Published on El Sentido de la Vida (http://elsentidodelavida.net)
[EDT] El café de las 15:30
By GonzoTBA
Creado 28/02/2005 - 08:08

El Jueves por la mañana batíamos récord de temperatura: el termómetro me marcaba doce bajo cero antes de bajar a la calle y subirme a la bici camino a PerryAG. Del sillín colgaban algunas estalactitas, producto de la condensación de vete a saber qué puede condensar a estas temperaturas. El candado, una suerte de alambre envuelto en plástico que se enrolla sobre sí mismo, estaba más tieso que la mojama. Me hubiera costado sudor y lágrimas sacarlo de entre los radios si hubiera sido capaz de sudar a doce bajo cero. Puse las luces a pilas, una delante y otra detrás, y emprendí la marcha rumbo a Belén.

El cambio de marchas no engranaba bien, probablemente porque se había helado el aceite del cárter. Entre cada una de las 7 marchas apareció un punto muerto, y había que tener cuidado al pasar de una a otra para no pedalear en balde y partirse la crisma sobre la nieve.

Por el camino noté que perdía la sensibilidad en las manos y me pareció que los morros se me hinchaban. Cuando llegué no podía apagar la luz de atrás, cuyo botón tiene una especie de membrana que se presiona: se había congelado y no cedía ni un pelo. Tuvo que estar cinco minutos en la calidez del bolsillo hasta que se dejó apagar.

Esa mañana tenía Delorean. Los de Ford se habían ido hasta Finlandia a probar el control de tracción y resultaba que una de nuestras funciones, debido a un error de nuestra programadora, daba unos resultados cuasi-disparatados. Al principio se rieron mucho, pero después de dos días haciendo guerras de bolas de nieve se dieron cuenta de que hacía mucho frío, y que sería conveniente terminar las pruebas e irse.

Así pues llamaron a PerryAG y montaron la de dios es cristo. Los programadores pasaron la noche a la luz de los monitores y por la mañana había lanzamiento de nuevo software. Sólo quedaba que alguien de responsabilidad y eficiencia contrastadas lo probara, de manera que el payo correspondiente pudiera volar a Finlandia a flashear los coches. Desafortunadamente, sólo me tenían a mí.

El sol brillaba con fuerza cuando salí con el Delorean renqueando por la rampa del garaje. No sé qué era lo que habían hecho con él, pero desde la última vez se le notaba con mucho menos brío, hasta el punto de que pisabas a fondo y se quedaba a dos mil vueltas. Tuve que coger carrrerilla para subir la rampa del garaje.

Una vez fuera, con el Lorenzo acariciándome el rostro, saqué la centralita con el software nuevo y abrí el capó para hacer la sustitución. Sin sensibilidad en unos dedos morados como morcillas, no había manera de cambiar un trasto por otro. Afortunadamente en esos momentos llegaba el Chano y, al grito de "¡Es la trócola, es la trócola!", se dispuso a iniciarme en el noble arte de la electrónica que funciona a cachetes.

Con la centralita nueva, el Delorian era otro. Di un par de vueltas para comprobar el feeling y aparqué en un lado para poner en marcha el portátil y comenzar las medidas. La mañana pasó larga hasta que Gorrino pudo salir de la reunión en la que estaba atrapado y venir a iluminarme en el maravilloso mundo de la tracción controlada. Y menos mal que llegó, que aquí te suben un par de veces en un coche, te enseñan tres gráficas y se creen que puedes resolver un marrón finlandés. En fin, dimos la función por buena y a estas alturas ya deben de estar probándola en tierras más frías que esta. Menos mal que por lo menos no fui el capullo que tuvo que ir a flashear los Delorian.

Como comentaba, la tropa española en PerryAG Regensburg es destacada. España los forma y ellos se largan. Si tuviéramos cerebro se podría decir que era una fuga de esas que comentan en los telediarios. Algo falla, y esta vez no es cosa mía.

