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[EDT] El condensador de Fluzo
By GonzoTBA
Creado 21/02/2005 - 07:26

Hoy casi me da un paro cardiaco. Nada más abrir esta mañana el correo en PerryAG me he encontrado una incidencia. Un programador rumano, de Rumanía mismo, que por lo visto es el que programa todo lo que voy a hacer, tenía unas dudas sobre lo que había dejado hecho mi predecesora. Como siempre en estos casos, y más cuando todavía no sabes ni en qué directorio se encuentra el programa que tienes que usar todos los días, he enviado una respuesta para ganar tiempo: "Dame un par de horas y te contesto, que ahora estoy hasta el cuello de mierda".

En esto estaba yo cuando me ha llegado otro mensaje. Un informe de incidencias de unas pruebas de Ford en Suecia (ahora me codeo con lo más granado de la automoción, así, de la noche a la mañana). Por lo visto algo no funcionaba bien y el coche siempre aceleraba a par constante por muy lejos que le pusieras la zanahoria.

Afortunadamente, esa especificación ya la había mirado con Gorrino días antes y me imaginaba que los tiros iban por una variable que nuestra "Softie" había creado con una resolución equivocada. Adjuntaban unas gráficas para que viéramos el fenómeno, pero por lo que me han comentado las gráficas que envía Ford nunca se pueden abrir. En este caso se podía ver el entorno del experimento con las variables, pero no había fichero de datos adjunto. Hasta yo que no tengo ni puñetera idea de manejar el programa me he dado cuenta de que faltaba algo. He escrito entonces un precioso informe en el que expresaba mis inquietudes sobre la variable en cuestión y me he quitado el marrón de encima aludiendo que no podía ver las gráficas, y que en esas condiciones uno no puede trabajar. Veo venir que hará falta mucha mano izquierda por estos mares.

Por cierto, mi programador Rumano se llama Catalin. Tengo curiosidad sobre si será sepia o calamar. La verdad, si tengo que imaginar que alguien me programa las variables, prefiero pensar en una simpática muchachita de piel blanca y tersa con un geranio junto al monitor, y no en un barbudo gafotas con un calendario guarro de Talleres Prîvjöt colgado de la pared. Espero que el tiempo no me saque de mi encandilamiento.

La semana anterior habíamos estado probando la susodicha función, que gestiona el control de tracción y el Cruise Control. El Cruise Control es el nombre janderklander que se le da al botoncito ese para que el coche mantenga la velocidad, y luego puedes hacer que vaya un poquillo más rápido o más despacio pulsando las teclas correspondientes del volante. Todo esto lo probamos en lo que va a ser la futura Ford Galaxy, o al menos eso me contó Gorrino.

Bajamos al parking del centro de desarrollo, que es donde se llevan a cabo mis pesquisas diarias. Allí tienen un ciento de coches de todas las marcas y colores. Algunos, los que todavía no se han presentado a las revistas, van camuflados con plásticos negros que disimulan sus sugerentes formas. Los que todavía están en pañales, como la Galaxy, tienen lo justo para que se tengan en pie: no hay alfombrillas y se ponen las pezuñas directamente sobre la chapa, no llevan limpiaparabrisas, no muestran ningún tipo de acabado interior y el volante parece uno de los que venden en el Mediamarkt para jugar al Gran Turismo.

Allí, entre otros trastos, estaba el Delorean de Regreso al Futuro pero en negro. Nada más abrir la puerta intenté en vano ubicar el condensador de fluzo. Gorrino se puso al volante, yo me puse el portátil sobre las piernas y, renqueando, conseguimos salir al exterior.

Era un día cualquiera aquí. Un frío gélido caldeaba la moral y estaba nevando. Caían más copazos que un sábado por la noche. Con el Delorean no se podía salir de las instalaciones de PerryAG, así que elegimos un circuito alrededor de unos almacenes. Probar el Cruise Control en segunda, a 30 por hora y sobre nieve no es lo más óptimo, pero no había otra cosa. Además hay que tener mucho cuidado, porque aquí si atropellas a alguien dentro de las instalaciones se te cae el pelo aunque seas un bailaor gitano de dudoso prestigio.

El software del Delorean está todavía en pañales, y ya es un milagro que el bicho arranque. A pesar de que todavía no tengo permiso de PerryAG para estampar coches, tuve que dar algunas vueltas yo solo porque Gorrino tenía que apagar fuegos en otra parte. Luego aparqué en un sitio apartado y estuve tomando medidas durante un buen rato mientas se me helaban las bolas y respiraba dióxido de carbono a pleno pulmón. Por lo menos la radio funcionaba.

