La Posdata

A veces Ella pensaba que ser la insensible de tus amigas era una putada porque veía que antes era como ellas y creía en cosas que ahora le parecían una chorrada. No compartía las idas y venidas de los sentimientos de sus colegas y esto no le parecía normal. Demasiado pronto una relación desastrosa la había dejado "preparada" para la Universidad, en la que encontró el ambiente superficial que tanto necesitaba. Sin pena ni gloria, sin sufrir pero tampoco sin ser extremadamente feliz. Las noches se sucedían sin que nada en ellas le hiciera comerse la cabeza, atrapada entre mares de drogas, alcohol y sexo. Durante la semana estudiaba, trabajaba... su vida era bastante tranquila, no se podía quejar y, además, se lo pasaba bien, para que negarlo.

No obstante, llego el momento en el que dejó de estar satisfecha. Se preguntaba si ya no era más que la sombra de si misma. Y entonces, como la cosa más normal del mundo, sucedió que encontraron al cuarto compañero de piso. Cuando lo vio por primera vez tuvo ganas de tirarsele al cuello. Era típico cordero con piel de lobo, el borde de mierda que luego la sorprendía con una frase tan amable como ingeniosa que, seguramente, no esperaba. Aparte de eso, estaba increíble.

Como Ella, la Universidad para Él tenía ese lado superficial que tanto necesitaba, sin pena ni gloria, sin sufrir pero tampoco sin ser extremadamente feliz. Las noches se sucedían sin que nada en ellas le hiciera comerse la cabeza, atrapado entre mares de drogas, alcohol y sexo, a veces en distinto orden, eso sí. Al poco tiempo se llevaban increíblemente bien. Ella era la única tía a la que Él trataba bien y Ella terminó por pillarse mucho, irremediablemente.

Había mañanas de esas de resaca, en las que Él se metía en su cama en calzoncillos, hablaban de chorradas y bebían Colacao, y Él era siempre todo naturalidad. A Ella se le ocurrían cosas como atarlo a la cama y dejarlo allí en su habitación bajo llave para siempre o hasta que se la llevaran a un manicomio. Si salían, y a Él le daba por ponerse tonto y la mordía en la oreja, siempre de coña (por supuesto), ella se deshacía maldiciendo el día en que le empezó a gustar. Y así pasaban los meses, entre actos de ambigüedad e idas de olla. Ella incluso dejó de liarse con otros tíos, lo cual significaba que realmente le había dado fuerte. Tenía narices que el único tío que le había gustado de verdad en cuatro años fuera un cabrón y además, su compañero de piso.

Un día, Él tuvo un problema. Ella le ayudó como pudo, aunque dada la gravedad del asunto no pudo hacer mucho. Él volvió a Madrid y se separaron por un tiempo, aunque siempre la llamaba si necesitaba hablar. Cuando regresó a recoger sus cosas para volver definitivamente, la encontró allí para Él. Y realmente contó con Ella. La última noche que Él estaba en la ciudad salieron con toda la gente que conocían. Cuando estaban en su bar favorito, con varias copas ya de mas (amén de otras sustancias), Él se acerco a Ella sin decir nada, la cogió de la mano y le tocó la cara. Cuando advirtió su expresión de asombro se acercó aun más. Ella solo pudo verse a si misma corriendo hacia la puerta después de haber dicho las dos únicas palabras que habían conseguido salir estúpidamente de su boca:

-No puedo.

No sabía si era porque Él era diferente. No lo quería solo para una noche, como a los demás o a lo mejor aun no estaba preparada o simplemente le daba miedo. Él era un cabrón y eso siempre la había hecho sentir insegura. Si dejaban de ser amigos y pasaban a otro plano existencial sabía que era a la que más le tocaría perder. Además y… ¿Porqué no admitirlo?, se dio cuenta de que era una cobarde.

Al día siguiente habían quedado para despedirse cuando ella volviera de la Facultad. Pero al llegar por la tarde, una hora antes de lo acordado, se encontró solamente con una carta en la que la agradecía lo que había hecho por Él, aquel par de años que habían vivido juntos y, al final del todo, como una posdata de esas que no tienen importancia y que todo el mundo olvida Él la había escrito:

P.D. Nos vemos en Madrid.

Ella sabía a lo que se refería. Le tocaba un año en el extranjero y luego había pensado en mudarse para hacer un Master en Madrid, se lo había comentado solo una vez, pero Él inesperadamente, se acordaba.

P.D. Nos vemos en Madrid.

Una vez Él le había dicho que no necesitaban decirse nada para entenderse y Ella había pensado que era un gilipollas, puesto que nunca hubiera imaginado lo que ella pensaba de verdad. Ahora era Ella la que se sentía gilipollas, primero porque aquella chorrada la estaba afectando más de lo que hubiera podido imaginar y segundo porque se paso tres días llorando por algo que ni siquiera había llegado a suceder. Pasados los tres días hizo la maleta y se mudó a Roma.

Aun no ha ido a Madrid. Quedan tres meses.

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Me ha gustado mucho

Felicidades por el relato, a mi me ha gustado mucho.

Se nota desde el principio que es autobiografico, así que te deseo mucha suerte en tu vuelta a Madrid! que las cosas sean como desees.

Pues ya sabes...

... ¡A Madrid!

Es un secreto...

... y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. XP

DE QUE ME SUENA A MÍ???

Al escritor... a mí me pasó igual y tomé la misma determinación, o todo o nada, mira todavía le doy gracias a la virgen que me iluminó, porque a las dos semanas de hacer la maleta el tío se había tirao a medio Foyer (curioso nombre) ... En fin, cuando vuelvas a Madrid, mira bien donde pisas con el chaval...

Yo también te pongo Post-data: que el tío tenga memoria no quiere decir que beba los vientos por tí.

"El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado”.

Si la gente que habla mal de mí supiera lo que pienso de ellos, hablarían todavía peor.