¡Madre mía, 23 tacos ya! Si es que me estoy haciendo viejo. Recién estrenados los titrés, me ha venido una idea a la cabeza: van ya 2 años de celibato (que no castidad).
En este año que acaba de terminar para mí, he dejado escapar (y cuando digo esto es porque tengo constancia de la completa voluntad de las presas de ser cazadas) a la que seguro habría sido la mujer de mi vida y a otra que lo habría sido con bastante probabilidad. Alemana la una y ecuatoriana la otra, para más señas. (Parece que las españolas últimamente no me llaman.)
La primera se escapó porque ya era de otro y, cuando una amiga cada vez que habla delante de uno sobre su novio comenta lo bien que están juntos, uno siente que sería un mal amigo si moviera un sólo dedo, porque lo más importante, al menos para mí, es la felicidad de las personas que quiero. Luego uno descubre la verdad: estaba enamorada de mí, y hablaba delante mía sobre su novio sólo para autoconvencerse. Efectivamente, a los tres meses dejó a su novio, pero ya era demasiado tarde: Alemania está muy lejos, y a ciertas personas les da miedo arriesgar demasiado.
La segunda lo tenía todo: guapa y atractica, muy culta e inteligente, divertida y, por encima de todo, loquita por mí. Pero el problema era bastante grave: yo seguía enamorado de la nº 1.
Ahora que se me ha pasado el enamoramiento de la nº 1, que la nº 1 está en Alemania (aunque seguimos masnteniendo contacto) y que la nº 2 está en Francia, puedo sentarme y reflexionar tranquilamente sobre los fallos que cometí. Digo sólo reflexionar porque lo que son los oportunos cabezazos contra la pared ya me los dí hace poco tiempo.
La experiencia es algo que se tiene cuando ya no se necesita, dicen. Los errores que cometeré en situaciones futuras serán probablemente muy distintos a los de los dos casos anteriores, pero espero que lo poco que he aprendido sirva de todas formas.
Mientras flexiono y reflexiono, ya que la situación parece que se prolongará durante mucho tiempo, puedo contemplar otras opciones:
La homosexualidad no estaría mal, ya que tengo unos pocos amigos a los que si fueran chica les pediría directamente matrimonio. Pero, claro, luego uno sale por la noche salmantina, ve los escotazos de las guiris (pobrecinas, ¡qué frío!), se le pone, literalmente, la virilidad por delante, y se da cuenta de lo mucho que le gustan las mujeres. Además está la opinión de mi esfínter anal, que no está en absoluto de acuerdo. Así que descartado.
El celibato es la otra opción disponible. Bien mirado, no está tan mal. Todos hemos tenido ese/a tío/a soltero/a que vive con su madre (y su padre, si no ha fallecido), cuarentón o cincuentón; ese que baja todos los días a la misma hora a tomar el chato al mismo bar, que se llama Manolo o Pepe, al que le gustan el fútbol y las mujeres (mientras más jóvenes mejor) y que viste con camisa de cuadros. ¿Qué derecho tengo yo a privar a mis futuros sobrinos de su tío solterón? Pero es que mi hermano pequeño amenaza con meterse a cura, mi hermana tiene más papeletas para soltera que yo, y de que mi otro hermano no vaya a tener hijos no sé si echarle la culpa a Dios o al azar (y ninguna de las dos cosas tiene sentido). Así que, sin sobrinos, no tiene sentido el celibato; por lo tanto, también descartado.
Obviando opciones como el suicidio (me da miedito, lo confieso), el matrimonio de conveniencia con inmigrantes (no encuentro "inmigrantas" dispuestas) y volverme eunuco (se me ha pasao el arroz), me temo que finalmente tendé que buscar una pareja en condiciones. Mientras tanto, mejor sólo que mal acompañao.
Saludos.