Mañana parto hacia Mainz. La semana pasada el payo Pork tuvo a bien ponerse en contacto conmigo para deshacer el manojo de nervios que me encontraba hecho, después de llevar 20 días esperando un contrato que no llegaba y viendo que se acercaba el 1 de Diciembre sin que supiera si iba a empezar a trabajar en MiniPerryAG, si iba a tener un techo en Mainz y dónde. En realidad sólo me dijo que no me preocupara, que el contrato me llegaría en breve, pero que tuviera un poco de paciencia porque, igual que hacía casi tres semanas, de las dos secretarias que tienen, una seguía de vacaciones y la otra seguía presa de una terrible enfermedad. Por un lado me alegro de que las vacaciones en MiniPerryAG sean tan generosas, pero me da miedo que la gente pueda pasar tanto tiempo enferma.¿Una depresión ante un futuro incierto quizá?
Evidentemente, con el payo Pork las cosas no iban a ser tan fáciles, ya que después de llamadas varias a Mainz central, nadie supo aclararme si iba a tener un techo ni dónde, algo que sigo sin saber mientras escribo estas líneas hoy lunes por la mañana. Se supone que mañana tengo que hablar con el payo Pork, el cual me aclarará todo como siempre, y correr a coger el tren con las maletas en pos de un futuro lleno de incógnitas. Me estoy forjando una personalidad a prueba de bombas, capaz de saltar desde un avión con un móvil esperando a que el payo Pork me llame a 1.000 metros de altura para decirme dónde está el colchón sobre el que tengo que aterrizar.
Parece que la cosa va a ir, en serio, sobre programar microcontroladores. He estado apurando estos últimos días mejorando mi penosa programación, en un último intento para que no se den cuenta de que no tengo ni idea nada más empezar. Ya veremos. Las condiciones del contrato parecen bastante buenas.
Mis vacaciones durante este periodo van a ser exactamente cero, lo cual tampoco me sorprende. Tengo el 24 y el 31 libres a partir de la comida, pero siendo que navidad y nochevieja caen en fin de semana, las cosas se tuercen a la hora de volar hacia España. Quizá las personas que se ocupen de mi formación se tomen vacaciones de verdad y yo no tenga nada que hacer, pero supongo que lo sabré cuando me llamé el payo Pork el día de antes.
Durante este periodo de formación recibo 900 euros al mes, de los cuales me retienen 400 en concepto de alojamiento. Por ese precio espero tener un pequeño piso para mí solo, con gimnasio, jacuzzi y sala de juegos. Espero que al final no sea un piso compartido con cinco alemanes piojosos.
Tras el periodo de formación, y si deciden quedarse con mis servicios, se me ofrece un contrato indefinido. Teniendo en cuenta que me gusta avisar a la gente con tiempo y que llego a tiempo a las citas, algo que el payo Pork no es capaz de hacer, mis servicios se probarán de alto valor para la compañía. A menos que decidan que mis maneras no se ajustan al perfil de la empresa, claro.
En el contrato pone que mi lugar de trabajo pendulará entre Mainz y Regensburg, y que me pagarán todos los viajes que necesite hacer. Esto me hace pensar que igual doy algún paseo por PerryAG VDO durante mi formación, y parece que luego planean traerme de vuelta. En cualquier caso, incertidumbre total. Lo de que me abonen los desplazamientos me alegra sobre manera, porque el billete de aquí a Mainz me cuesta 55 mortadelos.
El Ulrich viene el martes a hacerse cargo de mi habitación durante 4 meses. Al final pasé a ver al casero y me dijo que no tenía nada en contra mientras él no notara discontinuidades en la función de transferencia que tiene como input mi cuenta bancaria y como output la suya.
El Ulrich es un alemán de pura cepa con perilla. Tiene pinta de ser más seco que la mojama, pero es lo que hay. Mi compañera de piso ya lo ha bautizado con nombre español: "El pequeño burgués". El chico toca la trompeta en una banda y en sus ratos libres baila ballet con un grupo. Vamos, las aficiones clásicas de todo chaval de 26 años. Ya veremos cómo se lo pasan aquí con él.
En mi casa alemana supongo que me van a echar de menos. Ahora las lavadoras que se olvidan puestas no se van a tender solas, los lavaplatos no se van a vaciar automáticamente contra cualquier ley entrópica y a las bolsas de la basura (cuatro diferentes) no les van a salir patas y van a bajar 4 pisos hasta el sótano de la mierda. Tampoco la comprar va a salir por la puerta del supermercado en dirección a la nevera. En fin, que ahora se va a apreciar mi trabajo diario en su justa medida. Y es que la vida del amo de casa no es tan sencilla cómo se quiere hacer creer.
Hoy voy a dedicar el día a comprar el billete de tren, a meter mis escasas pertenencias en maletas, a vaciar los armarios para que El pequeño burgués pueda rellenarlos con sus cosillas y a asegurarme de que le pido a mi amigo su saco de dormir y esterilla, porque cualquiera sabe si en mi nueva casa habrá una cama o un vaso para llevarme el agua a la boca. Mi segundo nombre es Incertidumbre. El tercero es Acojone.
Deséenme suerte. Me gustaría decir que me encuentro en buenas manos, pero no es así. Que el payo Pork nos asista.