fue entonces cuando pasó un vecino y se puso a hablar con Chemi, hola qué tal, bien, cuando es la fiesta?, pues el 16 de agosto como siempre, vale me apunto.

Esa fue la conversación resumida del asunto, así que más tarde le pregunté por la fiesta, ya que había oído algo referido a un “meñique”. Esa noche yo debía estar bastante lúcido, porque comencé a relacionar el nombre de la casa, el pie en la hornacina, y la futura fiesta del 16 de agosto. Fue cuando Chemi comenzó con su historia...

...no se si te has fijado [no, no lo había hecho, bastante estaba de preocupado con mis picores dermatológicos y con el agua de la ducha de la tailandesa, para no hablar de los granitos que me estaban saliendo por las manos, al parecer, por el calor que pasaba… en fin, superputeado], pero a mí me falta un dedo meñique [en el pie, supuse yo que estaba ya fijándome en todos los detalles]. La historia de ese dedo comenzó hace diez años, un 16 de agosto, cuando yo iba subido en una moto y un coche me comió… a mi no me pasó nada, pero perdí un dedo, el dedo meñique...

[en ese momento miré para abajo, y justo, el dedo no estaba…]

...después del accidente hubo un juicio, me indemnizaron y gracias a eso pude comenzar a pagar la casa.

Vaya –dije yo- ¿y lo de la fiesta?

Resulta que cuando el accidente, no pudieron salvar el dedo, así que se lo guardaron en formol para que lo guardase o se lo llevase a casa. Cuando llegaron, se vistieron de negro y le hicieron un entierro… en fin, que ahora, cada 16 de agosto, desentierran el dedo, se montan una romería y se van de fiesta, albaicín para arriba, hasta San Nicolás a pillarse un niego de la muerte.

¿Y el dedo?¿Dónde está ahora?

Resulta que el jodío estaba enterrado en la puerta de nuestra casa… había un minijardincillo en la entrada y entre las matas se veía una plaquita que ponía algo así como “Aquí yace chemincito, dedo meñique que murió un 16 de agosto”. Jeje, le habían puesto un jarroncito chiquitín como los de las tumbas y le ponían flores y cosas de esas :P


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