Voy a hacer una pequeña descripción de la banda, a la que tengo como "Bellacos" en el grupo de correo. Así os podréis hacer una idea de lo que se rumia en los cafés y sobremesas. Espero que nadie se sienta ofendido, que sé que alguno me lee. Empecemos por:

El Chano: Conozco al Chano incluso antes de que se le denominara por semejante apodo, hace ya algo más de 15 años. Entonces nos juntamos en el colegio, luego en la carrera y ahora aquí, quién lo iba a decir. Puedo decir sin temor a equivocarme que, en los 15 años, he pasado más tiempo con él que con mis padres.

El Chano luce unos morros a lo Mike Jagger y unas greñas a lo Jim Morrison, pero toca la guitarra y canta como si lo hicera alguien con muñones en vez de manos. Tampoco tiene la planta de ninguno de los dos, pero todas las niñas lo encuentran "muy mono" (Süß, se dice aquí). El responde "No soy mono, soy un tío malo, ¡¡malo!!" porque tiene la teoría de que los monos no se comen un rosco, pero tanto las nenas como él saben que es un trozo de pan. Una de las pocas personas en el mundo por las que pondría la mano en el fuego.

Con él comparto piso desde que llegué aquí, y la convivencia es buena. Tenemos nuestros más y nuestros menos, como todo buen matrimonio, pero en el fondo nos mantiene unidos el amor.

Gorrino: Evidentemente no es su nombre de pila, pero aquí todo el mundo tiene un apodo, aunque sea para guarecerse en el anonimato en las páginas de sociedad. Gorrino es una de esas personas de naturaleza intrínsecamente buena, que te da las gracias hasta por pisarle un pie y que siempre está dispuesto a echar una mano. Es mi ángel de la guardia en Regensburg.

Cuando llegué aquí pasaba las tardes en su casa, al calor de su lumbre y trajinando sus guisos. El pobre aguantó sin decir ni mú incluso cuando la insostenibilidad de mi presencia se hizo patente. Me dio cobijo en aquellos tiempos y me hace de tutor ahora en PerryAG. Tiene que estar hasta los cojones de mí, pero aguanta el tipo.

Ratuza es el hermano de Gorrino (lo mejor es que los nombres se los han puesto entre ellos, en familia). Antes vivía cerca de Stuttgart y ahora vive encalado en un palomar que tiene Gorrino en casa. Ratuza es un fan de Bender, de Futurama, y ha acuñado algunos términos que dice que utiliza el robot en la versión española y que ahora son de uso común entre la banda española: "Güatifriver" = cubata y "Robopilinguis" = nenas de buen ver. También fue él quien inventó lo de nombrar una Diosa del Amor cada vez que salíamos por la noche y nos enamorábamos perdidamente hasta el fin de semana siguiente. Sus email siempre empiezan igual: "Escorias...".

Sus pasatiempos eran fumar tres paquetes diarios y beber Gin-tonic los fines de semana, pero ahora sólo bebe Gin-tonic. Le repugna cualquier forma de deporte físico, lo que no le impide tener menos cuerpo que un vino de brick. Su mayor aspiración es comprarse una moto para disfrutarla de cara al verano. El único inconveniente es que no tiene carné de moto y sacárselo aquí ronda los 1800 mortadelos. A ver si alguien le da una solución.

Yo también una solución quiero, porque me gustaría traerme la moto de cara al buen tiempo, cuando sea que eso tiene lugar aquí. El problema es que no hay muchas empresas que lleven motos de Valencia a Munich, así que me veo en un viaje por etapas. Demoledor pero instructivo. Si alguien me puede dar cobijo por el camino, que me lo diga.

Farruquito es el mayor de todos nosotros. Nacido en los alrededores chungos de Madrid y todavía atrapado en la movida de los 80, ahora da clases de Psicología en la universidad de Regensburg para pasar el rato mientras termina el doctorado. No se le entiende cuando habla alemán, ni tampoco cuando habla español. La primera vez que te lo presentan te llama putilla y te toca los cojones, pero después cae bien.

Farruquito ha hecho de todo. Desde ayudante de sonido en producciones de cine de serie C hasta montador de butacas en salas de cine. Toca la guitarra, el piano, la caja de ritmos, y ahora ha dicho que se quiere comprar un acordeón, que es lo más. A Farruquito se la suda todo y los planes siempre le salen bien, o por lo menos eso hace creer.

Sonrisas es un inconformista incomprendido, al margen de un admirable vividor de presupuesto limitado. Está haciendo un doctorado de tres años que acaba de comenzar.