Después de la comida, bajó un gabacho e hicimos más pruebas. Nevaba más fuerte y ya era casi de noche, con lo que apenas se vislumbraba el morro del Delorean a través del cristal empapado de nieve. El circuito consistía en tres cortas rectas unidas por ángulos de unos 100 grados, siendo el carril bastante estrecho. Gorrino aceleró en segunda sobre la nieve y puso el control de tracción. Luego pulsó el botón de acelerar. El Delorean trotó un poco más rápido, pero siempre por debajo de las 80 millas por hora que nos hubieran llevado a los tiempos en que los capítulos del Equipo A eran todavía primicia. En llegando a la curva deslizante, Gorrino pulsó de nuevo el botón y el Delorean, por un fallo de software, salío disparado a "full gas". A punto estuvimos de dejar la nieve para estrellarnos contra una valla metálica. Cuando comprobamos que no nos habíamos meado las bragas, repetimos varias veces en pro de la ciencia. Impresionante.

Pero no todo han sido pruebas con el Delorean estos días, ni mucho menos. También ha habido pruebas con el Payo Pork.

Me puse en contacto con el Payo para comunicarle que, dado que ahora desarrollaba un trabajo como consultor de éxito en una multinacional, pensaba que mi salario debería ascender de manera acorde a mis responsabilidades, sin hablar del plus de peligrosidad por hacer de test dummie en los ratos libres. Me comentó que la chica con la que compartía puesto de trabajo todavía estaba allí, y que PerryAG no les iba a pagar por dos personas para el mismo puesto. Por otro lado, tampoco habían recibido luz verde para mi contratación, así que de momento no había novedad. Por supuesto, "ponga aquí sus detalles confusos en alemán" y añada un poco de orégano. Remueva a fuego lento hasta que le duela el brazo.

Como siempre, las explicaciones del Payo Pork no me habían quedado nada claras. Él parecía muy seguro. Yo en cambio me debatía entre si lo consideraba un hijoputa o un cretino, así que llegué a casa y le mandé un email en inglés preguntándole por cuál iba a ser mi situación exacta, ya que llevaba 10 días trabajando en el Titanic y todavía no había firmado ningún contrato.

Me respondió algo secamente aclarándome mis condiciones: yo estaba todavía en periodo de prácticas en MiniPerryAG hasta finales de Febrero, cobrando 500 mortadelos al mes. Además me recomendó que tomara clases de alemán, porque eso de escribirle en inglés chocaba frontalmente con la filosofía de la empresa, si es que existía tal cosa. Punto y final. Si PerryAG aceptaba mis servicios, entonces pasaría a engrosar las filas de MiniPerryAG de manera indefinida, con 30 días laborables de vacaciones al año y un sueldo de 32.000 mortadelos brutos al año. Pese a lo bajo de la cifra por estos lares, me di con un canto en los dientes y le agradecí que me hubiera iluminado, oh astro rey. No quedaba entonces ni un atisbo de duda en mi mente: el Payo Pork era un cretino hijoputa.

La situación ahora mismo es la siguiente. Se ha ido ya la chica que me precedía, tengo mi mesa que sube y baja y mi propio ordenador con fondo de pantalla de Futurama. Incluso cuando llamo a la gente sale mi nombre en la pantalla del teléfono. Con la inestimable ayuda de Gorrino, en apenas un par de semanas he hecho mis primeras funciones y ya ando tragando mierda desde Rumanía y Suecia a manos llenas. Mi impresión es que PerryAG ha dado el visto bueno y voy a tener contrato hasta finales de Julio. Como el proyecto va por lo menos hasta final de año, podría asegurar que voy a tener para comer hasta entonces. Otra cosa es que dure tanto bajo la tutela del Payo Pork. En fin, paciencia, que hay 5 millones de parados en Alemania.

No sé ya cuánto tiempo lleva nevando. Parece que han estado cayendo copos de toda la vida. Estos dos últimos días he ido en bici al trabajo, unos 3.5 kilómetros, y la verdad es que se tarda menos que con el autobús. Eso sí, los copillos finos y duros rebotándote en las córneas durante todo el camino son un primor. Mucho frío no se pasa, porque se va pedaleando la mayor parte del tiempo (es lo que tienen las bicis). Eso sí, lo que te acaricia el rostro no es la brisa, es la mano helada de la muerte.

Es sorprendente lo bien que se tiene la bici sobre la nieve, incluso sin activar el control de tracción. Puedes salir a la calle y apenas tenerte en pie sobre el hielo, que cuando te subes al vehículo tienes control absoluto sobre la situación. Hombre, cuando bloqueas la rueda de atrás sobreel hielo apenas notas una leve deceleración, lo que limita tus posibilidades de reacción ante esa abuela de 80 años con mochila de montaña que se ha lanzado a cruzar la calle en el último momento. Cuando bloqueas la rueda de delante... Bueno, no creo que haga falta que explique cómo funciona el hielo.

