Los regalos se hacen en épocas especiales. Aunque con esto de la edad cada vez lo comprenda menos, los regalos se hacen en los cumpleaños. Para el resto del año están las fechas señaladas: el día del padre, el día de la madre, el día de la marmota, las navidades... Las fechas señaladas para hacer regalos se multiplican cada año al compás que marcan los centros comerciales; son ellos quienes las señalan en el calendario. Antes bastaba darle un abrazo a tu progenitor un día para que el mundo volviera a arreglarse, y ahora si no le regalas algo en el día del padre te dice que eres un hijo de puta.
El tic-tac al final termina haciendo melodía con el sonido de la caja registradora. Unos cuantos anuncios bien puestos y si no haces un regalo en el momento que te dicen la gente te señala con el dedo. Con tanta celebración es lógico que al final te quedes sin ideas. No te preocupes; los grandes almacenes te dicen incluso lo que tienes que ofrendar: corbatas, cinturones, líquidos aromáticos a precios que desafían al sentido común... La persona que recibe el presente tiene que poner cara [1] de encontrarse en el día más feliz de su vida, y después de las navidades eBay echa humo mientras todo el mundo se deshace de la mierda que recibió y que le gustaría quemar si dispusiera de un sitio adecuado. La bola de hipocresía se hace más grande y más absurda con cada vuelta.
El regalo tan cuidadosamente escogido para esa persona tan especial se suele reducir a diez minutos de paseo por los pasillos de los grandes almacenes y a un golpe de billetera. Cuanto más caro mejor. Caro siempre es bueno. Se saca la tarjeta de crédito y se resuelve la papeleta hasta el año siguiente en el mejor de los casos. Envuélvamelo para regalo, por favor.
A mí me daría vergüenza, y es por eso que cada vez lo hago menos. Y sí, a veces me señalan con el dedo.
La realidad es que todos sabemos que los regalos que más ilusión despiertan son los inesperados, aquellos que no tienen fecha de vencimiento, aquellos en los que un catálogo o un cartel brillante no han tenido nada que ver. Se ofrecen porque sí, porque todos los días merecen ser celebrados. Y se hacen con el corazón, no con la cartera. Los buenos presentes se preparan con sigilo y expresan amor, admiración o una combinación de ambos. No están hechos de euros sino de esmero e ilusión, y es exactamente eso lo que transmiten. El resto sólo están diciendo "Pasé media tarde en El Corte Inglés y me ha costado una pasta, así que más vale que te guste". Ni unos ni otros pueden ocultar los sentimientos que trascienden a la materia de la que están hechas las cosas.
Los regalos que con más ilusión he recibido en mi vida han costado cantidades de dinero que tienden a cero. Están compuestos de sorpresa, de tiempo y de admiración. Han sido elaborados con cuidado y cariño, y es por eso que llegan hasta donde una corbata o un perfume no soñarían con llegar ni en sus sueños más pervertidos.
El último de estos regalos lo recibí hace unos pocos días:
[2]De repente, una persona a la que apenas conozco me hace un presente un día cualquiera, y un día cualquiera deja de serlo para convertirse en algo especial y a mí se me cae la lagrimilla como si fuera gilipollas. De pronto, una vez más, todo vuelve a valer la pena. Es en ocasiones así cuando me alegro de ser el gilipollas que soy.
No sé gran cosa de Alberto. Sé que estuvo ahorrando durante mucho tiempo y que hace unos meses dejó un curro de mierda y vendió el coche porque decidió que a los sueños no se llega por autopista. Ahora está en Alemania dibujando jornadas enteras intentando hacerse un hueco en el mundo del cómic. No sabe cuánto durará la mecha que le dieron por el coche y por las interminables jornadas de explotación laboral; quizá lo suficiente. Ojalá yo se lo pudiera decir.
No sé si le saldrán bien las cosas, no sé si conseguirá al menos un pedazo de su sueño antes de que la mecha termine por consumirse, no sé nada de mucho, pero sí que sé que un regalo así no se encuentra en un estante perdido en los anodinos pasillos de unos grandes almacenes, y sé que cuesta mucho más que dinero. Es por eso que no tiene precio.
Un regalo así expresa respeto y admiración. Y lo sé porque conozco muy bien el respeto y la admiración: son exactamente lo que siento cuando me cuenta su historia y cuando me paro para desearle lo mejor en su aventura.
Muchas gracias. Mucha suerte.
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Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/node/10
[2] http://www.flickr.com/photos/86789443@N00/395807859/
[3] http://www.deviantart.com/deviation/48863787/?qo=1&q=by%3Arulzdemol&qh=sort%3Atime+-in%3Ascraps
[4] http://rulzdemol.deviantart.com/