También conocido como El Doctor Amor, es un experto de la seducción, y las camela con sus sonrisas y su imagen de niño escuálido con barba de tres días, o al menos eso nos ha hecho creer a todos, y para el caso viene a ser lo mismo.

Sonrisas me cae bien porque es una de estas personas que van por el mundo y se paran a ver lo que pasa, acojonándose irremediablemente ante el panorama. Siempre digo que en este mundo hay dos maneras de ser feliz: ser tonto o hacérselo. Sonrisas no es tonto, pero todavía no ha descubierto la segunda opción. Guardián celoso de su intimidad, no descuelga cuando en el móvil no sale el número de quien llama, y cuando lea estas líneas me va a capar.

Alberto no se llama Alberto, evidentemente, sino que recibió su apodo debido a mi manía de cambiar los nombres a la gente sin querer. Alberto conoce todos los resquicios legales de Alemania y está al tanto de cada uno de los procedimientos disponibles ante cada contingencia, pero siempre sin alardes. Responde sólo cuando es preguntado, lo cual hace destacar su sabiduría.

Tiene carné de estudiante sin serlo, abre y cierra cuentas bancarias todos los meses para recibir regalos o borrar pistas, tiene amistades de lo más variopintas, y su frase favorita es: "Si tienes un problema, conozco a unos rumanos...". Si fuéramos El Equipo A, él sería McGyver.

Alberto es el clásico personaje de las películas de campos de concentración, el que consigue la cucharilla de café para cavar el túnel de escape o que destila whisky en su barracón para venderlo a tres cigarros la onza. "Dalo por hecho" dice.

Hace poco, en mi compra de ropa anual, ambos compramos un horrible polo naranja fosforito con un número 9 en la espalda. Si ambos coincidíamos, ibamos a parecer el punto y la i destacados por un rotulador fluorescente, así que acordamos que él lo llevaría lunes miércoles y viernes, y yo martes jueves y sábados. El Domingo sería día de descanso. La semana pasada hice trampa.

De Paquito no sé gran cosa. Estudió conmigo pero nunca nos vimos las caras, y en la orla sale al lado del Chano. El Chano tampoco le conocía antes de verle el pelo aquí.

Por cierto, yo aquí soy Pocholo.

Una cosa curiosa es el intercambio de correo en horas de trabajo. En un día puedo recibir entre 20 y 30 mensajes, normalmente para decidir a qué hora se come y a qué hora se toma el café de la tarde. Suele ser algo así:

-¿A qué hora tiene lugar hoy el café de las 15:30?

-A mí las 3:30pm para el café de las 15:30 me parece bien...

-Yo no voy a bajar, que estoy haciendo una presentación y he hecho una página en los últimos tres días. No me esperéis.

-Yo me voy a bajar ahora mismo, a las 3, con mis compañeros de consultora.

-Paquito, escoria, si has hecho una página en tres días no va a pasar nada porque te tomes un café. Y tú, Chano, que les den por culo a los gilipollas de tu consultora, bájate con nosotros.

-Yo bajaré a y media.

-Es que me da palo bajar con ellos en el ascensor y luego sentarme con vosotros. Bueno, bajaré cinco minutos después y así los esquivo, pero esperadme.

-Yo no puedo, tengo coche.

-Gorrino y yo bajaremos a las 15:30 para el café de las 15:30. Seriedad española.

-Bajad y me decís si está mi jefe. Es un tío calvo muy alto con una corbata de puntos. Es que a las 4 tengo que tomar un café con él y como baje a tomar un café para luego tomarme otro, va a cantar mucho.

-Yo no sé si debería tomar más cafés hoy. Llevo 4 y me tiemblan las manos.

-Sonrisas, aprovecha que te tiemblan las manos y me haces un apaño en el lavabo.

-Etc.. etc.. etc...

Y otro tanto para ponernos de acuerdo con la comida.

Veremos lo que nos depara esta semana. Acordaos de darme soluciones para traerme la moto.

Y el domingo de madrugada, Formula 1. No todo iban a ser desgracias en este mundo.


Source URL: http://elsentidodelavida.net/categorias/edt-el-cafe-de-las-15-30