El martes por la tarde volvía del trabajo a toda velocidad por el carril bici. Era de noche pero podía notar los perdigones de nieve rebotándome contra los cristalinos. Llevaba las pestañas tan tiesas que podía haber cortado cristal si me lo hubiera propuesto. A la altura de la fábrica de azúcar, uno de los símbolos de Regensburg junto con la catedral gótica, apareció ante mi escarchada visión un charco en mitad del carrril. Decidí pues subir el pequeño bordillo que delimita el carril bici para esquivarlo. Craso error. Primero porque un charco no me iba a mojar más de lo que estaba, y segundo porque todo el que haya montado en bici alguna vez sabe cómo funciona lo de subir bordillos en sentido longitudinal a la marcha.

La rueda delantera subió titubeante el bordillo de apenas tres dedos de altura. La trasera no. Se puso a deslizar hasta que la bici se quedó perpendicular al sentido de la marcha, momento en que pisé el sillín y me di la hostia padre. Fue una de esas leches a cámara lenta que te dejan cara de tonto. Miré a ambos lados para cercionarme de que no me hubiera visto nadie y me acerqué a comprobar los daños del vehículo. Todo en orden salvo la pata de cabra, que se había quebrado de cuajo debido a la mala resistencia del hierro colado a bajas temperatura. Tiré los restos a la papelera más cercana y continué camino a casa con los perdigones repiqueteándome las córneas. Toda una experiencia esto de la bici sobre nieve. Ocho meses desde que compré el vehículo hasta la primera leche. Sinceramente creía que iba a llegar antes. Pongo el cronómetro para la próxima.

Lo mejor de PerryAG no es la cantina, ni las mesas que suben y bajan, ni la tecnología punta. No, lo mejor son las tarjetas de acceso.

Son unas tarjetas en plástico que llevan una foto con tu careto, una banda magnética y un chip. Se cuelgan del bolsillo del pantalón con un cacharrillo que lleva un carrete de hilo, de manera que se puede estirar de la misma y al soltarla, oh bondades de la física, regresa al bolsillo de manera automática, sin pilas ni nada. Con ella vas por ahí abriendo puertas. Llegas a la entrada, estiras del invento y acercas la tarjeta a una especie de lector magnético. Entonces la lucecita se pone verde y suena un clac, igualito que en las películas en las que diseccionan marcianos en laboratorios subterráneos. Cuando vas caminando por los pasillos enmoquetados, abriendo puertas con tu tarjeta de PerryAG colgando en el bolsillo lateral del pantalón, te sientes importante de cojones. En la vida hay otras cosas, sí: las mujeres, el dinero, los viernes por la tarde, cinco minutos de sol un día a 5 bajo cero... Nada equiparable a la sensación de llevar una tarjeta de PerryAG rebotando sobre el muslo. Sí, amigos, partiendo de la nada he alcanzado las más altas cumbres de la mediocridad.

El sábado a primera hora de la mañana vino fugazmente la tanqueta. La noche anterior me había quedado hasta las seis tocando la guitarra en casa de Farruquito, así que cuando sonó el timbre había dormido cuatro horas. Como era la única persona en la casa, tuve que acercarme dando tumbos hasta la puerta. Venía a por una tele pequeña que había dejado en su habitación antaño y que yo nunca había conseguido hacer funcionar. Me dijo que había notado que, desde que había dejado de ver la tele, su enorme culo había menguado debido al ejercicio del caminar diario, y que había tomado la determinación de ver la tele de nuevo para recuperar el sentido de la vida y la línea (curva). Le puse el trasto sobre los arietes que gasta por brazos y le pregunté si quería que le pagara la mesa del comedor, que habíamos decidido quedárnosla y que nos interesaba cuanto antes que se comprometiera, no fuera que se fuese a arrepentir. Me dijo que no hacía falta que le pagara ya, dio media vuelta y bajó estampando el televisor contra el primer ángulo del pasamanos. Cerré la puerta y me volví a meter en la cama.

La semana que viene contaré cómo es un día normal en el Titanic, describiré a la espeluznante tropa española, los 30 emails que me llegan cada día escritos por sus pezuñas para discutir a qué hora tomamos el café las 15:30, las guerras de bolas de nieve camino de la cantina y otros muchos detalles que necesitaréis para comprender futuros capítulos de El Sentido de la Vida. Pero eso será la semana que viene.

PD: Sé que tiene su gracia eso de "postear" el primero, pero la cosa se ha desmadrado. Por favor, no más comentarios del tipo "Yahoo, soy el noveno!", que al final se hacen aburridos. Aceptamos hasta los tres primeros, por eso de fomentar la competitividad que tanto se lleva ahora. Muchas gracias.


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